El síndrome de alienación parental (SAP, por sus siglas en inglés), como se le conoce comúnmente a los comportamientos de un padre para promover el alejamiento entre su hijo y la otra parte, madre o padre, puede ser muy perjudicial para los menores, creándoles trastornos de ansiedad, de conducta, depresión, aislamiento, desconfianza, entre muchos otros problemas que podrían afectar todos los sectores de su desarrollo hasta su adultez, según expertos de la salud mental.

Mayra Olavarría, coordinadora de la Clínica de Psiquiatría Infantil y Adolescente de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Ciencias Médicas, Rita Córdova, trabajadora social clínica en el Instituto de Terapia Familiar, e Ibelise Rodríguez, miembro de la fundación sin fines de lucro Allunisono que ofrece servicios de psicología, coincidieron en que, a pesar de que el síndrome no surge de una enfermedad que se le pueda diagnosticar a uno de los padres, porque aún no está tipificada en el manual de diagnósticos psiquiátricos (DSM 5), los profesionales de la salud mental deben estar pendientes a signos de manipulación para ofrecer una mejor atención al menor. Esto con el fin de que este pueda salir, sin consecuencias mayores, del enfrentamiento entre los adultos.

“Cuando estamos hablando de alienación parental lo que estamos hablando es de que uno de los padres de un menor está utilizando elementos psicológicos para evitar que ese menor se relacione o sienta algún amor o cariño por esta otra parte de los papás. Puede ser mamá contra papá o papá contra mamá”, explicó la doctora Olavarría.

Aunque el SAP está más relacionado a las salas de tribunales que a las clínicas de salud mental, centros como el Instituto de Terapia Familiar recibe cientos de casos con SAP, siendo más común el síndrome en las mujeres que en los hombres, según Córdova. Parte de la labor de la trabajadora social es trabajar para reunificar la familia y que el menor pueda salir beneficiado, y no perjudicado, porque sus padres están en desacuerdo.

“Nosotros recibimos referidos del tribunal que llegan por estipulación de las partes o porque el mismo tribunal lo recomienda. Recibimos familias donde hay ya los indicadores de alienación parental. Entonces, hacemos un trabajo que se llama reunificación familiar donde se trabaja con toda la familia”, aseguró Córdova.

Como parte del manual de tratamiento para el SAP, el Instituto cuenta con un programa denominado “Permiso para amar a mi papá”, en el que la familia se va a vivir en una montaña con dos trabajadores sociales por cuatro días para ofrecerle herramientas de unificación, tomar en cuenta las distintas nociones, crear conciencia del daño que se hace al niño, entre otros, lo que ha mostrado ser éxito para contraatacar el síndrome.

Al ser un término que se utiliza con mayor frecuencia en los tribunales que en las clínicas médicas, Rodríguez sostuvo, por su parte, que al síndrome de alienación parental “se le ha puesto ese título, pero no es un diagnóstico que esté comprobado por ninguna organización de salud mental o en ninguno de los manuales de diagnóstico”. “Se ha puesto como una conducta que se ha observado, pero no hay casos suficientes con evidencia científica para comprobar que sea un trastorno como tal”, agregó.

Con ella coincidió Córdova, quien reconoce que no es un diagnóstico clínico, pero aclaró que “sí está documentando en la literatura y hay miles de investigaciones sociales y científicas que validan que existe. Hay unos indicadores que lo prueban y lo vas a encontrar en los casos de familia de tribunales”, por lo que se debe tratar como un asunto con una solución clínica.

A pesar de no tener una clasificación de trastorno en un manual de salud mental, las expertas sostuvieron que se pueden identificar, mayormente en los menores, algunos indicadores, que pueden ser el rechazo a uno de los padres, rebeldía o miedo a la autoridad y que el niño tenga información innecesaria sobre una de las partes, como lo es que no se ha cumplido con la pensión.

En el caso de los adultos, se pueden reconocer comportamientos no recomendados, como menospreciar, insultar o desvalorizar al otro frente al menor, contarle al hijo de los detalles del divorcio, no permitir el derecho de convivencia, influir en los niños con mentiras, subestimar o ridiculizar los sentimientos del niño por la otra parte, gratificar y reforzar los comportamientos despectivos del niño hacia el otro, entre otros, según el psicólogo de organizaciones, Juan Corbin.

Al momento de asociar estas conductas con el síndrome,  Rodríguez indicó que los profesionales de la salud deben ser cuidadosos a la hora de tratar al niño y sus padres, pues, en ocasiones, estos comportamientos se asocian a la separación de los adultos y no a que una parte esté poniendo al niño en contra de la otra.

“Esto no siempre ocurre. En casos de divorcio, siempre se va a ver algún tipo de cambio emocional en el menor, porque es una situación difícil, que trae incertidumbre y un cambio grande para la vida de ese menor. El no vivir ahora con los dos padres y todos los conflictos que se viven… Así que no se puede llegar a la conclusión rápido de que el menor se está comportando así porque uno de los padres lo está influenciado, pero sí levanta una bandera para que los profesionales de conducta estén pendiente a esos cambios, porque podría ser que el niño está siendo manipulado por la otra parte”, expresó Rodríguez.

Ya cuando el profesional de la salud mental sospecha que el niño está siendo víctima del SAP, debe evitar tener un acercamiento directo, que suene acusatorio, sobre el padre que está utilizando la manipulación, porque podría empeorar la situación con un padre a la defensiva, según Rodríguez. Por el contrario, se debe tratar desde un aspecto familiar, en el que ambos padres estén presentes durante el tratamiento, para evaluar qué cosas le expresan al niño, si tienen conflictos frente a él, así como explorar el tema con preguntas al menor.

“No se puede inferir de primera que hay ese síndrome, además de que es un término que se utiliza más en términos judiciales. Pero sí es una conducta que hay que tratar de atacar para ayudar al menor, y sí es bien importante que se oriente a los papás de lo que deben o no hacer, pero sin que se sientan atacados”, dijo la experta.

Otro aspecto que se debe tener presente a la hora de tratar uno de estos casos, es que, no en todas las ocasiones, el padre que hace las acusaciones, lo promueve porque tiene malas intenciones con la otra parte. Algunas veces, al ser un proceso de separación que acarrea emociones fuertes, incluso, en los adultos, una de las personas puede estar actuando de esta forma sin darse cuenta.

“A veces lo hacen inconscientemente porque no se dan cuenta que ellos mismos necesitan ayuda por la difícil situación. Hay mucho dolor, mucho dolor, mucho coraje y, a lo mejor, sin darse, hacen comentarios frente al menor infundiendo ese pensamiento. No se debe rápido inferir que el papá lo está haciendo con una mala intención, sino ir desde el principio como profesional con la visión de orientarle, más que buscar culpables”, manifestó Rodríguez.

Consciente o no, el síndrome de alienación parental debe ser tratado lo más rápido posible para evitar que sea perjudicial para el desarrollo del niño. Uno de los aspectos que más se tienen que tener en consideración, según Olavarría, es que mientras los menores crecen, las figuras parentales son de las más esenciales para su desarrollo por lo que ambas partes son igual de importantes.

“Los niños, no importa que sus papás sean delincuentes, prostitutas, malos padres, siempre tienen un amor especial hacia sus figuras parentales. El niño no debería estar en una posición donde tenga que escoger entre el papá o la mamá. Los niños siempre quieren a su papá y a su mamá, y si hay maltrato, ellos mismos irán pasando factura eventualmente”, sostuvo la psicóloga.

“Es un proceso de intoxicación, de envenenamiento espiritual donde se está desarraigando a los niños de una figura de apego. Si es su padre biológico, lo seguirá siendo hasta que se muera, añadió Córdova.

Más allá de tratarse de que falte o no una figura parental, la realidad prolongada de la exposición del menor al SAP, es que el niño puede desarrollar trastornos, como la ansiedad, además de trastornos de conducta, porque no saben manejar sus emociones, se pueden deprimir, tener problemas de atención, una ejecutoria escolar deficiente, ser irrespetuosos, entre otros. 

A estas Rodríguez añadió otras consecuencias como rebeldía a la autoridad, repetir conductas indebidas en otras personas, que tengan baja autoestima porque la otra parte los está rechazando, porque “papá lo abandonó”, problemas en las relaciones interpersonales como la desconfianza, miedo al abandono, que se alejen socialmente, y en general puede empeorar la situación de la separación de los padres que por sí es un proceso difícil.

Algunos expertos, incluso, consideran el síndrome como un tipo de maltrato infantil. Tal ese el caso de Cordin, quien cree que aunque “la Asociación Americana de Psicología no lo ha reconocido como trastorno y, por eso, no aparece en el DSM-V, pero el sufrimiento que puede causar en los actores es devastador porque el daño emocional que acarrea este fenómeno puede afectar chavales por el resto de su vida”.

“Nos enfocamos en los menores porque los adultos, adultos son y toman sus decisiones en base a particulares personales, cuestiones económicas, Dios sabe por qué toman las decisiones que toman y no protegen a los niños. Los triangulan, los pillan en el medio de las controversias y los enferman en ese proceso, puntualizó la trabajadora social clínica.

En términos de resolución para un padre que sospecha que su relación con su hijo está siendo afectada por el síndrome, este deberá acudir por la vía legal para llegar a un acuerdo justo. Según las expertas, antes de buscar ayuda para que un profesional de salud atienda a la otra persona por el SAP, deberá iniciar un proceso judicial en el que se evalúa la situación y se determina que expertos de salud y conducta deben intervenir para proteger al menor.

En estos casos, Rodríguez indicó que también se debe tener precaución con señales del síndrome en una de las partes, pues en algunos procesos legales puede ser utilizado como estrategia para obtener la custodia del menor.