La crisis de agua que enfrenta Puerto Rico que está impactando la vida de cientos de miles de ciudadanas y ciudadanos también genera fuertes efectos psicológicos y otros riesgos a la salud de las personas afectadas que van mucho más allá de la sed y la falta de higiene. 

Aunque el racionamiento solo comenzó oficialmente recientemente, estos problemas son la realidad de varias comunidades desde hace meses porque enfrentan problemas continuos de interrupción del servicio. 

“Estamos viviendo una situación de incertidumbre, de inseguridad, de desamparo total. Y eso tiene un efecto emocional sobre la salud mental”, explicó Ángeles Acosta, psicóloga clínica, residente del barrio Machuchal en Santurce  –una de las áreas más afectadas por el problema– y miembro de la coalición Exigimos Agua. 

Acosta, también profesora adjunta en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Ciencias Médicas, relata que han enfrentado una crisis de agua por más de 100 días que ha causado muchos problemas de ansiedad dentro de su comunidad, que se compone de muchas personas mayores. Según ella, la causa de esta ansiedad es que la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) nunca ha advertido los periodos de falta de agua y si va a volver en algún momento. Ellos se enteran cuando abren la pluma. Esta ansiedad se combina con el estrés económico de tener que costear abastos de agua adicionales a lo que ya pagan en sus facturas. Como una comunidad de bajos recursos, esto le ha causado un peso emocional que cargan todos los días de manera similar al que cargan botellas y pailas a segundos y terceros pisos la mayoría de los días. 

Según el psicólogo clínico Domingo Marqués, los factores estresantes causados por la falta de agua pueden causar irritabilidad, coraje, problemas de sueño y agravar la condición de personas que ya sufren de depresión o traumas previos. 

La falta de agua se mete en todo

“La falta de agua no se queda en la pluma. Se mete en el sueño, en la cocina, en el trabajo y en las relaciones. El agua representa seguridad básica: poder beber, bañarse, cocinar, limpiar, cuidar a un niño o atender a una persona enferma. Cuando no sabemos si estará disponible mañana (o ni siquiera esta noche), el cerebro se mantiene en estado de alerta”, dijo el también catedrático asociado de la Universidad Albizu.

Parte de la solución a este problema de ansiedad se encuentra en la buena comunicación institucional. Ambos Acosta y Marqués resaltaron que las dependencias gubernamentales deben mejorar la comunicación sobre el estatus de la crisis de agua, las zonas que se van a ver afectadas y de cuando a cuando se van a ver afectadas. Un “no sabemos” responsable debe ser acompañado por un “esto sí sabemos”, explicó Marqués, quien se encontraba sin agua cuando habló con Es Mental. Mientras tanto, Acosta relató que las comunicaciones que la AAA sí ha hecho suelen venir por las redes sociales, tecnología que la comunidad mayor no maneja bien, y por ende no se enteran de la situación del agua en sus comunidades.

Dado a los niveles bajos en ciertos embalses, la AAA empezó a racionar el agua en varias zonas. Marqués explicó que estos ciclos de 48 horas pueden ser menos dañinos psicológicamente que una interrupción sin aviso previo, como la que le afecta a Acosta. Sin embargo, el mismo solo funciona si se cumple con el calendario y se actualiza con honestidad.

Desde que comenzó el racionamiento –oficialmente el viernes pasado, en la práctica días antes–, varias comunidades han expresado confusión sobre la zona de racionamiento que ocupan y varias han denunciado que permanecen sin agua pese a que se supone que hayan salido del periodo de racionamiento. 

Aunque Puerto Rico se encuentra en medio de una sequía prolongada debido a un aumento significativo en la temperatura de la superficie del mar, no se le puede atribuir la falta de agua solo a éste fenómeno, conocido como El Niño, explicó el ecólogo e ingeniero Carl Axel Soderberg. Si no, se le debe adjudicar a una gama ancha de problemas relacionados a la distribución y el almacenamiento de agua. Según la Oficinas de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura, Puerto Rico ocupa el puesto 135 de 182 países en términos de disponibilidad de agua dulce por persona. Soderberg, quien es exdirector regional de la Agencia de Protección Ambiental en el Caribe, estimó que 60% del agua producida por la AAA se pierde antes de llegar a las casas de los puertorriqueños. Por otro lado, resaltó que los embalses del país no se han dragado apropiadamente. Aunque se terminó el dragado del lago Carraízo recientemente, la AAA ha anunciado que aprovechará la sequía para hacer un dragado en las orillas del embalse de Carraízo. Soderberg estimó que el embalse Dos Bocas está 70% lleno de tierra, lo cual afecta drásticamente su capacidad de almacenamiento. En adición a todo esto, Puerto Rico no es un país con mucho acceso a la agua dulce. 

“ Nosotros no vivimos en un desierto, pero sí vivimos en un territorio que tiene unas limitaciones de agua y que debemos cuidar y conservar todos los días del año, no solamente cuando asoma una sequía”, dijó Soderberg, quien también es miembro del Comité de Expertos y Asesores sobre Cambio Climático (CEACC). 

Soderberg advirtió que recurrir a ríos y manantiales para abastecer de agua puede dar lugar a varias enfermedades, como la leptospirosis, por la contaminación de esas fuentes de agua. Por otro lado, Marqués explicó que los efectos causados por la falta de agua van más allá de la falta de hidratación, como la falta de higiene, preparación segura de alimentos y atención a personas enfermas, que también pueden llevar a un incremento en ciertas enfermedades. 

Acosta y Soderberg entienden que el país está sufriendo las consecuencias de no seguir las recomendaciones hechas por el CEACC en el 2024, entre ellas reducir la pérdida de agua significativamente. 

Entre la falta de agua y la ansiedad, Acosta explica que su objetivo como parte de la coalición “Exigimos Agua” es conseguir una respuesta del gobierno sobre la razón que llevan en esta crisis invisibilizada por meses. 

“Esto no ocurre sobre una página en blanco. Venimos de María, los terremotos, la pandemia, los apagones y múltiples interrupciones de servicios esenciales. Cada evento nuevo cae sobre una cicatriz anterior. Por eso puede sentirse como una revictimización: primero sufrimos la escasez y luego sufrimos un sistema que no logra decirnos cuándo terminará. Ya después de Fiona hablábamos de ese efecto acumulativo, de una herida que comienza a cerrar y vuelve a abrirse”, puntualizó Marqués.