“Viví 37 años de mi vida culpándome por algo que yo no tenía que culparme, por algo que no tenía que vivir”, con estas expresiones la periodista y productora puertorriqueña de Despierta América, Astrid Rivera, relató públicamente el abuso sexual que vivió por parte de un miembro de su familia cuando apenas tenía 7 años. 

Como otras tantas mujeres, Rivera había guardado en su interior lo vivido desde muy niña, pero tras un proceso de sanación emocional y entender que era el momento de contar su historia, se armó de valor para hacerlo, y esta vez en uno de los programas de televisión más populares entre hispanohablantes. 

Aquel 11 de mayo de 2022 relataría que ella también era sobreviviente de abuso sexual infantil y que perdonaba a quienes, por no separar una familia, normalizaron la situación.

“Yo me acuerdo de ese día, como a eso de las 8:00 a.m. leí el tema que abordaríamos (sobre abuso sexual) y comencé a llorar. Me preguntaba cómo podría mantener la compostura porque mi papá no lo sabía aún y también por todo lo que encierra este tipo de confesiones. Pero hemos llegado a un momento de la sociedad que ya no estamos para seguir calladas”, detalló Rivera en entrevista con Es Mental.  

Astrid Rivera, periodista y productora puertorriqueña.

Precisamente la comunicadora se quebrantó en medio de un panel de integrantes de dicho programa  luego de escuchar el testimonio de una niña de 14 años sobreviviente de abuso sexual por parte de su padre, un actor mexicano reconocido en su país.

“Seguíamos hablando del tema y obviamente me quebranté. Cuando me preguntaron por qué reaccioné así, ahí es que cuento mi historia”, manifestó. 

Por mucho tiempo Rivera sintió haber sido silenciada y, ante esto, describe que sus recuerdos fueron bloqueados, una característica de inhibición que puede ocurrir luego de vivir eventos traumáticos. 

De hecho, invalidar un testimonio o silenciar a una víctima y/o sobreviviente puede tener efectos en la salud mental, especialmente si se trata de menores, según la doctora Melanie Rodríguez Prosper, psicóloga clínica.

“Muchos se quedan con esos pensamientos de que ‘nadie me protegió’, ‘nadie me cuidó’, ‘por qué nadie hizo nada’. Esto provoca confusiones, miedos, dolores emocionales, conflictos interiores, que no se llegan a procesar de forma saludable, porque son minimizados”, explicó. 

Y la situación, como si se tratara de un efecto dominó, podría desencadenar implicaciones más significativas, que van desde depresión, miedo, problemas en la manera de relacionarse y hasta de expresarse con quienes considera su familia y/o amigos. 

Asimismo, se puede manifestar a través de ansiedad, ya que muchos de estos niños y niñas suelen seguir siendo expuestos a sus agresores por tratarse de integrantes de una familia.

“Cuando tú no quieres que te expongan a esta persona que atentó contra tu seguridad, te da miedo, ansiedad y también coraje y esto, muchas veces, en la adultez resulta en ataques de pánico súbitos”, afirmó. 

Esencial buscar ayuda profesional tras un abuso sexual

A nivel mundial, una de cada tres mujeres ha experimentado una agresión física o sexual por su pareja o algún familiar y, según la Organización Mundial de la Salud, más del 60 por ciento de las sobrevivientes de algún tipo de violencia no busca ayuda.

Para Rodríguez Prosper, un profesional de la salud mental puede ser esencial a la hora de comenzar el proceso de sanación, ya que muchos proporcionan las herramientas adecuadas para revisitar ese pasado y sanar con el niño interno. 

“Ese trabajo activo y consciente, de adulto, te va a ayudar a ir sanando esa herida, para que no cargues con esas emociones tan densas a lo largo de tu vida por eso que te pasó y puedas ir alivianando ese equipaje emocional”, señaló. 

Es como ir a tu pasado a hacer las paces con eso eso que pasó, para que tú puedas liberar de esa carga emocional”, agregó la doctora. 

Para Rivera, precisamente, ese perdón a su niña interior y decir que lo que pasó no fue su culpa, ha sido parte de su clave para hoy poder apalabrar que es sobreviviente de abuso sexual familiar. 

“Es un proceso de altas y bajas. Yo abracé a esa niña y también abracé la posibilidad de entender que existe una mejor vida para mí y que puedo ser mi mejor versión”, concluyó la comunicadora.