La Dra. Vanessa Sepúlveda, internista, geriatra y catedrática del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, alertó que el alzhéimer podría convertirse en una de las principales causas de muerte en Puerto Rico.

“Yo lo mencioné como algo que podría estar ocurriendo, especialmente en mujeres. No es oficial que sea la tercera causa de muerte, pero es inminente que se convierta en eso”, aclaró respecto a la más reciente publicación sobre el tema en Metro PR.

En este marco, el artículo resaltó que en 2024, Puerto Rico experimentó 2,993 muertes por alzhéimer, lo que iguala las cifras de fallecimientos por diabetes mellitus, según datos preliminares del Registro Demográfico. Más aún, de acuerdo con el Dementia DataHub de la Universidad de Chicago, en 2020, el 10.6 % de los beneficiarios de Medicare en Puerto Rico fueron identificados como casos de demencia con una alta probabilidad, superando los porcentajes registrados en estados como Florida (8.2 %) y Texas (8.1 %).

La longevidad femenina y su mayor incidencia de alzhéimer refuerzan esa tendencia.

Una de las barreras más serias para enfrentar esta condición es la falta de datos precisos. 

“Estamos hablando de una población de cerca de 800,000 adultos mayores. Estudios apuntan que el 12% podría tener alzhéimer. Eso son más de 80,000 personas. Y de esas, la mitad aún no ha sido diagnosticada”, explicó Sepúlveda, quien dijo que esa laguna estadística impide respuestas institucionales adecuadas.

Tener números es vital. Sin estadísticas no se puede exigir fondos ni justificar políticas públicas”, subrayó.

Cada vez más común y letal el alzhéimer

Por su parte, el Dr. José Carrión Baralt, psicólogo clínico, epidemiólogo y catedrático del Programa de Gerontología en la Escuela Graduada de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas, opinó que, aunque el alzhéimer es cada vez más común y letal, el país sigue careciendo de una base de datos sistemática que permita dimensionar con precisión la magnitud del problema. 

No hay datos confiables sobre la prevalencia del alzhéimer en Puerto Rico”, afirmó Carrión. Aunque ha realizado tres estudios sobre el tema, señaló que cada uno se basó en bases de datos distintas, Medicare, aseguradoras privadas y el Hospital de Veteranos, lo que dificulta las comparaciones longitudinales. 

“Necesitamos un flujo constante de datos, medidos de forma consistente cada año o cada seis meses”, reclamó.

Señaló que uno de sus estudios más relevantes, realizado con datos de Medicare del 2018, arrojó una prevalencia de 16.5% entre personas de 65 años o más en la isla, una cifra mucho más alta que la reportada oficialmente. Sin embargo, lamentó que esa base de datos pública no haya sido actualizada desde entonces. 

“No existe un mecanismo que nos diga si los casos están aumentando o bajando”, subrayó.

A juicio del Dr. Carrión, la falta de información confiable tiene raíces estructurales. 

“Se le entregó el campo de la salud a las aseguradoras, y los datos les pertenecen. El único que puede exigirlos con fuerza de ley es el Departamento de Salud, pero no lo hace”, precisó. 

En su experiencia, solo ha podido acceder a datos en ocasiones excepcionales, cuando ha coincidido con funcionarios comprometidos con la causa.

Sobre el alza en los diagnósticos, dijo que esto refleja un cambio positivo en el reconocimiento médico. 

Durante muchos años, se pensaba que perder memoria era parte normal del envejecimiento. Incluso se usaba el término ‘demencia senil’, que es inválido”, comentó. 

Gracias a iniciativas educativas en las que ha participado, cree que más profesionales están preparados para diagnosticar correctamente. 

“Posiblemente eso ha llevado a más médicos a educarse y tener mejores destrezas”, sostuvo.

Mientras, la doctora destacó que el Alzheimer se está volviendo más prevalente por múltiples factores: el envejecimiento acelerado de la población, el aumento de condiciones crónicas como hipertensión y diabetes, que elevan el riesgo, y una realidad social cambiante.

“Los hijos se han ido a Estados Unidos. Muchos adultos mayores se quedan solos, sin apoyo, sin quien los cuide. Y cuando llegan al hospital, escuchamos lo mismo: ‘No puedo llevarlo a casa, hay que buscarle un hogar’”, relató.

Sin embargo, dijo que muchos no pueden costearlo, y que hay hogares que pueden costar hasta $4,000 mensuales.

En ese contexto, Sepúlveda expresó preocupación por la exclusión del Departamento de la Familia en el diseño del nuevo plan estratégico de alzhéimer que trabaja el Departamento de Salud. 

“No sé las razones, quizás fue por falta de recursos, pero el Departamento de la Familia tiene un rol esencial”, afirmó. 

Ellos trabajan día a día con adultos mayores abandonados, sin hogar, sin recursos. Su personal necesita educación sobre el alzhéimer, desde el diagnóstico hasta el manejo”, mencionó.

Sepúlveda, sin embargo, destacó los avances del Departamento de Salud y su Coalición de Alzheimer, que busca unir esfuerzos interagenciales. 

“Hemos trabajado con Un café por el Alzheimer, llevando talleres por todo Puerto Rico: Carolina, Coamo, Aguadilla, y hasta el Departamento de Hacienda”, detalló. 

“La clave es la educación. Educación para profesionales de salud, trabajadores sociales y también empleados públicos de otras agencias. Esto nos toca a todos”, aseguró.

Aun así, el panorama sigue siendo alarmante.

“Lo que estamos viendo ahora es el producto de no haber atendido los factores de riesgo a nivel poblacional”, advirtió Carrión. 

Estos factores incluyen hipertensión, diabetes, obesidad, sedentarismo, depresión y dislipidemias, todos altamente prevalentes en la isla. 

Casi un 45% de las personas mayores tienen tres o más de estos factores a la vez”, detalló.

De cara al futuro, Carrión urgió por estrategias preventivas y por una implementación efectiva del nuevo Plan Estratégico de Demencia que el Departamento de Salud trabaja. 

“Lo que está en papel es bueno. El reto será convencer a los profesionales de la salud de acogerlo”, dijo. 

Para él, una verdadera respuesta a la enfermedad exige más que diagnósticos. 

“Faltan recursos para ofrecer consejería, fomentar actividad física, asegurar una dieta adecuada y apoyar a los cuidadores, que siguen estando solos, especialmente las mujeres”.

Para Sepúlveda, el futuro está en un registro nacional de casos bien estructurado, más recursos para diagnóstico temprano, y una colaboración institucional efectiva. 

“No es quién hace más o menos, es unirnos. Esta enfermedad afecta al paciente, pero impacta aún más a quienes los rodean. Por cada paciente, hay tres personas alrededor que también sufren”, sostuvo.

El alzhéimer avanza. Y aunque las cifras oficiales sean imperfectas, el impacto ya se siente. La urgencia es clara: educar, diagnosticar y actuar antes de que el olvido lo cubra todo”, concluyó Sepúlveda.