No es un secreto que en Puerto Rico el riesgo de mortalidad por suicidio aumenta con la edad y hasta mayo desde este año los datos de la Comisión para la Prevención del Suicidio confirmaron una vez más que son los adultos mayores la población más afectada.

Según los datos de la Comisión, hasta mayo del 2023 la mayor cantidad de casos por suicidio ocurrieron entre las edades de 55 a 85 años. 

Son los hombres, de más de 50 años, quienes encabezan el doble de las tasas de suicidio, en comparación con la población en general, lo que representa un 18.9 por cada 100 mil habitantes.

Los ciudadanos de las zonas rurales de la isla parecen ser los más vulnerables ante la situación y así lo constata el informe, con más de tres municipios de la montaña entre las regiones con la mayor tasa de suicidio en el archipiélago, como lo es Aibonito (15.6), Orocovis (15.4), Adjuntas (15.2), Barranquitas (12.4), Coamo (12.1), Jayuya (11.6), entre otros.

Esto también lo confirman los profesionales de la salud mental de estas zonas, quienes trabajan a diario con las diversas situaciones de salud mental que enfrentan estas personas.

Según el doctor Javier Portalatín Mercado, psicólogo clínico y director del Departamento de Salud Mental y Desórdenes Adictivos del Hospital General Castañer (que ofrece apoyo a ciudadanos en Adjuntas, Jayuya, Lares, Maricao y Yauco) del 2017 al 2022 hubo un incremento significativo en el uso de los servicios y la búsqueda de cernimiento para la ansiedad, depresión y conductas suicidas.

De 557 personas impactadas en el 2017, pasaron a ser 4,026 en el 2022. 

“Desde el 2020 al 2023 logramos impactar a 5,293 pacientes con el cernimiento de conducta suicida, de estos 73 presentaban un riesgo agudo de cometer suicidio y 28 habían cometido suicidio”, detalló el doctor en entrevista con Es Mental. 

A atender a los adultos mayores en Adjuntas y Jayuya

“Estamos impactando dos de los municipios que tienen las tasas más elevadas de suicidio en la isla, como los Adjuntas y Jayuya”, enfatizó Portalatín Mercado. 

Según el doctor Francisco Sánchez Amador, psicólogo clínico de la institución, dentro de las poblaciones más vulnerables en la ruralía se ha identificado a las personas de edad avanzada.

“Dentro de mi trabajo clínico he estado identificando signos y síntomas de depresión elevados, ansiedad y retos de salud mental como problemáticas familiares, determinantes sociales de la salud y otros”, sostuvo.

En la montaña en particular, estos determinantes sociales de la salud, que se definen como las condiciones sociales, económicas y físicas que afectan el bienestar y calidad de vida de las personas y subrayan las inequidades sanitarias que se viven en Puerto Rico, exponen a muchos adultos mayores a vivir bajo niveles bajos de pobreza, falta de acceso a la educación, telecomunicación y diferentes servicios con especialistas de salud física y mental. 

Factores que inciden sobre la salud mental emocional de estos residentes, explicó la psicóloga social comunitaria e integrante del proyecto ¡Ea diante, eso queda lejos!, Denisse Fonseca Lago.

La psicóloga también aseguró que un Estudio de Necesidades de la Salud (de 2021), realizado con una muestra de 1,146 personas de Adjuntas, Jayuya, Lares, Maricao y Yauco, encontró que 70.3 por ciento de los entrevistados enfrentaba dificultad de acceso a especialistas por los altos costo en los servicios de salud

Y que un 24 por ciento de estos aseguró que tenía dificultad de acceso a sus citas a raíz de la falta de transportación. 

Esto, precisamente, se convierte en detonante en el desarrollo de sintomatología de ansiedad sobre la población de adultos mayores de la montaña, dijo la licenciada Natasha Méndez Martínez, trabajadora social.

“Podemos ver cómo la falta de accesibilidad a los especialistas y estas dificultades exacerban la sintomatología de ansiedad. Los pacientes se sienten ansiosos al no poder conseguir citas o por lo difícil que se les hace no tener los recursos económicos y de transportación para poder asistir a las citas”, expuso Méndez Martínez.

También se le suma la falta de telecomunicaciones en estas zonas, pues contrariamente a lo que se cree, no todo el mundo en la Isla tiene acceso a telefonía móvil o Internet. Ante este panorama, servicios como la telemedicina, muy popular en estos días, puede no ser accesible a los adultos mayores y residentes en general en la montaña. 

Sobre esto, la trabajadora social Leslie Hernández Pagán hizo énfasis en que es una realidad que se escucha y ve cotidianamente en la práctica diaria de los profesionales de la salud mental de la zona rural.  

“Nosotros lo más que vemos en este momento son las dificultades de transporte, de familia y de comunicación. Hay muchas áreas rurales que no tienen nada de señal y, entonces, para poder ofrecer los servicios, es complicado”, expuso la licenciada. 

Los profesionales coincidieron en que el llamado -en estos momentos- es a no olvidar el área montañosa, ya que el archipiélago va más allá de las zonas urbanas como San Juan y Ponce, y todas estas consecuencias emocionales pueden llevar a algunas personas a batallar en silencio con pensamientos suicidas.

Además, exhortaron a las agencias pertinentes a ver el tema de la salud mental como un tema que, por su importancia, impulse cambios en la política pública.

“Frecuentemente se manejan casos que requieren servicios particulares por sintomatología severa, ideación suicida y pensamientos de muerte. Servicios que, caemos nuevamente en la limitación de acceso a los servicios, porque dentro de la ruralía no se cuentan con todos los servicios de los especialistas necesarios. Incluyendo hospitalizaciones por ideación suicida”, puntualizó la doctora Faviola León Torres, psicóloga clínica.

El doctor Portalatín Mercado estima que, ante la creciente población de adultos mayores, en los próximos años un 45 por ciento de las personas que reciban asistencia en el Departamento de Salud Mental y Desórdenes Adictivos del Hospital General Castañer, sean personas de la tercera edad.