Margarita Rivera es una educadora en salud natural de Colombia y radicada en Puerto Rico hace más de 30 años. Cuando era adolescente vivió lo que llama “el amor de su vida” con Fernando Machado, pero dicha relación se esfumó una vez sus padres decidieron enviarla a Estados Unidos a estudiar.

Ella se casó, tuvo tres hijos y durante un periodo de 34 años vio al amor de su vida en una sola ocasión. Él había permanecido en Colombia donde también se casó y tuvo cuatro hijos. 

 

Publicidad

Todo cambió en verano del 2018 cuando Margarita, de 53 años, fue a Colombia a visitar a su mamá, quien estaba delicada de salud, y se dio un encuentro de desayuno junto a Fernando, de 54 años. Según describió, el amor que había sentido de adolescente se ha duplicado a partir de ese momento, vive uno de sus mejores momentos y dice que las relaciones a distancia sí son posibles, incluso, que tienen hasta un encanto. 

“El día del desayuno yo juraba que aparecería con la esposa. Nos buscó y fuimos a desayunar con mi hijo de 12 años que no se levantó de la mesa. Afortunadamente, dijo de entrada, que estaba separado. Nuestro amor fue puro, así que durante el desayuno rescatamos anécdotas. Me contó que cuando rompimos buscó una excusa (para el rompimiento) porque ya sabía que yo me iba a Estados Unidos a estudiar. Yo llevaba 20 años divorciada y sin salir en un date (cita) hace 8 años. Cuando nos despedimos, ese abrazo hubiese querido que fuera eterno”, relató Margarita.  

Apenas hace tres días que regresó de Colombia y la invade algo de tristeza pues en esta ocasión no sabe cuándo será el próximo encuentro con Fernando, que desde verano de 2018, se han mantenido aproximadamente cada tres meses viéndose. Él ha visitado Puerto Rico y ella ha ido a Colombia. 

 “Lo bueno de la distancia es que tuvimos todo este tiempo de hablar y conocernos, gracias a la tecnología gratuita, el WhatsApp y el Facetime (herramienta que tienen los teléfonos de Apple para poder hacer videollamadas). Tuvimos la oportunidad de reconocernos luego de un lapso de 34 años de vidas y experiencias. Nuestros hijos están felices, pero es difícil no poder vernos o tocarnos”, comentó.

El estatus de la relación es de “novios formales”. Hablan varias veces al día. Según Margarita, la distancia les ha permitido reconectar y encontrar cosas que tienen en común, como por ejemplo, la búsqueda de desarrollo espiritual. 

“Quizás si no hubiese la distancia, nos hubiésemos tirado por la parte sexual. La distancia nos ha permitido madurar la relación”, dijo. 

¿Cómo se alimenta el sentimiento desde lejos?

Se escriben continuamente, coquetean y tienen muchos detalles el uno con el otro.  Margarita asegura que para que la relación a distancia sea duradera y exitosa ambos tienen que ser pacientes, independientes, desapegados, no celosos y seguros de sí mismos. Subrayó la importancia de estar el uno para el otro. Por ejemplo, en momentos de dificultad, el tener al otro en “Facetime”, en el teléfono móvil, aun cuando esté en silencio, le ha permitido sentirse acompañada y con apoyo.

“A la larga lo que queremos es pasar el resto de nuestra vida juntos. ¿Cuándo? No sabemos. Tienen que ocurrir diferentes cosas como que mi hijo de 12 años se gradué de escuela superior y que él también eche hacia adelante a sus hijos. Tener pareja a distancia sí es posible. Nos alimenta la esperanza y la motivación de pensar que estaremos juntos, aunque no haya certeza del cuándo y el dónde”, concluyó.  

Aunque la historia de Margarita se desarrolló en un viaje de visita a su país natal, en Puerto Rico, luego del paso del huracán María, en septiembre de 2017, incrementó la cantidad de parejas que tuvieron y que tienen que mantenerse a distancia, según contó la psicóloga clínica Ileana Monserrate Rodríguez, quien atiende parejas en su consultorio. 

María disparó la necesidad de buscar estabilidad económica, calidad de vida, mejor condición de vivienda. Eso ha separado parejas. También, muchos jóvenes en edad universitaria tienen relaciones a distancia. 

Según la experta, para que una relación a distancia sea exitosa, ambos miembros deben tener capacidad emocional y estar comprometidos con la relación. 

”Muchas veces en la pareja no necesariamente se está dispuesto a luchar. También, tiene que ver la madurez que tenga la pareja, que lleven un tiempo que se hayan conocido, que conozcan las debilidades las fortalezas, que sean honestas, que se hablen de lo que están pasando y no bloqueen sus sentimientos. Muy importante es la comunicación. Y que cuando hablen, se escuchen qué está pasado uno y otro en sus respectivos lugares”, dijo. 

Según expuesto por pacientes de Monserrate, los pros de la relación a distancia es la excitación que surge al pensar que se juntarán pronto, que cambiarán de ambiente y que quizás prueben experiencias nuevas cuando se encuentren.  Los contras de la relación a distancia es la soledad que puede surgir para una de las partes. También, puede ocurrir que haya desigualdad en la carga de responsabilidades. Por ejemplo, una persona que se fue a Estados Unidos a trabajar está luchando por la permanencia y trabajando sacrificadamente, mientras su pareja en Puerto Rico tiene la carga de manejar la distancia y hacerse cargo del hogar, y de los hijos si hubiese, sumado a la adaptación al nuevo hogar en caso de que se fuesen a mudar para la reunificación.

Los celos y las inseguridades son los peores enemigos de las relaciones a distancia. También, a veces pasa, que la pareja va distanciándose emocionalmente y a hacer vidas separadas. Sus intereses van cambiando. 

“Eso a la larga puede traer la ruptura”, dijo la psicóloga.  

Las relaciones a distancia provocan o agravan trastornos de ansiedad y depresión que también son tratables. Monserrate recomienda, en su práctica, la búsqueda de grupos de apoyo, y también refiere a psicólogos que conoce en distintos estados para que haya una sincronía en la terapia que ella ofrece en Puerto Rico y la que recibe la otra parte en Estados Unidos. 

“Aconsejo que busquen grupos de apoyo de personas que puedan estar pasando lo mismo, que tengan culturas parecidas, también que los expertos que vayan a atenderlos sean hispanos o culturas parecidas”, dijo.

(Nota del editor: La entrevistada prefirió mantener sus nombres protegidos, por lo que fueron cambiados).