La presión social y la cultura pueden influir en que una persona tenga temor a estar sin pareja. Sin embargo, cuando este miedo se da de forma irracional y provoca daños en la vida de la persona, podría tratarse de un trastorno de salud mental llamado anuptofobia.

De acuerdo con la psicóloga Gretchen Nicole Casillas Canales, para que una persona sea diagnosticada con la distorsión debe de ser porque el miedo por tener pareja interrumpa su vida y lo o la afecte en todos los ámbitos, de manera incapacitante. Además, detalló que debe presentar síntomas durante seis meses o más.

 

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“No es lo mismo que sea una preocupación, a que se manifiesten ideas irracionales que cumplan con los criterios del trastorno de la ansiedad”, especificó.

Describió que físicamente la persona puede tener taquicardia y sudoraciones excesivas.

Por su parte, el graduado en psicología en la Universidad de Barcelona, Jonathan García Allen, publicó un artículo titulado La anuptofobia: el miedo irracional a quedar soltero, donde resaltó que la anuptofobia puede también provocar falta de aire y sequedad en la boca.

“La otra persona se va a convertir en tu prioridad y te vas a olvidar de ti”, puntualizó.

De igual manera, Casillas Canales continuó al establecer que cognitivamente la persona expresa con frecuencia que nunca se va a enamorar, que no es digno de que una persona lo o la quiera, que va a acabar solo o sola, que no sirve, entre otras aseveraciones que afirmen su bajo nivel de autoconcepto o autoestima.

Por el otro lado, en el plano de la conducta, la experta en salud mental señaló que la persona suele buscar sobreaprobación de las personas y tienden a ser sobrecomplacientes.

Sin embargo, enfatizó en que las personas que padecen de anuptofobia no necesariamente son solteras.

La también psicooncóloga puntualizó que previo a la pandemia no había visto la manifestación de la anuptofobia entre sus pacientes. No obstante, sí había visto a mujeres que por tener miedo a estar solas y no tener pareja deciden quedarse en un ciclo de maltrato.

Por su parte, la licenciada en psicología, Patricia Acevedo López, aseguró que el que la persona tenga ansiedad por tener pareja también puede concluir en que la persona termine en una relación que no sea conforme a sus expectativas.

De manera similar, Casillas Canales explicó que actualmente la gran mayoría de sus pacientes con síntomas del trastorno se niegan a abandonar su relación por no quedar sin pareja.

Aclaró que comúnmente surgen problemas de codependencia que imposibilitan que la persona decida dejar a la persona con quien está.

“Puede ser que la persona no valore a la otra y que por tener el trastorno la persona no vea que no es saludable lo que tienen. Simplemente va a estar feliz de estar en una relación”, ejemplificó.

De estar en el inicio de conocer a una persona, añadió que personas con el diagnóstico pudiesen confundir las intenciones e imponer una relación errónea o no correspondida.

Identificar la raíz del trastorno

Acevedo López advirtió que es importante considerar la causa del fenómeno antes de discutir cómo se manifiesta, pues un aspecto depende del otro.

Precisó que la persona puede que sienta un vacío que busca llenar con su pareja o tener dependencias económicas.

Agregó  que la persona pudo haber heredado la preocupación de sus padres, si es el caso de que uno de ellos se quedó sin pareja.

No obstante, ambas especialistas en la salud mental concluyeron que la raíz principal del problema viene de un factor social: la exigencia social de reproducirse.

“Hay una presión social evidente: nos graduamos de la universidad, buscamos un trabajo y culminamos con una pareja. Esa es la definición de la realización de una persona, según la sociedad”, evidenció.

Asimismo, Casillas Canales adjudicó el problema a un factor cultural, específicamente al machismo.

Determinó que la mujer es quien más manifiesta el trastorno porque, por lo general, es la persona más impulsada a reproducirse.

Del mismo modo, sostuvo que cuestionar la sexualidad de una persona, o pensar que hay algo mal con ella por no haberle presentado formalmente a su familia una pareja, es parte de los perpetuadores del problema.

Por otro lado, mencionó que las personas subestiman a la ansiedad y piensan que es un sentir normal. No obstante, exaltó que, de no ser atendido, lo que inició como una “bobería” puede culminar con la vida de una persona o con el desarrollo de trastornos como la anuptofobia.

Casillas Canales apuntó que las experiencias traumáticas o una relación o dependencia no saludable durante la crianza pueden inducir el desarrollo del trastorno.

A su vez, García Allen hizo hincapié en su artículo sobre la posibilidad de que sea el resultado tanto de la falta de cariño o apoyo social que reciba, como de exceso de protección.

Autoevaluación

Acevedo López subrayó la importancia de evaluar la razón por la que se busca tener una pareja.

Además, exhortó que se examinase su comportamiento más reciente, saber determinar qué conductas han cambiado o se deben trabajar.

“¿Qué cambios he visto? ¿Me paso todos los días verificando mis redes sociales o las páginas para buscar pareja? ¿Estoy constantemente atenta a los mensajes de un interés amoroso?”, sugirió como premisas iniciales.

Por su parte, Casillas Canales recomendó evaluar qué observa dentro de su relación y, de no estar en una relación, ver los indicadores como: ansiedad desproporcionada, solo querer hablar de tener una pareja, hacer publicaciones con el fin de atraer a una pareja o para tratar de agradar a otro, entre otros.

Posibles tratamientos

Como solución ambas psicólogas sugirieron buscar ayuda de un profesional con quien pueda trabajar su autoestima y examinar la raíz del problema.

García Allen comentó que la educación emocional debe de ser estimulada, fomentada y atendida desde temprana edad.

A su vez, Casillas Canales ideó la terapia cognitivo conductual para poder trabajar con los pensamientos, conductas y emociones. Sin embargo, especificó que debe de ser de manera voluntaria el tratamiento.

“Una persona que tiene autoestima va a esperar que las cosas sucedan cuando tengan que ocurrir, no por presiones sociales”, concluyó.