Gilmary Betancourt Marrero, una estudiante doctoral de farmacéutica en el Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico (UPR), compartió cuán complicado fue su semestre académico por el COVID-19 en el conversatorio Experiencias y Propuestas de Jóvenes ante las Problemáticas del COVID-19″, que transmitió el Task Force Social del Pueblo una entidad que busca soluciones desde la perspectiva ciudadana.

Tanto para sus profesores como para la universitaria fue retante aprender en medio de un evento novel. 

La forma en la que se han manejado las rotaciones para los distintos escenarios de las prácticas de farmacia ha sido una de las áreas que más se ha afectado por la pandemia, contó. “También, la manera en la que los profesores y la facultad han manejado la situación”. 

La abrupta transición de clases presenciales a clases en línea impactó a los universitarios.

El pobre acceso a recursos tecnológicos o a una conexión de internet estable, la poca flexibilidad de los profesores, así como tener que mudarse nuevamente con sus familiares ha representado mayores niveles de estrés para los universitarios en Puerto Rico por causa de la pandemia – un  golpe al que se suman otros eventos pasados como el huracán María.

“El cambio de modalidad trajo en sí un cambio total a lo que es la educación universitaria”, indicó Derek Quintero Rosa, presidente del Consejo General de Estudiantes de la Universidad de Puerto Rico en Aguadilla. “Al estar en un aula de clases tienes al profesor frente a ti y la clase es más interactiva mientras que, en cambio, cuando estamos hablando de un método online, el profesor está en su hogar”.

El principal escollo con el que se toparon los estudiantes durante el semestre fue la poca comunicación, indicó.

La ahora expresidenta del Consejo General de Estudiantes de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, Josheline A. Mateo García, explicó cómo las quejas de parte de los estudiantes durante el semestre eran referentes a los profesores, pues “no todos los estudiantes tenían acceso a una computadora o a un buen internet”.

La cantidad de quejas fue mayor a la visto durante un semestre académico regular, por lo que diseñó un formulario para que los alumnos escribieran el nombre del profesor del que deseaban quejarse para que luego fueran atendieran por la administración universitaria, dijo. 

El senador estudiantil de la Escuela Graduada de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, Juan José de Jesús Oquendo, mencionó que algunos profesores ofrecieron lecturas que típicamente no asignaban durante el semestre.

Si bien es cierto que hubo profesores que “dieron la milla extra”, dejó claro que hubo quienes fueron intransigentes con los estudiantes.

“Yo pude percibir frustración, estrés, falta de productividad”, expresó el senador estudiantil. “No es lo mismo una modalidad presencial para los cursos que una remota”.

Los líderes estudiantiles coincidieron en que, a pesar de todo, los servicios de psicología de sus respectivas instituciones académicas siempre estuvieron al tanto del estudiantado. En medio de la pandemia, ofrecieron ayuda tanto vía telefónica como en línea.

En febrero de este año, Es Mental encontró que el recinto de Arecibo de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, así como las unidades de Aguadilla y de Ponce de la UPR, registraron un incremento en sus servicios psicológicos tras María.

Por un lado, el director del Departamento de Servicios Psicológicos de la UPR en Aguadilla, Gilberto Herrera Silva, no precisó en términos números en cuánto se reflejó el incremento. Sin embargo, dijo que “en el transcurso de los años, después de María, nosotros hemos tenido un incremento en los estudiantes que vienen buscando ayuda”.

Por el otro, el director del Departamento de Servicios Psicológicos de la UPR en en Ponce, Efraín Ríos Ruiz, indicó que “luego del huracán hubo un aumento en el servicio [psicológico]. Ese aumento continuó hasta llegar a un 42.19% en el año 2018-2019”.

El director del Departamento de Servicios Psicológicos de la UPR en Aguadilla al igual que el de la UPR en Ponce coincidieron en que de un 10% a un 20% de la matrícula total de sus respectivas unidades acudían en aquel momento a buscar servicios psicológicos.

La consejera del Centro de Orientación y Consejería Profesional del recinto de Arecibo de la Universidad Interamericana, Itza Toledo Báez, explicó que solo 48 estudiantes recibieron servicios psicológicos en 2017 de su parte. Esta cifra incrementó a 64 en 2018; en 2019, a 120.

Esta cifra toma en cuenta la cantidad de ocasiones en la que los estudiantes universitarios repitieron servicios psicológicos, aclaró.  

“El año académico 2017 el porcentaje de estudiantes con condiciones emocionales fue alrededor de un 19% de la población en acomodo razonable”, explicó la consejera. “Para el año 2018, de un 19% bajó a un 16%, pero este semestre pasado (2019) subió a un 19% nuevamente”.

El que los universitarios acudan a los Departamentos de Consejería y de Servicios Psicológicos de sus respectivas universidades es un logro porque los estudiantes, son bastante temerosos, a juicio de la consejera profesional, Niurka Cardona Feliciano.

La también organizadora de múltiples iniciativas para atraer al estudiantado a los servicios de psicología y consejería de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo explicó que la información y la comunicación es una estrategia vital para atender a los estudiantes efectivamente. 

Por lo tanto, es igual de importante que el personal docente y no docente se muestren empáticos con las circunstancias particulares de cada uno de los universitarios, aconsejó la consejera profesional. 

“Una vez el estudiante llega a las facilidades, la clave es ser empáticos”, dijo. “Es el estar activos, el no discriminar y el darles su espacio para que puedan ventilar y sobretodo que el personal de ayuda pueda darles la seguridad y la confidencialidad necesaria”.