Llegó el coronavirus. Pasan los días y comienzo a recordar los tiempos de María cuando de un momento a otro nos tocó cambiar rutinas, formas de ver las cosas, adaptarnos a lo que no queremos y ajustarnos sí o sí. 

Nos tocó afrontar sentimientos de miedo, preocupación e incertidumbre. En estos días un adolescente me dijo: “En María podíamos compartir, ahora no, tenemos que estar aislados y no me gusta”. Sí, esto es una gran diferencia, la cual nos ha llevado a muchas cosas, entre ellas el crear consciencia de lo importante que es considerarnos y cuidarnos.  

No pensar solo en nosotros, sino pensar más en los demás, ya que no vivimos solos. Vivimos en familia, en sociedad, nos gusta compartir, vernos y visitarnos. Además, de repente muchos se están dando cuenta que les gusta hablar con otros en persona, mirarse y atenderse a los ojos. Algo que se había olvidado o que habíamos dejado de apreciar por la tecnología o porque cuando tenemos las cosas seguras a veces dejamos de darles importancia.  

De repente te das cuenta que visitar al abuelo, al padre, la madre y cuidar de ellos es y debe ser importante. Que ellos necesitan amor, atención, cariño y visitas en persona. Que los amas, valoras y no los quieres perder. Te das cuenta que valoras la compañía, el calor y el ruido. Te das cuenta que puedes aprender a estar solo(a), que las rutinas son buenas, que te gusta cocinar, que tienes unos buenos libros abandonados y que muchas cosas no te hacen falta. ¿Por qué? Porque las tienes en casa, pero las habías olvidado. Que no te hace falta comprar más ropa, que tienes cosas en tu nevera para hacer, que puedes conversar y jugar con tus hijos, que la pareja puede pasarla bien sin tener que salir de la casa y que te gusta eso, sí eso, ¡tú casa!  

¡Vamos a estar bien! 

*La autora es psicóloga clínica y forense con práctica en Guaynabo, Puerto Rico.

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