El arrepentimiento luego de una cirugía de reafirmación de género es muy raro que ocurra, según la literatura científica y estudios sobre el tema.

Un estudio, que fue publicado de JAMA Surgery, reveló que menos del 1% de los pacientes que se someten a este tipo de cirugía se arrepienten. Mientras que la literatura indica una incidencia entre el 0.2% y el 3%.

También, según la investigación de la cirujana e investigadora del tema, Breanna Jedrzejewski, la que analizó un total de 2,863 procedimientos de 1989 pacientes, hechos entre el 2016 al 2021 en el Oregon Health & Science University (OHSU), sólo seis pacientes solicitaron cirugía de reversión o volvieron a su género asignado al nacer. 

Otras cinco pacientes adicionales que se sometieron a cirugía fuera del OHSU presentaron solicitudes de reversión o se sometieron a cirugía para la transición en curso a otro género. Como conclusión, la tasa del estudio de Jedrzejewski es de 0.3% de arrepentimiento, acorde con las tasas de 0.2% a 3% de la literatura sobre el tema.

Distintos tipos de arrepentimiento

Jedrzejewski explicó a Es Mental que hay distintos tipos de arrepentimiento. Las personas pueden arrepentirse del tipo de cirugía, del momento en el que se la hicieron o por cómo su entorno reacciona.

Mencionó que actualmente son menos los requisitos para hacerse esta cirugía. Aseguró que ya no se requiere una carta de un profesional de salud mental para hacerse las cirugías de pecho y ahora se requiere solo una carta para la de los genitales, en vez de las dos que antes se exigían. Sin embargo, subrayó que son pocas las personas que se arrepienten, como tal, de la reafirmación de género.

Las cirugías de reafirmación de género van más allá de la estética. La gran mayoría de los pacientes afirman que su vida cambió y que por fin lograron obtener lo que habían soñado, dijo, por su parte, el cirujano en la Universidad Libre en Colombia, Álvaro Rodríguez.  

Hay muchas emociones, hay personas que se deprimen con los recuerdos del camino que atravesaron para llegar ahí, otras se sienten solas por falta de un círculo de apoyo, pero en definitiva lo que más expresan es gratitud, expresó Rodríguez.

Generalmente las personas que se arrepienten no han llevado a cabo la valoración o acompañamiento previo como grupos de apoyo y recursos de salud mental, entre otros, dijo Rodríguez. Cuando el procedimiento se hace según los protocolos que estipula la ley, la tasa de arrepentimiento es mucho más baja, enfatizó. 

Rodríguez aclaró que los casos de insatisfacción están más relacionados con el aspecto estético, afirmación con la que coincidió Jedrzejewski. “Este disgusto puede pasar en cualquier cirugía estética, en ocasiones se puede mejorar y en otras no se debe porque puede producir un problema funcional o mayores complicaciones”, aclaró. 

La perfección en la medicina no existe y la variedad de los genitales es infinita, cada resultado es único, explicó Rodríguez. Se trabaja con los tejidos y la anatomía que la persona tiene para que quede lo mejor posible, por ende, ningún resultado es imitable. 

Por su parte, el trabajador social clínico y representante de la Fundación TrueSelf, Alejandro Santiago, agregó que en su caso, el arrepentimiento puede estar relacionado a cómo reacciona el entorno social de la persona ante la cirugía y los cambios que implican. Describió al proceso como un duelo, una despedida de la persona que conocían para darle la bienvenida a una identidad nueva.

Más allá de las organizaciones, recursos y círculos de apoyo, no existen guías para padres, madres o encargados de personas dentro de esta transición, indicó Santiago. Asimismo, los recursos que se les ofrece antes de la cirugía no siempre son interdisciplinarios, criticó. 

Mientras, comentó que, en el caso de los hombres trans, a pesar de que el cambio que provocan las hormonas es significativo, lo masculino siempre es aceptado, factor que incide en el acceso.

Agregó que dentro del arrepentimiento, entra el acceso y la feminización del cuerpo. Las personas, en algunos casos, arrastran los prejuicios o estereotipos de cómo debe ser una mujer, y esto afecta lo que es su percepción del resultado final de la cirugía.

En el caso de los hombres, también arrastran discursos opresivos para afirmar su género. “No sabía que mi nivel de libido iba a subir, que iba a generar calvicie, que iba a tener más vello”, mencionó como algunas de las dificultades que provocan rechazo, según Santiago. 

Añadió que hay muy pocos profesionales que ofrecen la cirugía. En términos de aceptación del entorno social, tener acceso al tratamiento de hormonas desde temprana edad, es diferente a tenerlo a los 40 o más adelante. Hay personas también que se hacen el proceso, no sobreviven la reacción social, vuelven a su género biológico y después de fortalecer su salud mental, regresan a su identidad de género real, expresó.

De acuerdo con Jedrzejewski, uno de los obstáculos principales para las personas interesadas en hacerse estas cirugías es el clima socio-político. No hay acceso para éstas en todos los espacios, factor que tiene que ver con la hostilidad y el rechazo que persiguen a esta práctica. Asimismo, el prejuicio afecta al número de proveedores que ofrecen estos servicios, que es poco. 

En Latinoamérica hay una falta de acceso a este tipo de intervenciones y muy pocos profesionales que se dediquen al tema, lo que provoca mucha movilidad por parte de las personas interesadas, expresó Rodríguez. Esto implica un costo adicional, señaló. En este marco, Santiago dijo que este ambiente se ve reflejado en Puerto Rico, donde no hay suficientes profesionales que se dediquen al tema.

Consecuentemente, otra situación que puede hacer más difícil el considerar hacerse esta cirugía es la movilidad que implica este tipo de cirugías. “No es solo viajar para la cirugía, sino que unas semanas y tal vez meses adicionales para el cuidado post-cirugía, más si hay complicaciones”, estimó Jedrzejewski.

Rodríguez aseguró que poco a poco van a haber más profesionales que se encarguen de esta cirugía, pero que el problema es con qué motivos harán las mismas. Opinó que el riesgo que existe es que, si se hace por el dinero, es más difícil que puedan ofrecer los mejores servicios y provean una atención óptima a los pacientes. 

Consecuentemente, dijo que puede ser que entren a cirugía a pacientes que no estén preparados, que operen sin ofrecer asistencia post-operación y que la persona se sienta abandonada o que se haga sin ningún tipo de especialización profesional. Asimismo, reconoció que otro problema que afecta el proceso pre y post operación son los mitos que hay sobre el tema. 

A largo plazo, la mayor parte de las personas ven mejoras en su salud mental. A corto plazo, muchos pacientes no viven bien el dolor, no anticipan las sensaciones post-operación, no tienen el mejor equipo de apoyo, comentó Jedrzejewski.

Los problemas investigando estos temas es que las personas, al leer los hallazgos de la investigación, se enfocan en las situaciones o resultados negativos, las subrayan, sacan de contexto, entre otros acercamientos que afectan y crean mayor estigma. Las demás cirugías estéticas tienen mayores tasas de arrepentimiento y no se le presta tanta importancia. En este caso, muchos de los pacientes están aún más preparados para tomar la decisión por el protocolo que conlleva previo, subrayó Jedrzejewski.