En momentos históricos en los que las desigualdades se profundizan y los derechos humanos son amenazados, la organización colectiva se convierte en una herramienta clave para visibilizar la injusticia, exigir justicia y transformar la sociedad, por lo que el activismo ayuda a construir comunidades más equitativas y sostenibles.

Así lo explicó la doctora Sonia L. Cepeda Hernández, psicóloga y decana de asuntos académicos de la Universidad Albizu.

El activismo, lejos de las ideas erradas que se presentan entre las imágenes de los medios de comunicación o las narrativas repetidas entre personas, consiste en esfuerzos para promover, impedir, dirigir o intervenir en cambios sociales, políticos, ambientales, económicos, culturales, entre otros. Buscando, principalmente, fomentar justicia social y bienestar común, explicó, por su parte, la doctora Irma Serrano García, psicóloga social comunitaria.

Incluso, el activismo puede darse de manera individual, grupal, organizacional, comunitaria y nacional. Este primero, por ejemplo, puede verse con actividades o asuntos que preocupan a nivel individual. Mientras que, el grupal, puede comenzar con la creación de un grupo para proponer legislación a un senador/a o representante sobre un tema que le preocupa, recoger firmas para apoyar un esfuerzo a favor de un santuario de animales u obtener donaciones para un banco de alimentos, detalló la psicóloga social comunitaria.

Asimismo, el organizacional incluye a entidades desarrollando actividades para donar dinero a otras asociaciones o quizá organizando un día de recogido de basura en las playas.

El comunitario, de otra parte, organiza a individuos en una comunidad para atender las necesidades de adultos mayores que en ella residen o para limpiar y acondicionar el parque de la comunidad para que esté disponible a la juventud, sostuvo Serrano García.

El nacional se refieren a participar en movimientos a nivel isla para mejorar el ambiente, impedir las deportaciones de inmigrantes, prevenir la violencia de género, ser funcionario/a de colegio en las elecciones o involucrarse en actividades de un partido político, entre otras.

El impacto positivo del activismo en la salud mental

Participar en movimientos sociales puede transformar la vida de una persona, dándole un propósito y una red de apoyo que fortalece su bienestar emocional. En un mundo con desigualdades, discriminación y opresión, el activismo actúa como una forma de resistencia psicológica, mitigando el impacto negativo de estas problemáticas, afirmó Cepeda Hernández.

«El activismo es una manera de canalizar la frustración, el descontento, la ansiedad, el estrés y el coraje en acción constructiva con un propósito común. Las redes de apoyo que se crean en el activismo refuerzan el sentido de comunidad y pertenencia, lo que a su vez mejora la salud mental y el bienestar general», aseguró la doctora.

Dijo, también, que involucrarse en la lucha por la justicia social refuerza la autoeficacia y brinda una sensación de control sobre la vida. De hecho, cuando las personas ven el impacto de sus acciones (aunque sea en pequeña escala), su bienestar emocional se fortalece.

«Se han realizado estudios que demuestran que ser activista mejora la autoestima, fortalece la identidad, y fomenta un sentido de empoderamiento al generar un mayor sentido de propósito en la vida de cada cual«, comentó, por otro lado, Serrano García.

Para la salud cerebral también tiene sus ventajas, ya que de acuerdo con Serrano García, cuando un individuo ayuda, el cerebro genera dopamina, serotonina y oxitocina; que aumentan los sentimientos de placer, felicidad y vinculación social.

Las tan importantes neuronas espejo, las cuales están estructuralmente relacionadas con la empatía, tienen protagonismo en esto.

 «Si alguien está cooperando, apoyando o ayudando y nos encontramos en su círculo tenderemos a aprender de él o ella. A sentir empatía por la causa que está liderando y a imitar sus conductas», especificó la psicóloga social comunitaria.

Por otro lado, el profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de Puerto Rico, en Mayagüez, Eduardo Lugo, recordó que el activismo puede reducir señales de soledad y/o depresión al incrementar y promover las conexiones sociales y el sentido de propósito.

Reconoció que, pese a que las sociedades están viviendo momentos difíciles a nivel mundial, y Puerto Rico no es la excepción con las consecuencias de la austeridad económica, que afecta los niveles de pobreza y acceso a servicios de calidad en el país, estos panoramas motivan a tomar acciones colectivas dirigidas a la justicia y la equidad. 

«Históricamente, el activismo ha sido una manera de canalizar nuestras opresiones sistémicas en acciones concretas que nos brinden algún sentido de control y nos desvíen de la parálisis que puede provocar esta avalancha de cambios. El empoderarse de manera individual y colectiva ante estas situaciones fortalece nuestra identidad, nos conecta emocionalmente y físicamente con otros y otras, creando espacios de acompañamiento, de amor, de comprensión y de esperanza«, hizo hincapié Lugo.  

A través del activismo se aprende transformar las realidades complejas y opresivas, sostuvo. 

Si bien practicar el activismo tienen múltiples beneficios a la salud mental, es fundamental equilibrar la participación social con el autocuidado colectivo, ya que la sobreexposición a la injusticia social también puede ser perjudicial, destacó la psicóloga Cepeda Hernández.

La sobreexposición a la injusticia puede llevar al agotamiento emocional y desesperanza. Los grupos de trabajo por la justicia social deben ser conscientes de la necesidad de pausas para recargar energías. El primer trabajo de una persona activista debe ser cuidarse y cuidar a las personas a su alrededor.

«En momentos de crisis social, económica o climática, el activismo es más necesario que nunca. Cuando las instituciones fallan en proteger a las comunidades más vulnerables, la organización colectiva se convierte en la mejor herramienta para resistir y generar soluciones», puntualizó la decana de asuntos académicos de la Universidad Albizu.

Finalmente, Serrano García, reiteró que el activismo es positivo para el bienestar de las comunidades y del País, disminuyendo las inequidades sociales, la violencia y apostando a proteger los derechos humanos.