“Una hora después de haber despegado, comenzó lo que yo llamo ‘la pesadilla’ . El avión empezó a sacudirse fuertemente y a experimentar caídas repentinas. Se sentía horrible. Las personas comenzaron a desesperarse y podía escuchar gritos, llantos y rezos. Yo fui una de las que empezó a orar y llorar porque realmente pensé que no lo lograríamos”, así relata Shila Shamale, maquillista y creadora de contenido, su última experiencia a bordo de un vuelo en febrero de este año, momento en el que han ocurrido una serie de acontecimientos relacionados a los aviones.

Fue en la madrugada del 25 de febrero que su vuelo con destino a Orlando se transformó en una experiencia de nunca olvidar, luego de que una fuerte turbulencia creará caos entre las personas dentro del avión.

Solo podía pensar en todas esas noticias sobre accidentes aéreos. […] Fue una experiencia traumática. Llevo más de 10 años viajando más de tres veces al año y nunca había vivido algo así. Hemos viajado con mal tiempo y turbulencia antes, pero jamás en la magnitud de lo que experimentamos en este vuelo”, describe Shamale ese martes. 

Esta situación vivida le ha hecho sentir miedo y preocupación sobre futuros viajes, por lo que en este momento optará por no hacerlos hasta sentirse más segura. 

Eventos adversos, como lo experimentado por la creadora de contenido, pueden dar paso a la denominada aerofobia, un término comúnmente utilizado para referirse específicamente al miedo a volar, explicó a Es Mental la doctora Naysha Lee Cruz Salas, psicóloga clínica. 

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, en su quinta edición, reitera que las fobias específicas se caracterizan por un miedo o ansiedad intensa e inmediata ante un objeto o situación específica. Este miedo es desproporcionado y persistente, y la situación fóbica se evita o se soporta con una ansiedad intensa, describió.

Se presenta como un miedo irracional a volar, que puede ser desencadenado por factores como experiencias traumáticas previas, noticias sobre accidentes aéreos o la percepción de peligro asociada al vuelo, señaló la doctora.

La aerofobia es un tipo de fobia específica, es experimentar intensamente la emoción del miedo al volar en avión.

De acuerdo con la doctora Joan M. Quiñones Torres, psicóloga clínica con especialización en psicología de la salud, la aerofobia puede causar una gran ansiedad en quienes la padecen, incluso antes de abordar un vuelo o al solo pensar en viajar en un avión. 

Mencionó síntomas, que pueden ser tanto físicos como emocionales y variar en intensidad y duración, entre estos palpitaciones aceleradas o taquicardia, sudoración, temblores, dificultad para respirar, dolor en el pecho; sensación de mareo o aturdimiento, náuseas o malestar estomacal.

“También se pudiera presentar síntomas emocionales como experimentar pensamientos excesivos antes o durante el vuelo, pensamientos catastróficos sobre accidentes o pérdida de control y síntomas conductuales como la evitación total de viajar en avión”, sostuvo.

Quiñones Torres especificó que es uno de los tipos de fobia específica más comunes, pero cabe destacar que no todas las personas con miedo a volar tienen el diagnóstico de fobia específica. 

De hecho, algunas personas solo sienten incomodidad o nerviosismo al volar y no les impacta su funcionamiento. El estar expuesto a las recientes noticias de accidentes aéreos pudiera exacerbar la ansiedad en las personas y por ende, la evitación, dijo. 

Por su parte, Cruz Salas afirmó que las fobias específicas, que incluyen la aerofobia, afectan alrededor del 8.8 por ciento a 12.6 por ciento de la población, según lo plantean los estudios generales sobre ansiedad. 

“Sin duda, el panorama actual, con situaciones relacionadas con aviones, puede impactar la preocupación de los individuos al momento de volar”, reiteró la doctora.

La aerofobia puede tener múltiples consecuencias, tanto emocionales y psicológicas como físicas y relacionales. En el aspecto emocional, se puede observar un impacto significativo en los pensamientos catastróficos, la evitación y la ansiedad anticipatoria, lo que a su vez afecta la calidad del sueño y el estado de ánimo general. 

En cuanto al aspecto físico, la preocupación y el estrés constantes pueden causar fatiga y agotamiento en el individuo. Además, se pueden observar consecuencias en los vínculos interpersonales, que afectan las relaciones del individuo, debido a su incapacidad para compartir experiencias viajando, describió. 

De manera similar, Quiñones Torres recordó que puede detonar restricciones de viajes, pérdida de dinero y tiempo al escoger otras alternativas de transporte, no ver a seres queridos que viven a la distancia y/o aislamiento.

En terapia, se puede abordar la aerofobia mediante terapias basadas en la evidencia. Cruz Salas habló de la terapia cognitivo conductual, la cual puede resultar útil, pues permite enfocarse en la reestructuración cognitiva, es decir, identificar y cambiar los pensamientos irracionales que surgen sobre el vuelo. 

También se puede implementar la terapia de exposición, cuyo objetivo es trabajar gradualmente con la exposición a lugares, pensamientos o situaciones relacionadas con el vuelo.

“Consulta con un profesional de la salud mental para que puedan trabajar juntos en la restructuración de pensamientos, adiestramiento de estrategias de relajación y exposición u otras que ayuden a manejar y/o tolerar la sintomatología manifestada y su impacto”, puntualizó Quiñones Torres.

La creadora de contenido aseguró que, a pesar de lo negativo, siempre ha intentado ver el lado positivo de las situaciones, y esta experiencia le ha ayudado a valorar más su vida.

Otros consejos para manejar el miedo a viajar en avión

Recomendaciones adicionales, compartidas por la doctora Cruz Salas:

  • Terapia psicológica: Se recomienda una terapia psicológica con un enfoque en la terapia cognitivo conductual o la terapia de exposición. Esto permite al individuo desarrollar estrategias para identificar y reestructurar pensamientos catastróficos asociados al miedo a volar, así como enfrentar gradualmente el miedo en un entorno controlado.
  • Técnicas de relajación: Las técnicas de relajación, como la respiración profunda, ayudan a calmar el sistema nervioso y reducir la ansiedad. Asimismo, la relajación muscular progresiva es útil para liberar tensión muscular y promover la relajación. Practicar estas técnicas mejora la capacidad para manejar el estrés y la ansiedad.
  • Estrategias de afrontamiento: Al momento de volar o previo a ello, se pueden implementar varias estrategias. Buscar actividades durante el vuelo que distraigan la ansiedad, como leer, escuchar música o ver una serie, puede ser útil. También es recomendable una preparación previa al vuelo, incluyendo la visualización positiva y la educación sobre la aviación para reducir la ansiedad.