Para Mayra Ortiz Tapia, cuidar a Luz María Tapia Rivera, de 91 años, representa un reto en tiempos de pandemia por el constante temor a que una sola salida sea suficiente para contagiar a su madre con el COVID-19.

El tiempo adicional que comparten en el hogar les ha permitido conversar y sanar heridas.

No obstante, el miedo a ser portadora del virus la ha obligado a comprar en línea, ir al supermercado durante las horas menos concurridas y seguir las medidas de higiene, tales como utilizar desinfectante de manos y mantener distanciamiento social.

“Yo soy la que estoy en la calle. Yo tengo que protegerme a mí para entonces no traer ningún tipo de contaminación a mi casa”, expresó Ortiz Tapia.

Luego de la muerte de su padre, su madre, su esposo y su única tía, Tapia Rivera cayó en un prolongado proceso de duelo que todavía no ha sanado. Lo único de lo que padece desde ese momento es de depresión porque del resto se encuentra sana, pues nunca tomó alcohol o fumó, y es una lectora voraz.

Ortiz Tapia tiene la fortuna de tener a tres hermanos atentos y ser gerontóloga, lo que le ha permitido sobrellevar mejor el cuidado de su madre – una orientadora y maestra de inglés, independiente y astuta que a su edad tiene la misma convicción que hace 60 años.

“Mi mamá, gracias a Dios, no tiene ninguna enfermedad de desarrollo cognitivo”, afirmó. “Pero la mayoría de los cuidadores tienen que estar topándose con estas situaciones muy retantes y agotadoras”.

La psicóloga y consejería clínica especializada en adultos mayores, Keishla Medina Ortiz, explicó a Es Mental que los cuidadores han comenzado a experimentar mayores niveles de estrés y ansiedad durante la pandemia debido a que no cuentan con el mismo respaldo de la familia que antes debido al encierro. Igualmente, sufren de la pérdida del poco tiempo con el que contaban para despejarse, al dedicarse al cuidado.

Los retos que se han sumado a las tareas de los cuidadores podrían causar no tan solo altos niveles de estrés y ansiedad, sino desesperanza y tristeza, indicó la psicóloga clínica. En parte, debido a que los pocos planes que tenían, a pesar de sus apretadas agendas, se encuentran destruidos o aplazados por las trabas impuestas por el COVID-19.

“No es que sea común, pero si los síntomas de ansiedad se exacerban, la persona puede estar irritable”, explicó Medina Ortiz. “Si me hablas, voy a hablar desde el agotamiento físico que sentimos en ese momento: desde el cansancio, desde el agotamiento”.

Una recomendación que ofreció para las familias de los cuidadores es que se distribuyan las responsabilidades. Por ejemplo, al momento de transportar al adulto a donde sea necesario. Otra, es que la familia escuche y valide el cansancio del cuidador.

En cuanto al gobierno, instó a que se visibilicen las organizaciones sin fines de lucro que se dediquen a ayudar a los cuidadores de adultos de edad mayor para que sus servicios lleguen a más personas.

La procuradora de las Personas de Edad Avanzada de Puerto Rico, Carmen Delia Sánchez Delgado, explicó que la oficina compró cerca de 1,000 compras de alimentos que comenzaron a distribuirse la semana pasada a cuidadores en San Juan y la región norte. En la región sur se entregarán 800, para un total de 1,800 cuidadores impactados.

Si el cuidador tiene que ir a una cita médica en caso de una emergencia y no tiene quién cuide al adulto, la oficina cuenta con un programa a través del que pueden conectarlo a un hogar de cuido que pueda echarle un ojo durante las horas que sean necesarias. 

“Algunas instituciones no los están aceptando, pero esas son excepciones”, indicó Sánchez Delgado.  

La Oficina de la Procuradora de las Personas de Edad Avanzada tiene bajo su cargo el Programa de Apoyo a Cuidadores de Familiares con el que ofrecen servicios de amas de llave, equipo médico, así como suplementos nutricionales. Este programa también aplica a abuelos que tengan la responsabilidad de criar a un menor de 18 años.

Sin embargo, para Solimar Ortiz Jusino, trabajadora social y recurso del Centro de Servicios Integrados Gerontológicos y de Apoyo Familiar (mejor conocido como “SIGA PR), los cuidadores en Puerto Rico no han recibido la ayuda necesaria de parte del gobierno.

“El cuidador ha tenido esta complicada tarea hace muchos años”, explicó Ortiz Jusino. “Nosotros hemos tenido que asistir a muchos adultos mayores con la tecnología para los $1,200 (incentivo federal)”.

La Pontificia Universidad Católica publicó en 2019 un estudio titulado “Perfil del cuidador informal del adulto mayor en Puerto Rico” en el que se reveló que, de 300 cuidadores informales encuestados, un 77.3% eran mujeres mientras que un 22.7% eran hombre. La edad promedio fue de 51 años. Un 44.7% de los encuestados se encontraban bajo el nivel de pobreza.

La trabajadora social explicó que, si bien es cierto que algunos de los cuidadores de edad mayor han recibido los incentivos enviados tanto por el gobierno estatal como federal, otros no han podido solicitarlos debido a que no tienen acceso a la tecnología o no saben cómo utilizarla.

“Las agencias llamadas a trabajar esta situación, como la Procuraduría de las Personas de Edad Avanzada, son las que tienen los recursos para trabajarla”, advirtió Ortiz Jusino. “Necesitamos que el gobierno observe y ponga atención porque esto viene desde hace años”.