Aunque se ha llegado a creer que la imaginación es el punto de partida en los procesos creativos de todo ser humano, hay personas que no tienen la capacidad de poder crear imágenes mentales, ni de objetos, ni de personas, ni de familia. Su imaginación visual puede ser escasa o inexistente. 

Se trata de afantasía, un fenómeno poco comprendido y que en el ámbito de la de la neuropsicología y la neurociencia se define como una condición generalmente congénita que implica una notable deficiencia en la capacidad de generar imágenes mentales voluntarias, explicó a Es Mental el doctor Ernesto Guerra Alcalá, neurólogo y neuropsiquiatra de la Universidad Central de Venezuela y de la Asociación Argentina de Neuropsiquiatría.

Aproximadamente un 4 por ciento de la población experimenta afantasía, según el estudio The prevalence of aphantasia (imagery weakness in the general population, de Carla Dance, Alberta Ipser y Julia Simner. De acuerdo con Guerra Alcalá, podría tener su origen desde la época clásica, cuando el término φαντασíα (phantasia) fue definido por Aristóteles como la facultad y/o poder por el cual se presenta un phantasma (imagen o representación mental).

Definimos la afantasía como una condición generalmente congénita que implica una notable deficiencia en la capacidad de generar imágenes mentales voluntarias. Diagnosticada mediante herramientas como el Cuestionario de Vividez de las Imágenes Visuales (VVIQ) o la autoidentificación”, expuso el doctor.

“La afantasía plantea interrogantes fascinantes sobre cómo percibimos y manipulamos la información visual en nuestra mente”, continuó. 

Las personas que experimentan afantasía, por ejemplo, no pueden tener una imagen mental (y si la tiene es borrosa o incompleta) de un auto, un caballo, un bosque, etcétera.

¿Qué viene a tu mente cuando piensas en algunos de estos? ¿Algún color? ¿Alguna forman? Ellos carecen de este sistema de imágenes. 

La doctora Karla E. Torres Román, psicóloga clínica, planteó que estas personas llegan a tener dificultades con sus habilidades sensoriales, pues no pueden llegar a imaginar el color, sabor, la textura del objeto del que se le habla. Teniendo un parecido con la llamada afasia, un trastorno que afecta la manera en la que se comunica.

La literatura nos dice que la afantasía es poco conocida. En los setenta y ochenta se volvió hablar del tema, ya en el 2005 al 2010 los científicos investigan más del tema, debido a diversos pacientes que, por situaciones de accidentes y cirugías, buscaron asistencia médica al experimentar dificultad para crear imágenes en su mente”, planteó la psicóloga clínica.

Algunas personas pueden nacer con afantasía, pero otras podrían, incluso, desarrollarla tras alguna lesión cerebral. A esto se le ha denominado la afantasía adquirida, afirmó la doctora. 

La afantasía adquirida es un tema de interés en estos momentos, ya que, tras la pandemia por COVID-19, se investiga un posible vínculo con efectos del Long COVID. El primer caso de estudio surgió en el 2021 luego de que una mujer de 59 años reportara que no podía imaginar o tener imágenes visuales.

Cuando se le pidió que cerrara los ojos y tratara de imaginar su casa o a sus familiares, la paciente dijo que ahora eso era imposible y también negó poder visualizar sus sueños. La paciente confirmó que se trataba de un problema nuevo, ya que tenía COVID-19”, subraya un artículo médico.

De acuerdo con los detalles, la resonancia magnética del cerebro de la mujer mostró cambios difusos en la sustancia blanca, compatibles con microangiopatía, una enfermedad microvascular asociada al COVID-19.  

Pero… ¿qué sucede con el cerebro cuando ocurre la afantasía? Según el médico neurólogo Guerra Alcalá, las investigaciones exhaustivas han revelado que esto tiene su enfoque principal en las áreas visuales de la corteza occipital. No obstante, también se observa la implicación de otras regiones cerebrales.

Como los son las regiones corticales posteriores, la circunvolución fusiforme, la circunvolución cingulada posterior y parahipocampal. Regiones frontales como la corteza cingulada anterior y la circunvolución frontal inferior, así como la corteza auditiva y las cortezas visuales. 

Asimismo, “ocurren alteraciones en las vías que conectan la corteza visual temprana con el lóbulo parietal, que parecen ser cruciales para la preservación del contenido informativo”, sostuvo. 

La psicóloga clínica mencionó que estas personas tienen problemas de memoria significativos, porque, al no poder crear imágenes, se les dificulta tener recuerdos.

“Nosotros, usualmente, somos mentales y sensoriales. Yo no aprendo solo con mi mente, yo uso todos los sentidos para aprender. Si yo veo algo, pero no lo puedo recordar, se me va hacer difícil crear una memoria. Por eso, estas personas van a tener muchos problemas de memoria y su proceso de aprendizaje se va a afectar”, detalló la doctora. 

Dijo, además, que algunos pueden llegar a enfrentar repercusiones con sus sueños, ya que carecerán de los detalles de lo que soñaron. 

Como consecuencia, su día a día puede verse afectado, ya sea la parte social, de trabajo y sus relaciones cotidianas. Con repercusiones a la salud emocional, que aparecen a través de la angustia, la ansiedad, la depresión y, también, al aislamiento.

Ellos quizá no van a querer establecer una conversación si no recuerdan algo o ni siquiera pueden imaginar lo que se le dice. Incluso, en cuanto a las relaciones de pareja, pueden tener problemas, porque no van a poder crear imágenes mentales sobre esa persona”, explicó.

El neuropsiquiatra apuntó a que la afantasía congénita no es una enfermedad que requiera tratamiento médico. Pero cuando va acompañada por algún otro síntoma o

trastorno médico o neuropsicológico, se debe prestar buscar la intervención correspondiente, como lo podría ser el apoyo psicológico.

Por eso, la psicóloga clínica reiteró la importancia de que se reciba el tratamiento adecuado, para manejar la frustración, la ansiedad y la tristeza. En terapia, especialmente, se podrían trabajar estrategias para trabajar con sus emociones.

Desafiando las expectativas de la afantasía

“En un mundo en donde la imaginación parece ser la moneda de cambio para la creatividad, los afantásicos desafían las expectativas. Aunque no pueden visualizar imágenes mentales, su potencial creativo no se ve limitado por esta ausencia. De hecho, algunos de los nombres más influyentes en la historia de la creatividad y la innovación son afantásicos”, precisó el doctor Guerra Alcalá. 

Mencionó nombres de personas muy importantes,como lo es el cofundador de Pixar, Ed Catmull, el visionario detrás de películas como Toy Story y quien se reconoce por darle un giro a la industria del cine. 

Asimismo, Craig Venter, un biólogo que secuenció el genoma humano, Blake Ross, el creador de Mozilla Firefox, Glen Keane, el animador de Disney detrás de personajes como Ariel “La Sirenita” y el ilusionista y mago, Penn Jillette.

Los que tienen esta condición nos recuerdan que la creatividad es una fuerza poderosa que puede manifestarse de diversas maneras. No importa si vemos imágenes en nuestra mente o no; lo que realmente importa es cómo canalizamos esa creatividad hacia la innovación, la expresión artística y el éxito”, finalizó.