Para Gianfranco Gutierrez Aguirre, la masculinización de su pecho era un paso esencial para su transición como hombre transgénero, pues implicaba un alivio emocional y social.

El joven paramédico confesó que, previo al procedimiento, el contraste entre su pecho femenino y su apariencia, proyección y sentir masculino provocaba incomodidad en muchas personas y le ocasionó un deterioro en la salud mental. Admitió sufrir depresión, ansiedad y disforia de género.

Por esto, decidió acudir a un profesional de la salud que tuviese experiencia con las intervenciones de afirmación de género.

Estableció que, antes de encontrarse con la cirujana plástica Diana Avilés Castillo, había acudido a cuatro profesionales de la salud con los que no se encontró complacido por su “falta de preparación para atender a las personas transgénero”.

Resaltó que en Puerto Rico hay una gran desinformación sobre las personas LGBTQIA+ que afecta la vida profesional, social y la atención médica que recibe esta comunidad.

Tipos de procedimientos de afirmación de género

Según los informes del Hospital de la Universidad John Hopkins, las intervenciones médicas de afirmación de género consisten en un procedimiento o atención médica fijada en confirmar el género con el que se identifica una persona.

Este pudiese ser usado para referirse a terapias hormonales, reconstrucción genital, reducción de senos, cirugía plástica facial, terapias del habla, cuidado de un profesional especializado en urología o ginecología, un psiquiatra y cuidado primario.

A partir del primer encuentro de Gutierrez Aguirre con la cirujana plástica Avilés Castillo, realizó su cita para la intervención y se hizo la masculinización del pecho. En el caso de la masculinización del pecho, la experta indicó que la cirugía implica quitar la mayoría del tejido mamario y reubicar el pezón.

Estableció que, previo a la cirugía, la persona debe de estar alrededor de uno o dos años consumiendo hormonas para hacer a la piel más elástica. Por su parte, Gutierrez Aguirre mencionó que las hormonas son acompañadas por servicios de un profesional de salud mental.

En el caso del paciente transgénero femenino, se colocan implantes para darle un aspecto de senos al área del pecho. 

Avilés Castillo recordó que el procedimiento implica una cicatriz que va a ser visible, pero todo depende de la piel de la persona y cuán rápido su piel se recupera.

En el caso de Gutierrez Aguirre, su cicatriz representa una medalla de oro.

La oferta en Puerto Rico y las preocupaciones ante las intervenciones

En el caso de Puerto Rico, aunque hay especialistas que proveen servicios de afirmación de género, no existe, hasta el momento, un profesional que ofrezca cirugías de cambio del aparato sexual, genitalia, afirmó  la clínica Translucent del Centro Ararat. 

Actualmente, no está desarrollada esta práctica a nivel Isla, lo que lleva a muchas personas a irse del país para recibir estos servicios de salud, dijo la representante de la clínica. Esta laguna en los servicios para la comunidad queer en la Isla limita la calidad de vida y el acceso a una salud mental y física para estas personas. Asimismo, Avilés Castillo resaltó que una minoría de los doctores puertorriqueños son ‘transgender friendly’ lo que le dificulta a estos pacientes poder conseguir el cuidado médico requerido. 

Subrayó que, según su experiencia, no ha constatado tanto interés en este procedimiento y es una especialización relativamente nueva. Por su parte, el Centro Ararat destacó que hay constancia de profesionales que se están empezando a formar en cómo atender a esta población y cumplir con esta necesidad y urgencia por servicios de salud integrales e inclusivos.

Mientras, un artículo de la Biblioteca Nacional de Medicina (NIH) estableció que, aunque el procedimiento ya era conocido en el 1938 y fue perfeccionado durante la Segunda Guerra Mundial, la primera reconstrucción de genitales fue registrada en Holanda en 1959. Esta intervención, realizada en el Hospital Municipal de Arnhem, resultó en controversias sociales y protestas, razón por la que el cirujano Woudstra no volvió a ejercer el procedimiento.

Por el trabajo de Woudstra, en el 1966 la Universidad John Hopkins abrió la primera clínica especializada en cirugías de cambio de sexo.

En el caso de Gutierrez Aguirre, precisó que su preocupación principal al enfrentar la idea de ejercerse la reconstrucción de genitales es que el procedimiento no garantiza la misma sensibilidad luego de la cirugía.

Mientras, un estudio también publicado por el NIH que indagó en los cambios en la vida sexual de pacientes transgénero luego de la intervención resaltó entre sus hallazgos que 55% de sus encuestados caracterizaron a sus orgasmos como más intensos después de la cirugía. Por el otro lado, 20.8% no sintieron diferencia entre las sensaciones.

Por encima de esto, otro estudio  que abarca la funcionalidad a término largo luego de esta cirugía no encontró relación entre sentir menos sensibilidad y el procedimiento de cambio de sexo al matizar que un 86% de los participantes estaban satisfechos con los resultados. Enfatizó en que, hasta el momento, no hay estadísticas que prueben lo contrario.

A su vez, Avilés Castillo subrayó que el resultado del procedimiento depende de cuán bien las personas atendidas pueden seguir las instrucciones provistas.Para más información sobre los salubristas que proveen estos servicios, Avilés Castillo propuso acudir a la página cibernética de servicios LGBTQIA+, donde podrán acceder a un listado de los profesionales de salud ‘transgender friendly’.