Las personas han comenzado a interactuar con chats de inteligencia artificial (IA) como una herramienta para mitigar la soledad. Sin embargo, el balance es importante para evitar consecuencias en aspectos emocionales y sociales.
“Las nuevas tecnologías, para bien, nos han acercado a personas que tenemos lejos, pero no hemos tenido el cuidado de que no afecten nuestra interacción con las que están a nuestro lado”, advirtió Javier Méndez Lozada, psicólogo consejero especializado en niños, adolescentes y familias.
Las investigaciones de BMC Public Health sugieren que las personas —particularmente mayores o en aislamiento— pueden encontrar alivio a su aislamiento o soledad al crear vínculos emocionales con sistemas de IA. A esto Méndez Lozada contestó que existe una carencia seria en el manejo de las relaciones interpersonales que estudios como este subrayan”.
No obstante, aunque la inteligencia artificial puede brindar compañía temporal, también se convierte fácilmente en un escape de la realidad, “cuestionando cómo estamos desarrollando nuestras destrezas de afrontamiento y de solución de problemas”.
Por su parte, el Dr. Andrés Cruz Santos, psicólogo escolar y cofundador del Cyber Psychology Research Center en Albizu University, lo tiene claro: el vínculo entre humanos e inteligencia artificial, especialmente con los chatbots, es una realidad que solo crecerá.
“No es algo que va a parar. Las nuevas generaciones estarán cada vez más familiarizadas con la IA. Quizás terminemos teniendo hasta una relación simbiótica con ella”, dijo.
Desde la perspectiva de Méndez Lozada, la falta de balance en el uso de estas tecnologías puede derivar en consecuencias psicosociales preocupantes.
“Vamos a seguir viendo una decadencia en las destrezas de socialización y el manejo de conflictos… Personas que van a preferir el aislamiento y que podrían desarrollar malestar psicológico o trastornos mentales”, explicó.
En consonancia con Méndez Lozada, en una charla de marzo de 2024 en la Escuela de Derecho de Harvard, la socióloga Sherry Turkle expresó su preocupación sobre el uso creciente de chatbots para aliviar la soledad. La experta argumentó que, si bien estas tecnologías pueden ofrecer alivio temporal, corren el riesgo de disminuir nuestra capacidad para la empatía y la conexión humana auténtica. Señaló la importancia de mantener relaciones interpersonales genuinas y alertó sobre el riesgo de depender de la inteligencia artificial para obtener compañía.
Respecto a avances en la investigación académica sobre el tema, Cruz Santos señaló que el mayor reto es la velocidad con la que todo está ocurriendo.
“No es que falte interés, es que esto va tan rápido que la ciencia no puede ir al mismo ritmo. Los investigadores estamos empezando a usar la misma IA para poder investigar esto”, advirtió.
Méndez Lozada insistió en que el problema no es la tecnología en sí, sino el uso que las personas le dan.
“Hay que preguntarnos: ¿de qué nos estamos protegiendo? ¿A quién estamos huyendo? ¿Qué nos lleva a refugiarnos en relaciones con inteligencias artificiales en vez de personas reales?”, planteó.
Reconoce que, en situaciones de necesidad —como el insomnio, la ansiedad o la soledad en la vejez— la IA puede funcionar como apoyo emocional.
“No es nuestro enemigo, pero no debería sustituir la interacción humana”, precisó.
El uso de la IA en contextos de salud mental
Uno de los puntos que destacó Cruz Santos es el uso emergente de chatbots en contextos de salud mental.
“Si alguien lleva semanas esperando cita con un psicólogo y a las tres de la mañana no tiene con quién hablar, pero le escribe a un chatbot y se siente mejor, ¿quiénes somos para juzgar?”. Según él, el problema no es el uso del recurso, sino las carencias estructurales del sistema de salud mental.
Cruz Santos reconoció que existen plataformas diseñadas por psicólogos que utilizan inteligencia artificial para intervenciones terapéuticas específicas, como terapia cognitivo-conductual (CBT), pero enfatizó que muchas de estas aún requieren supervisión profesional y no están exentas de limitaciones.
“Un chatbot no puede activar una Ley 408 para hospitalizar a alguien. No puede actuar ante una crisis grave”, recordó.
Asimismo, el estudio «The Typing Cure» destacó que, aunque los chatbots pueden ser útiles para el apoyo emocional, presentan limitaciones significativas, como la falta de empatía profunda y la ausencia de intervención humana en situaciones críticas.
Además, Cruz Santos advirtió sobre los riesgos de seguir ciegamente lo que diga la inteligencia artificial.
“Puede que lo que diga el chatbot aplique… o no. Y no sabemos cómo reaccionará cada persona a lo que reciba. No hay un protocolo claro ante eventos adversos”, sostuvo.
En cuanto al contexto puertorriqueño, Cruz Santos señaló una tendencia creciente.
“He visto mucha gente en Puerto Rico que usa ChatGPT simplemente para hablar. No es necesariamente para terapia. Es que llaman a las líneas de ayuda y están llenas, o la psicóloga no tiene espacio por dos semanas”, insistió.
“No podemos juzgar a quien le habla a un chatbot a las 3 a.m.”, concluyó Cruz Santos.
Para Méndez Lozada, el camino es claro: no se trata de rechazar el avance tecnológico, sino de aprender a relacionarnos con él de manera saludable.
“Eso no hay por qué detenerlo. Llegó para quedarse. Tenemos que entender qué está de fondo y atenderlo como sociedad”, dijo.
Ambos expertos hicieron un llamado final al uso responsable, sin negar los beneficios.
“Está bien si te hace sentir bien, pero hay que tener claro que no es real. Usarlo puede ser útil, pero no debe confundirse con una relación humana”, sostuvo Cruz Santos.


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