La llegada de una tormenta o huracán en Puerto Rico causa una vorágine de emociones y dispara los niveles de ansiedad entre los ciudadanos debido a los traumas colectivos vividos durante el huracán María.
Tan solo basta con encender el televisor, escuchar la radio y/o entrar a las redes sociales para que una persona se exponga al bombardeo constante de información sobre el evento natural. Esto provoca, a nivel cerebral, que haya una reacción sobre alguna amenaza percibida, y se anticipen peligros o posibles pérdidas.
Así es como la ansiedad podría hacer acto de presencia y manifestarse de diversas maneras en cada persona. Pueden aparecer el miedo, la preocupación y los pensamientos catastróficos. Asimismo, provocar un aumento en la frecuencia cardíaca, falta de aire, entre otros.
Según la doctora Irma Torres Rivera, psicóloga clínica, la llegada de un ciclón trastoca muchas emociones entre las personas, pues refresca las memorias vividas aquel septiembre del 2017 y hace recordar la ineficiencia del estado y las agencias.
“Nuestro cerebro constantemente está haciendo estas ‘películas’. Pensamientos que no son reales, porque no están pasando en el tiempo presente, y que son resultado de una información que ya has procesado por otro medio; que los hayas vivido tú, que lo haya vivido alguien que conoces o que estés bombardeado en las redes sociales”, explicó la doctora Torres.
La doctora Karenys Michelle Ramos Padilla, psicóloga clínica, recordó que la ansiedad es una respuesta natural ante experiencias traumáticas, como las que se relacionan con desastres naturales. Por tanto, los síntomas de la ansiedad pueden intensificarse considerablemente cuando se anuncian eventos atmosféricos, tales como huracanes, tormentas, lluvias o inundaciones.
“Los pensamientos catastróficos pueden enfocarse en los peores escenarios, alimentando el miedo y la preocupación. Lo cual puede nublar nuestra capacidad para concentrarnos y tomar decisiones; afectando así nuestra planificación”, compartió Ramos Padilla.
“También, cercano al momento del evento, se podrían notar cambios en los patrones de sueño y apetito, junto con síntomas físicos como dolores de cabeza, tensión muscular, fatiga y problemas digestivos”, agregó.
La psicóloga aseguró que vivir en Puerto Rico, una isla del Caribe constantemente amenazada por eventos naturales (así como factores sociales), conlleva una carga emocional y física significativa para sus habitantes.
De tal manera que, la exposición recurrente a estas amenazas, junto con la incertidumbre y la ansiedad que las acompañan, puede tener repercusiones profundas en la salud mental y física de la población.
“Me parece que nada más con saber que comienza la temporada de huracanes, a muchos de nuestros compatriotas se les eriza la piel. Súmale a eso, cuando hay fallas en el sistema eléctrico o cuando vemos las extensas filas en las gasolineras o en los supermercados. Si no son las circunstancias las que inician los síntomas físicos, bien podrían ser nuestros pensamientos o emociones las que los desencadenen”, detalló.
Por su parte, la licenciada Liz Bonilla, psicóloga, afirmó que en Puerto Rico, por ejemplo, existen poblaciones más vulnerables que otras, tales como los niños. Estos se ven significativamente impactados de forma emocional y también académicamente, con la posposición del regreso a clases.
Otra población vulnerable son los adultos mayores, quienes no cuentan con apoyo y, ante el paso de un evento natural, experimentan sus necesidades desde el aislamiento.
Asimismo, personas atravesando violencia de género, exponiéndose a tener que pasar la situación junto a su agresor.
“También hay casos en los que el estar en el encierro provoca mayor incidencia en eventos de agresión”, sostuvo.
El personal rescatista o de primera respuesta, expuestos a escenas de alto contenido emocional y de un agotamiento físico extremo por las largas jornadas de asistencia.
También las personas con condiciones de salud, que requieren uso de energía eléctrica para su tratamiento y medicamentos y las mascotas, quienes, además, atraviesan estrés por el paso de un ciclón.
Manejando la ansiedad
La doctora Torres Rivera recalcó que todas las personas son diferentes y tienen recursos diferentes manejando sus emociones. Habló, por ejemplo, de aquellas que ponen en práctica la atención plena o mindfulness, que permite a una persona a enfocarse en lo que está en su control y no considerar las situaciones -meramente- como buenas o malas.
“Es una gran herramienta para que las personas puedan regular su atención. Se puede hacer tanto con métodos de respiración, sensoriales o algunos ejercicios cognitivos”, dijo.
Recomendó a las personas a mantenerse informadas, pero no sobreinformadas, pues el bombardeo de información podría repercutir sobre la salud emocional.
Por su parte, Ramos Padilla aconsejó buscar apoyo y enfrentar lo que venga con esperanza y determinación.
Finalmente, Bonilla apuntó a la importancia de establecer un plan de emergencia (que incluya a los menores para disminuir la ansiedad) y poner en práctica técnicas de relajación para activar el sistema parasimpático, la meditación y escuchar música agradable y relajante.
Además, buscar alternativas de ocio, como lectura o juegos de mesa, platicar con una red de apoyo, escribir o grabarse hablando de sus emociones.
“Si se percibe dificultad emocional aún luego de varios meses del evento, siempre es buena opción sacar cita con un profesional de la salud mental”, concluyó.




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