De cara a la bandeja de tembleque, majarete, arroz con dulce y coquito, ¿sucumbes o te aguantas? Llegas a la barra y ves que hay múltiples sabores de Pitorro, ¿pruebas uno o prefieres probarlos todos? Tienes antojos de comer pasteles, ¿te comes uno o no te importa llenarte hasta el fondo con varios, aunque después tengas que pedir perdón?

La Navidad puertorriqueña es una culturalmente llena de muchos estímulos, explicó el psicólogo clínico Lexter Rosario, coordinador de los servicios de salud mental en el Centro de Salud Primaria 330 en Loíza, Canóvanas, Río Grande, Luquillo y Ceiba. 

“En Puerto Rico sabemos que la comida y la bebida son parte de la cultura. En la práctica, ¿cómo le digo a los diabéticos que no van a comer cuerito o arroz con dulce? Lo importante es que encuentren un balance adecuado e ingieran una porción que no afecte su calidad de vida, lo mismo ocurre con el alcohol. Esto permitirá que disfrutemos la Navidad, pero teniendo conciencia plena y sabiendo que lo que hagamos puede afectar nuestro bienestar”, indicó a Es Mental. 

Advirtió también que no solo los manjares boricuas pueden llevar a perder el control, sino también otros estresores sociales que enfrenta la sociedad en nuestro País. 

“Vemos circunstancias sociales, las condiciones económicas y precariedad que pueden provocar en el ser humano  un estado de inestabilidad emocional que no le permita ejercer el autocontrol”, dijo. 

¿Qué es el autocontrol?

El autocontrol es la respuesta emocional de cada ser humano a las situaciones que presenta la vida y que tienen un efecto en su bienestar personal así como en sus relaciones interpersonales con los demás.

De acuerdo con un artículo sobre este tema en la revista digital Psicología Online, el autocontrol es la capacidad personal de regular la conducta, los pensamientos y los sentimientos. 

El escrito precisa que la psicóloga de la salud y experta en neurociencia aplicada Kelly McGonigal, de la Universidad de Stanford, señala que hay tres aspectos importantes a considerar dentro del autocontrol. Estos son la capacidad de resistir las tentaciones, la capacidad de hacer lo que hay que hacer y la conciencia de objetivos a largo plazo.

En términos generales, McGonigal dice que el autocontrol se aprende cuando individualmente se reconoce lo que hace que se pierda el control. 

“En el día a día, para poder practicar el autocontrol, tenemos que tener conciencia plena y preguntarnos qué me incomoda y cómo puedo responder a este estímulo de manera saludable. Eso lo hacemos deteniéndonos a evaluar el pensamiento y la conducta antes de proceder”, sugiere Rosario. 

El autocontrol en Navidad se debe practicar de cara a la presión de gastar ejercida por la publicidad, agregó. 

Rosario planteó que cuando no hay autocontrol la violencia se apodera de las respuestas, el individuo demuestra conductas impulsivas e, incluso, irracionales que pueden llevar a generar un “desgaste emocional total”. 

“El no tener autocontrol afecta el bienestar general. Nos puede afectar económicamente, en el nivel de las relaciones sociales, nuestro propio cuidado, pues trata de cómo uno se mantiene en balance. El no tener autocontrol puede desencadenar en el uso de sustancias y alcohol, medicamentos y se pueden agudizar las condiciones de salud mental y física”, precisó Rosario.

El psicólogo enfatizó que el autocontrol es vital en la Navidad pues es una época en la que tradicionalmente se generan más cuadros de ansiedad y depresiones como agravantes. 

Más vulnerables los que lidian con alguna adicción 

La consejera profesional especialista en abuso de sustancias, Marinelly Ríos, comentó que la Navidad es una época en la que se observa mucha reincidencia en uso de sustancias en personas que están en procesos de rehabilitación. 

“El puertorriqueño, para pasarla bien, bebe, y si la persona tiene o ha tenido un uso problemático pues se va a enfrentar a esa memoria que le dice que tal sustancia lo mantenía eufórico o el cigarrillo y, entonces ,puede tocar fondo otra vez”, dijo. 

Ríos indicó que las personas que están propensas a reincidir en alguna conducta de riesgo deben reconocer cuáles son los factores protectores. Uno de estos es el no tener dinero en efectivo encima e identificar algún familiar o amigo que le asista en manejar el dinero para no recurrir a la compra compulsiva. 

“Debemos tener un recurso que nos ayude a mantener el dinero en casa, evitar sitios como la barra de la esquina donde se forma el bembé y hasta amistades que nos puedan llevar a conductas. Siempre hay un pana que lleva a perder el autocontrol. Pues en procesos de rehabilitación hay que evitar las personas que lleven a uno a desestabilizarse”, agregó.

Conocimiento y voluntad de cara a las tentaciones 

Un artículo sobre las tentaciones y antojos de la revista Psychology Today destaca que las personas que enfrentan dificultades para controlar sus impulsos deben primero reconocerlo. El mismo especifica que expertos de salud mental identifican el autocontrol como una forma de predecir consistentemente el estado de salud individual. Establecen, además, que las personas que caen ante tentaciones porque no tienen autocontrol, usualmente optan por estilos de vida sedentarios. 

Prácticas sanas 

  1. No caiga ante la presión de los pares. Haga lo que a usted le haga sentir bien pero no actúe para complacer a los demás. Eso aplica a los gastos en regalos, por ejemplo, si no tiene presupuesto para obsequiar, no compre. 
  2. No ingiera alcohol como si el mundo se fuera a acabar. Recuerde que conducir bajo los efectos de bebidas embriagantes puede llevarle a perder la vida o a quitarle la vida a alguien. 
  3. Celebre la Navidad como usted quiera, pero encuentre su propio balance, ya sea reunido en familia, con amigos, en la Iglesia, en viajes, en el centro comercial, como usted quiera.