“Hombres de alto valor” es la frase más trillada en el creciente aumento de discursos misóginos, supremacía masculina y extrema derecha que en actualidad están disponibles en todos los contenidos de Internet, incluyendo pódcasts y Tik Tok. Así, detrás de una cámara y un micrófono, cualquier individuo que repite narrativas machistas y violentas hacia la mujer, se convierte en referente para adolescentes y jóvenes.

Tal es el caso del aumento en seguidores del movimiento incel y del afán de imitar, a través de pódcasts, los pasos Andrew Tate, una personalidad de Tik Tok que se ha convertido en un referente juvenil al buscar reivindicar los roles de género tradicionales, asegurando que las mujeres son propiedad de los hombres, que no son capaces de ejercer ninguna profesión bien y que de estas faltar el respeto, deben ser castigadas. 

La mayoría de su contenido, según una investigación de la organización Hope Not Hate, es consumido por jóvenes entre 16 a 24 años; un 45 por ciento de estos tenía una opinión positiva sobre Tate al entender que este personaje solo quiere que los hombres sean hombres de verdad.

Desde el 2023, Tate es investigado por diversas acusaciones de agresión sexual.

Asimismo, la tendencia incel se manifiesta con violencia hacia las mujeres, quienes son culpables, de acuerdo a lo que expresan los hombres en foros y comunidades virtuales, de no poder tener relaciones afectivas y sexuales.

Un grupo de especialistas de la Universidad Oberta de Catalunya, en Barcelona (España), coinciden en «Los incels: cuando la frustración masculina se convierte en odio« que el movimiento tiene vínculos sociales y psicológicos, y que algunos van a estos foros para compartir su rabia al percibir que perdieron en un tipo de “lotería genética” que les permitiría agradar a las mujeres.

Creen, además, que la falta de habilidades sociales, combinada con experiencias de rechazo y una frágil autoestima, contribuye a la consolidación de este sentimiento de marginación, citando investigaciones como Evolutionary Psychological Science que detalla que hasta un 75 por ciento de incels tenían un diagnóstico clínico de depresión grave o moderada, y el 45 por ciento experimentaba ansiedad grave. 

Según el trabajador social José Yamil Montañez Agosto, especialista en masculinidades, pese a que se cree haber alcanzado mucho en materia de equidad de género a nivel local e internacional, es un error pensar que el machismo ha sido erradicado y ante ello se ha visto un resurgir de narrativas machistas, especialmente en redes sociales, en donde proliferan discursos que promueven relaciones desiguales de poder, control y dominación de los hombres sobre las mujeres.

Montañez Agosto dijo que, este fenómeno se evidencia particularmente en la llamada manósfera, una red de contenidos -dirigidos a jóvenes- que apelan a un ideal de masculinidad basado en el control, el éxito económico, y la superioridad sobre las mujeres. 

Discursos que se presentan como respuestas al “avance del feminismo”, cuando en realidad refuerzan estereotipos patriarcales muy dañinos, afirmó el trabajador social. 

Andrew Tate no es el primero, pero sí una de las figuras más influyentes de la manósfera actual. Su impacto es preocupante, sobre todo porque sus mensajes llegan fácilmente a jóvenes a través de plataformas digitales. Estos discursos explotan el sentimiento de pérdida o confusión que muchos varones experimentan ante los cambios sociales y les ofrecen una narrativa falsa; que ser hombre está siendo atacado y que deben recuperar el control”, explicó a Es Mental.

Estas ideas no solo laceran la dignidad de las mujeres, sino que también perpetúan modelos masculinos que dañan a los propios hombres; alejándose del autocuidado, de su salud emocional, de relaciones basadas en el respeto y la igualdad, sostuvo.

Quienes trabajamos con hombres desde una mirada crítica del patriarcado vemos cómo este tipo de contenido alimenta una frustración peligrosa que puede escalar a violencia, aislamiento o problemas de salud mental”, continuó. 

Puerto Rico no es la excepción en esto, ya que existe un ecosistema que reproduce estos discursos, de acuerdo al trabajador social. Cada vez son más los hombres que buscan imitar a Tate con contenido digital que promueve el machismo abiertamente.

“Escuchamos cosas como ‘no necesitas terapia, solo ve al gimnasio’, lo cual trivializa condiciones reales como la depresión o la ansiedad. Es una mezcla peligrosa de desinformación, machismo y culto a la productividad”, enfatizó. 

Por su parte, el doctor Jaime Salgado, psicólogo, hizo hincapié en que, desde la psicología, se reconoce que la exposición constante a este tipo de discursos puede normalizar la violencia, alimentar el odio, disminuir la empatía y reforzar la idea de que las relaciones deben estar basadas en poder y control. 

Esto puede traducirse en dinámicas de pareja negativas, dificultades en la autorregulación emocional, sintomatología de ansiedad, estrés prolongando, inseguridad, falta de confianza e incluso en la justificación de la violencia de género.

El impacto de figuras como Andrew Tate en la salud mental colectiva es preocupante. Su discurso, que normaliza la dominación masculina, reduce a las mujeres a objetos de control y refuerza creencias machistas, que muchas sociedades llevan años intentando cambiar. Estos mensajes no solo afectan a las mujeres, quienes pueden sentirse desvalorizadas, deshumanizadas o en peligro, sino también a los hombres, al imponerles un modelo de masculinidad rígido, insensible y violento como estándar de éxito”, reiteró el doctor.

Por lo que, se debe reconocer que el machismo y la violencia de género no se han erradicado, sino que han adoptado nuevas formas, muchas veces más sutiles o disfrazadas de “libertad de expresión”, aseguró el psicólogo. 

La especialista en salud mental, Verónica Salas Robles, comentó que este contenido promueve un retroceso a la hora de promover modelos de masculinidades más saludables y por eso existen grupos en línea que, en su “intento” de ayudar a los hombres a ser “de alto valor”, atentan contra la salud mental de hombres y mujeres.

Mencionó, a modo de ejemplo, que este tipo de contenido en línea (y figuras como Tate) tiene impacto sobre la normalización de la misoginia, que promueven actitudes de desprecio y odio hacia la mujer y aumenta el riesgo de violencia de género. 

También que estos personajes usualmente ridiculizan la vulnerabilidad emocional, la terapia o la ayuda psicológica, perpetuando el estigma y reduciendo la probabilidad de que los hombres busquen ayuda real, porque relacionan todas estas cualidades con ser débil o actuar como una mujer.

“Muchos jóvenes que entran a estas comunidades buscan orientación o conexión y lamentablemente terminan escuchando narrativas de victimización masculina y explotación de sus inseguridades como hombres”, expresó la psicóloga.

“Promueven una visión rígida y violenta de la masculinidad, que a la vez ridiculiza la expresión emocional, fomenta el control y el poder como ideal masculino y genera dificultad en desarrollar y sostener relaciones afectivas”, puntualizó Salas Robles.

Finalmente, el doctor Salgado recordó que para abrir los ojos como sociedad, es importante fomentar una educación con perspectiva de género desde edades tempranas, promover el pensamiento crítico y enseñar a diferenciar entre discursos de crecimiento personal a discursos que encubren el odio, la desigualdad o la violencia.

También es clave dar espacio a voces que promuevan nuevas masculinidades, la equidad y el respeto mutuo. 

“No basta con señalar lo que está mal; hay que ofrecer modelos saludables de convivencia y relaciones, tanto en la familia como en las escuelas, los medios y las redes”, finalizó.

Consejos adicionales 

  • Consumir contenido crítico y diverso: Buscar voces que promuevan otras formas de ser hombres, no basadas en la dominación o el éxito material.
  • No romantizar a figuras problemáticas: Cuestionar a quienes promueven violencia o desprecio hacia las mujeres, aunque tengan miles de seguidores.
  • Reflexionar sobre el tipo de contenido que se consume y comparte. Preguntarse si aporta, si educa o si perpetúa estereotipos.
  •  Promover nuevas masculinidades: Reforzar la idea de que ser hombre no significa dominar, sino también saber cuidar, sentir, comunicar y respetar.
  • Ser modelo: Lo se dice importa, pero lo que se hace aún más. Cuestionar antes de compartir en redes: ¿Es edificante?, ¿Representa?, ¿Va con los valores con los que me identifico? Si la respuesta es no, mejor no compartirlo.