Cuando Blade Runner salió en las salas de cines fue un fracaso total. 

La historia sobre un detective encargado de “asesinar” a humanoides artificiales (robots) rebeldes, llamados “replicantes”, parecidos a los humanos en una megalópolis multicultural, sucia, sobrepoblada con autos voladores y  anuncios en neón por doquier, era demasiado para asimilar en el 1982.

Pero, para Philip Dick (autor de la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?,1968), los androides van más allá de seres robóticos. Su inspiración no fueron los seres metálicos a los que estamos acostumbrados, sino los testimonios de los oficiales Nazis de la Segunda Guerra Mundial. Mientras estaba investigando datos para otra historia, se encontró con el testimonio de un oficial que se quejaba de no poder dormir porque “los gritos de niños hambrientos lo mantenían despierto”.

 Así, Dick comenzó a pensar en las personas que carecían de empatía como seres androides. “Utilizo términos como androide y robot, pero realmente me estoy refiriendo a un ser humano psicológicamente defectuoso o con mal funcionamiento o patológico”, comentó Dick. 

Pero más allá de los androides, algo peculiar es que muchas de las cosas presentadas en la película Blade Runner, dirigida por Ridley Scott (que se creía imposible en la década de los 80) están ocurriendo en el año 2019. De hecho, la trama de la película se basaba en noviembre de 2019, como si se tratara de una predicción de lo que está ocurriendo en la actualidad.

 En la película, los humanos y androides estaban viviendo en un mundo donde la mayoría de las especies animales estaban en peligro de extinción, la crisis ambiental estaba en su apogeo y las corporaciones se apoderaban de la economía de la sociedad mundial. Todo mientras la inteligencia artificial se desarrolla esporádicamente, creando una división entre ricos y pobres. 

También, la película predijo el ascenso de China como potencia mundial y los estragos de los humanos en un mundo donde los cambios ambientales definen el día a día.  

Películas como Blade Runner y Space Odyssey: 2001, del género de ciencia ficción, tienen el poder de cambiar la percepción pública hacia la tecnología. Con su creatividad en las historias, directores cinematográficos pueden cambiar la forma en que las personas se sienten y piensan acerca de la inteligencia artificial. 

Muchos de los “seres artificiales” que tenemos hoy día, como satélites, computadoras, tabletas, clonación, televisión interactiva, la realidad virtual, incluso, el Walkman, aparecieron antes en películas de ciencia ficción, o sea, antes de ser creados. El verdadero impacto de este género cinematográfico no está en el hecho de que se predijo, sino en la influencia hacia sus televidentes ingenieros y científicos que hicieron tales proyecciones realidad. 

Los androides, aunque aún no caminan entre nosotros, sí se asemejan en seres artificiales en forma de aspiradoras, celulares y asistentes como Siri, Alexa o Google. 

Aquí podemos ver que la  influencia de los robots en los humanos es cada vez más relevante. Con máquinas como Sophia, una robot de Hanson Robotics que tiene facciones amigables, inspirada en Audrey Hepburn y quien puede reconocer caras y tener conversaciones simples, se confirma que los humanos cada vez se sienten más atraídos hacia estos seres no vivientes. 

Son estos vínculos emocionales hacia la tecnología lo que los psicólogos buscan explorar, ya que mientras más pasa el tiempo, nuestras respuestas ante estos se podrían volver más instintiva e irresistibles, por la autonomía que demuestran.  

Es aquí donde vemos que el futuro imaginado por Philip K. Dick y Ridley Scott se mezcla con el presente; la historia de la película Blade Runner nos ayuda comprender la forma en que los humanos interactúan con los máquinas, quienes se espera que algún día sean sensibles y más inteligentes que el resto.