“El debate entre síntoma, patología, conducta, entre otras alternativas que se han presentado, lo que provoca es desconocimiento y falta de educación sobre el tema”, expresó la trabajadora social Rita Córdova Campos respecto a la definición de alienación parental, la que lleva mucho tiempo debatiéndose. 

La alienación o enajenación parental es un fenómeno que ocurre mayormente en familias que están en proceso de separación o divorcio, estableció el trabajador social Paul Fericelli Castillo. Explicó que, a menudo, sucede cuando los encargados no han podido superar las desavenencias de esa relación, sea matrimonial o de pareja. 

Recordó que es un fenómeno controversial que ha sido debatido por ser categorizado como síndrome, patología u otras denominaciones. Indicó que desde 1974 fue categorizado como patología, pero, al pasar de los años, otro experto en medicina lo llamó síndrome. 

El científico que lo llamó síndrome fue criticado hasta el día de su muerte, pero hasta ahora seguimos teniendo el debate”, dijo Fericelli. Destacó que, a pesar de que se ha rechazado la posibilidad de que sea un síndrome, hay un reconocimiento de que es una conducta y dinámica familiar que resulta de estos comportamientos. 

Destacó que es un asunto transdisciplinario, al igual que su evaluación, por esto, es importante que todo profesional que evalúe a una familia involucrada en un caso jurídico no solo conozca el fenómeno de la alienación parental, sino que entienda cómo identificarlo, trabajarlo y evitarlo. 

En este marco, comentó que en la alienación parental, de manera consciente o inconscientemente, los cuidadores principales manipulan, establecen imágenes distorsionadas del otro progenitor, mantienen un control sobre el acceso que puede tener el otro encargado sobre el niño, entre otras acciones que provocan distancia. El efecto de esa conducta alienante es que el menor resista y que no quiera tener una relación con ese progenitor, destacó. 

“Es bien triste, pero lamentablemente es parte de las dinámicas que se dan en las familias”, confesó según su experiencia. Recordó que el control cuando no es justificado siempre va a tener una consecuencia negativa.

Por su parte, la trabajadora social Córdova Campos añadió que muchas veces la justificación que presenta el menor para explicar el rechazo es un discurso ensayado o aprendido y sin fundamento que lo motiva a no querer sostener una relación con el otro padre. Un discurso que se refuerza y ellos lo reproducen. 

“Cuando no hay ningún evento entre el padre o madre y el menor que explique la motivación por el rechazo”, ejemplificó Córdova Campos al describir lo que suele pasar en los casos de alienación parental. El padre o la madre tiene derechos paternos, recordó. 

Destacó que es un daño que se produce paulatinamente con pequeñas acciones, como intentar privar al otro cuidador de todos los foros por los que puede saber del niño. Por ejemplo, el pediatra, el grupo de WhatsApp de la escuela o de un equipo deportivo, empieza a organizar actividades de mucha preferencia para el niño los mismos días que tienen visitas con la otra parte, entre otras medidas. 

A su vez, Fericelli Castillo agregó que hay muchos padres que tienen las visitas paterno filiales por teléfono y los cuidadores aprovechan para no tener batería, colgarles la llamada, entre otras acciones que provocan un alejamiento.

Incluso, Córdova Campos presentó que muchos cuidadores usan regaños, restricciones o castigos implementadas por el otro encargado hacia el menor para presentar un caso al tribunal. Lamentablemente, comentó que, según su experiencia como directora del Instituto de Terapia Familiar, en lo que el tribunal investiga y descarta la alegación, pasa un año como mínimo. De hecho, en el caso de muchos de sus pacientes en el Instituto, llegan a ocho años y el caso aún sigue sin solución. 

Explicó que el problema es que es un asunto clínico que se presenta en los tribunales. Reiteró que por la falta de conocimiento de muchos jueces sobre la ciencia de la conducta humana, factor que afecta los casos. “No entienden la necesidad de tomar decisiones oportunas a tiempo, criticó.

Fericelli Castillo añadió que en noviembre de 2020 se modificó la ley de adjudicación de custodia del 2011 y se pasó una ley que incluye el criterio de hacer evaluaciones de enajenación parental en las evaluaciones de custodia de menores. 

Mientras, el trabajador social forense, Iván De Jesús Furgosa, comentó que el error y los problemas que se han presentando ante el tribunal, son sobre la idea de que un profesional tiene que evaluar la enajenación parental. 

Argumentó que como trabajador social lo que se tiene que evaluar son los problemas de contacto, aspecto que pueden ser provocadas por enajenación parental, pero también pueden haber otras razones que puedan explicar estas situaciones como violencia familiar, falta de destrezas de crianza, relaciones entre sus hermanos, etc. 

“Si uno no considera la enajenación parental como una hipótesis, todas las evaluaciones de violencia doméstica o sexual, custodia, relocalización entre otros pudiesen estar sesgadas. Sin embargo, si lo considera como la única teoría, se está descartando la posibilidad de que sea abuso”, insistió.

Efectos de la alienación parental

Según Fericelli Castillo, lo más importante es poder identificar conductas enajenantes para trabajarlas y evitar efectos a largo plazo. Si no se atiende en sus etapas tempranas el producto de esto puede ser un niño con un problema de relación con una de sus figuras significativas, subrayó. 

Como consecuencia, mientras vaya creciendo el menor puede proyectar ese mismo problema o conducta en relaciones interpersonales o sentir mayor rechazo de otras personas, aspecto que baja la autoestima. Puede tener dificultad en establecer relaciones interpersonales o afectivas no saludables.

“Hace falta más acción en Puerto Rico, así como un mayor número de estudios en estas familias para aprender más sobre el fenómeno y facilitar su identificación”, precisó al explicar que tiene que haber un esfuerzo tanto de los profesionales de la conducta como del Poder Judicial. 

Por su parte, Córdova Campos comentó que respecto al menor, siempre hay una ambivalencia. Al inicio del proceso sienten que están siguiendo lo que le indica su progenitor, pero con el paso del tiempo y con la llegada de la maduración entra el sentimiento de culpa en el menor por lo que están haciendo. “Saben que quieren a su padre y que no le ha hecho nada, factor que distorsiona la personalidad del menor y puede provocar múltiples trastornos de salud mental”, alertó.

Puede tener problemas de seguridad, estableciendo relaciones de confianza, entre otros detalles añadió De Jesús Furgosa. Explicó que el problema es que la enajenación parental puede ser para denunciar un comportamiento equivocado de parte de uno de los progenitores o por razones no fundamentadas.

Por esto, es importante que todo personal estudiando el caso tiene que tener la capacidad para llevar a cabo los procesos evaluativos necesarios y tomar en consideración todas las posibilidades. Para esto, la persona tiene que estar educada en cuanto a la alienación parental, sus señales de alerta y sus etapas.