Los casos de COVID-19 han ido en aumento desde mediados de julio en Puerto Rico, según datos del Departamento de Salud. 

Sin embargo, se espera que el pico de casos pueda verse en las próximas semanas, según expertos entrevistados, quienes exhortan a tomar medidas de precaución ante una enfermedad que permanece presente en la comunidad.

Para la semana del 23 al 29 de agosto, se reportaron 2,943 casos, lo cual representa una alza de cerca de casi 750 casos comparado a la semana anterior. 

Los niveles de transmisión comunitaria son altos en varios municipios del centro-este de Puerto Rico, como San Juan, Caguas y Carolina, según el “Resumen Ejecutivo Situación Covid-19 en Puerto Rico”. Un total de 50 municipios se encuentran con niveles de transmisión altos y 15 en un nivel sustancial. 

La COVID-19 se ha convertido en una enfermedad endémica, lo que significa que siempre está presente en la población, explicó la doctora Cruz María Nazario, epidemióloga y profesora retirada del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico. Datos del Departamento de Salud enseñan que han habido casos a través de todo el año. 

“Es una enfermedad que está presente siempre en la comunidad y que depende de la temporada aumenta el número de casos”, dijo Nazario.

La Covid-19 suele aumentar para esta época porque se acaba el verano y las personas suelen hacer más actividades en espacios cerrados donde sube la posibilidad de transmisión, dijo Nazario. En particular, apuntó al comienzo de clases escolares como un punto que puede causar un aumento en casos de COVID-19. 

Del 23 al 28 de agosto, se identificaron 22 brotes de COVID-19 en instituciones educativas con un total de 68 casos asociados, según datos del Departamento de Salud. Todos excepto uno de estos brotes se dieron en escuelas públicas K-12 y la única excepción se dio en una escuela privada K-12. La distribución de estos brotes se concentró mayormente en las regiones de salud de Bayamón, Ponce y la área metropolitana, donde hubo ocho, cuatro y tres brotes, respectivamente. 

El grupo de edad con la tasa de positividad más alta es de 40 a 49, con una tasa de 29.85%. Mientras tanto, las personas con 10 a 19 años tienen la segunda tasa más alta: 24.55%. 

“Cuando empieza un pico nuevo es porque el virus ha mutado, se ha puesto un trajecito diferente para atacarte. Aunque estés inmunizado para otros tipos, cuando te da este nuevo, ahí te enfermas”, dijo Nazario. La vacunación ayuda a no enfermarse severamente. Se recomienda que las personas en riesgo de contagiarse se vacunen anualmente para proteger de variantes nuevas. 

Nazario estimó que el pico de casos de la COVID-19 se verá en tres o cuatro semanas.

El comienzo de la pandemia de la COVID-19 llevó a la saturación de los sistemas hospitalarios porque hubo un aumento repentino en hospitalizaciones por la infección que todavía no tenía tratamiento, encima de los asuntos rutinarios que los hospitales atienden, explicó el doctor Lemuel Martínez Bonilla, infectólogo. Gracias a la vacunación y nuevos tratamientos para la COVID-19, esta saturación —la cual causó el colapso del sistema hospitalario en varios países y estados— ya no ocurre. 

“Ya nosotros tenemos cierto grado de exposición. No causa el mismo impacto de que se tengan veinte o treinta pacientes hospitalizados diarios en un solo hospital. Así que puedes tener muchas personas infectándose, pero mientras esas personas no requieren hospitalización y no saturen el sistema, pues no es el impacto que estábamos viendo antes”, dijo Martínez Bonilla. 

A la misma vez que los casos de COVID-19 reportados han ido aumentando, también han aumentado las hospitalizaciones. Hubo 37 hospitalizaciones en la última semana de agosto. Sin embargo, el número de hospitalizaciones en unidades de cuidado intensivo (ICU, en inglés) se ha mantenido estable, según datos publicados por el Departamento de Salud. Similarmente, la cantidad de muertes también se encuentra estable. Del 23 al 29 de agosto, se reportaron cuatro hospitalizaciones de ICU y cuatro muertes. En lo que va de año, se han registrado 43 muertes, según datos del Departamento de Salud. 

Los tres expertos entrevistados por Es Mental acordaron, por separado, que esto no debe significar que se deba bajar la guardia sobre los efectos y la transmisión de la COVID-19. En particular, dijeron que todavía se deben seguir las estrategias de prevención y seguridad que se establecieron a principios de la pandemia: lavarse las manos, aislamiento si la persona se siente enferma, el uso de la mascarilla, la vacunación, entre otras. Las personas vulnerables, como los adultos mayores o las personas con cáncer, siguen en alto riesgo por una infección de la COVID-19.

Martínez Bonilla dijo que cuando ocurren este tipo de aumentos, “no es un asunto del que hay que preocuparse, sino que hay que ocuparse”. 

“Mientras el virus esté con nosotros y nosotros tengamos posible vacunarnos, pues siempre se le va a recomendar que se vacunen. Siempre se le va a recomendar a personas que se mantengan saludables, que mantengan su diabetes y sus presiones controladas, que vayan a su médico, que hagan su dieta adecuada y que nos mantengamos lo más saludable posible”, sostuvo el infectólogo.

“Eso no ha cambiado. Lo que cambió fue la práctica porque la gente ya no lo hace. Son las mismas medidas. La práctica se ha olvidado”, explicó el médico y epidemiólogo Alberto Rosario Maldonado.

El también fundador de fundador de la asociación Long COVID Puerto Rico, quien publicó un episodio sobre la COVID-19 en su podcast Radar Salud PR, añadió que recientemente ha visto varios pacientes con una combinación de COVID-19 y otra enfermedad respiratoria, como el micoplasma o la influenza. Por tener una patología más complicada puede causar más síntomas y presentar algunos efectos más agudos comparado a si fuese una sola infección.