No es amor ni lealtad, tampoco costumbre: es dependencia. Algunos le llaman “cadenas umbilicales” para referirse a esos vínculos invisibles que limitan la autonomía y afectan la salud mental de la persona. Se pueden manifestar en relaciones, objetos o rutinas de las que luego resulta difícil desprenderse, incluso cuando generan malestar, ansiedad o daño emocional. También entre personas y animales.

Esta situación, advierten expertos en salud mental, suele normalizarse y pasar desapercibida. ¿El riesgo? Que pueden afectar seriamente la independencia y el bienestar afectivo cuando no se identifican a tiempo.

“En muchas relaciones, el amor, el cuidado y la cercanía se van mezclando poco a poco con el miedo, la necesidad y la culpa. Sin que nos demos cuenta, empezamos a depender de alguien o de algo para sentirnos tranquilos, que valemos o estamos completos. A esto es a lo que nos referimos cuando hablamos de “relaciones umbilicales” y a la codependencia”, comentó la doctora Isabel de Puigdorfila García.

La psicóloga clínica advirtió que no se trata de falta de amor, pues muchas veces suele parecer que hay mucho afecto en esa relación. El problema, explicó, es que hay lazos que comienzan así, pero luego se convierten en el único sostén emocional de la persona.

Una relación umbilical es aquella en la que el vínculo no ha logrado separarse emocionalmente. Es como si el cordón umbilical nunca se hubiera cortado del todo”, enfatizó de Puigdorfila García.

Ejemplos de cadenas umbilicales

Como ejemplo, mencionó los casos de adultos que no pueden tomar decisiones importantes sin consultar constantemente a su madre, a su pareja o a una figura significativa. Otro posible caso señalado fue cuando sentirse bien depende de que el otro esté de acuerdo, disponible o presente. En estas instancias, cuando hay algún tipo de distancia, aparece la ansiedad; igualmente, si hay desacuerdos, surge la culpa. Esa cercanía, resaltó la psicóloga, deja entonces de ser por elección y se convierte en una necesidad. 

Según informó, este mismo tipo de fusión también se puede dar con animales. Aunque estas conexiones son usualmente sanan, se pueden tornar umbilicales cuando la persona siente que no puede salir, viajar o enfrentar situaciones cotidianas si no está su mascota. También, cuando su estabilidad emocional depende exclusivamente de él, o cuando evita vínculos humanos porque solo se siente segura con su mascota. 

“El animal pasa a ocupar el lugar de regulador emocional absoluto, no como compañía, sino como sostén indispensable”, destacó de Puigdorfila García.

De acuerdo con la experta en salud mental, algo similar ocurre con las cosas u objetos. Por eso, afirmó, también existen relaciones umbilicales con el trabajo, el dinero, la comida, el teléfono celular o incluso con ciertas rutinas. Como ejemplo, mencionó el posible caso de una persona que no se siente valiosa si no está produciendo, que entra en ansiedad intensa si no está ocupada o que siente un vacío cuando se detiene. Alguien que necesita comprar, comer o estar conectado constantemente para calmarse fue otro ejemplo ilustrado por la psicóloga. En estos casos, resaltó, el objeto no es el problema como tal, sino el rol que ocupa de sostener emocionalmente lo que internamente no se puede mantener. 

Por otra parte, de Puigdorfila García aclaró que, aunque la codependencia está relacionada con las llamadas “relaciones umbilicales”, funciona de otra manera. En la codependencia, aclaró, el vínculo no se mantiene por fusión, sino por sacrificio. La persona codependiente se define a través del cuidado del otro, subrayó. 

De acuerdo con Banner Health, la codependencia es un complejo trastorno emocional y conductual que afecta la capacidad de la persona para tener relaciones saludables y de satisfacción mutua. 

“Las relaciones que se forman a través de la codependencia suelen caracterizarse como unilaterales, emocionalmente destructivas o incluso abusivas”, asegura este sistema de salud sin fines de lucro de Estados Unidos.

Baja autoestima, obsesiones, necesidad de control, dificultad para tomar decisiones, negación de los problemas, ansiedad o miedo al rechazo y problemas de intimidad son algunos de los síntomas asociados a la codependencia, según detalla Banner Health.

Un ejemplo común es la pareja que sostiene emocionalmente a alguien que siempre está en crisis, justificando su propio cansancio con la idea de que “si yo no estoy, todo se cae”. También se ve en hijos adultos que sienten que no pueden vivir su vida sin hacerse cargo del bienestar emocional de sus padres. El amor se confunde con carga y el rol de sostén se vuelve la identidad”, expresó de Puigdorfila García.

Según comentó, ambos patrones de relaciones se parecen ya que nacen del mismo lugar: el miedo a la separación y la dificultad para sostenerse emocionalmente de manera interna. En los dos casos, reconoció, hay límites difusos, autoestima frágil y una gran confusión entre amar y necesitar. Sin embargo, sostuvo, en la “relación umbilical” predomina la fusión, el “no puedo estar bien sin ti”, mientras en la codependencia predomina la auto anulación, el “valgo porque te sostengo”. “Muchas veces pueden convivir pues uno depende emocionalmente y el otro se convierte en su sostén, creando una dinámica que pareciera estable, pero es limitante”, subrayó.

Según describió, las personas que dependen suelen ser sensibles y profundamente conectadas con los demás, pero viven con un miedo constante a la soledad, al abandono o a la separación. Además, les cuesta tomar decisiones por sí mismos y necesitan confirmación externa para sentirse seguros. Entretanto, las personas que sostienen suelen ser empáticos, responsables y atentos, pero cargan con una responsabilidad emocional que no les corresponde. Además, tienden a confundir amor con sacrificio y se van perdiendo en el intento de cuidar o “salvar” al otro. 

“Al principio de las relaciones estas dinámicas no siempre se ven como un problema, porque parece que es la etapa “color de rosa” donde se dicen “es que me quiere o nos queremos mucho”. Pero aparecen esas frases cotidianas de “sin ti no puedo”, “si tú no estás bien, yo tampoco”, “déjame encargarme yo”. También ves conductas como dejar de lado proyectos personales, actividades o hasta descanso para evitar que el otro se sienta mal. Con el tiempo, el desgaste se hace evidente, la ansiedad aumenta, la libertad disminuye y la relación, en vez de motivar a que ambos crezcan, lo que hace es limitar el crecimiento”, manifestó.

La experta en salud mental hizo hincapié en que salir de estos patrones no significa romper los vínculos sino transformarlos. Según explicó, para la persona que depende, el camino a la mejoría implica aprender a tolerar la incomodidad de estar consigo misma, en silencio, construir seguridad interna y empezar a diferenciarse sin culpa. Para el que sostiene, mientras tanto, sanar conlleva el soltar la creencia de que es responsable del bienestar del otro, aprender a poner límites claros y aceptar que permitir que el otro enfrente sus propias dificultades es una forma muy saludable de demostrar amor. 

Las relaciones saludables no se construyen desde la necesidad ni el miedo, sino desde la libertad de elección. Estos son vínculos donde personas que se sienten completas por su cuenta se encuentran, se acompañan y se cuidan sin quedar atadas por un “cordón” invisible. Cuando el amor deja espacio para que se desarrolle el yo, deja de asfixiar y empieza a nutrir”, dijo.

A su vez, sostuvo, el reconocer estar en una “relación umbilical” o codependiente no suele ser un acto inmediato ni sencillo. Estos patrones se construyen a lo largo del tiempo y muchas veces se confunden con amor, lealtad o responsabilidad, admitió. Por eso, indicó, el proceso de tomar conciencia y avanzar hacia vínculos más saludables también requiere tiempo, paciencia y el acompañamiento adecuado.

“Contar con el apoyo de un profesional de la salud mental, como un psicólogo, puede facilitar enormemente la identificación de estas dinámicas, ayudar a comprender su origen y ofrecer herramientas para transformarlas para bien. Cuando existe duda sobre si una relación está basada en la necesidad más que en la elección, buscar orientación profesional no es una señal de debilidad, sino un acto de cuidado personal al y un paso consciente hacia relaciones más sanas, libres y balanceadas”, concluyó de Puigdorfila García.

Conexiones que limitan

Para el sociólogo José Rodríguez, catedrático del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras, la dependencia a personas o entidades nace muchas veces del desconfiar de las capacidades de uno mismo. Eso, sostuvo, se debe a múltiples factores, pero uno de los principales es que el proceso de socialización no se dio, por lo cual la persona carece de las herramientas necesarias para confiar más en sí misma. Por eso, sostuvo, su origen es mayormente de carácter emocional. 

Un artículo publicado por la Asociación Americana de Psicología, titulado “Codependencia: Aclarando el Constructo”, señaló un estudio entre universitarios que concluyó que la codependencia se asoció con una menor autoestima y una menor percepción de control interpersonal. Además, el estudio observó mayor inseguridad, ansiedad social y estilos de apego disfuncionales dentro de esta conducta. Sin embargo, advirtió, no se asoció con mayores sentimientos de conexión, cariño, perspectiva o apoyo.

“Se vincula a ciertos miedos o pérdidas en que la persona no se siente capaz de seguir adelante sin alguien, algo o un proceso para continuar con su vida. El problema, básicamente, es qué tipo de dependencia”, dijo, por su parte, el doctor Rodríguez.

Una de las más fuertes, comentó, es la dependencia económica ya que suele generar patrones de maltrato y eventos de hostilidad.

“¿Por qué muchas mujeres se quedan en relaciones dañinas o peligrosas? Porque (muchas veces) piensan que no pueden salir adelante por los recursos económicos (del otro)”, dijo.

En muchas otras ocasiones, sostuvo, esta dependencia económica coexiste con un apego emocional.

“Son personas con dificultades para tomar decisiones por sí mismas y buscan la aprobación de los demás o de la persona con la que establece esos lazos afectivos”, indicó.

El sociólogo también se refirió a la dependencia física como el evitar o no hacer cosas sin la ayuda de otra persona. Cuando la persona siente que no puede hacer algo sin esa persona o sin otros que le ayuden. Esto, sostuvo, suele confundirse con “vagancia”.

“Puede ser por enfermedades crónicas, salud física o vejez. Lo importante es que uno pueda adaptarse y eso es fundamental en términos de qué elementos puedo incorporar para evitar eso. Por ejemplo, si es emocional puede ser que necesite apoyo psicológico o alternativas de manejo. Igual en la dependencia económica, es qué puedo hacer, cómo puedo reinventarme y seguir adelante como muchos hicieron cuando el COVID”, sostuvo.

Tres elementos importantes señalados por el doctor Rodríguez para trabajar con esas situaciones de dependencia fueron: actitud, deseo y capacidad. 

“No es de la noche a mañana. Es identificar otras personas, grupos de apoyo, recursos gubernamentales. Si hay enfermedades crónicas, discapacidades o vejez pueden limitar (a la persona), sí, pero aquí es igual la actitud, porque hay entidades que dirigen hacia una vida independiente. Lo que tratamos es de evitar que las personas puedan depender de otro, pues experimentan menos satisfacción con su vida, sienten menos control”, señaló Rodríguez. 

Lo importante, advirtió, es que la persona se dé cuenta que está en esa situación, reconocer esa dependencia o apegos y trabajar también en la prevención para evitar que afecte también a personas cercanas, como hijos y otros dependientes.

“Es crear la capacidad de conciencia, es la actitud que tengas. Es importante reconocer qué recursos internos y externos puedo identificar y utilizar. Hay gente con Cadillacs en la casa, pero no saben guiar. Es dejar de preocuparse y ocuparse”, insistió.

El catedrático aseguró que cualquier persona puede estar en riesgo de dependencia, ya que es una actitud que se puede crear. No obstante, comentó que hay poblaciones en mayor riesgo de caer en relaciones hostiles o maltratantes en las que les resulta difícil superar, como los adultos mayores.

Comentó, además, que hay otros tipos de dependencias, como adicciones a drogas o alcohol.

“Tenemos que reconocer que puede haber unos procesos que influyen e invalidan la capacidad de las personas para poder estar en control (de sus vidas)”, dijo.

Dentro del proceso para tratar de salir de esa dependencia, sostuvo, es importante entender la relación de uno mismo con los demás, así como cuán seguro o cómodo se siente cuando interactúa con otras personas o grupos de personas. También, comentó, es identificar cuán independiente es del resto de la humanidad, sin caer en aislamientos. 

“Hay apoyo, como los grupos de teleasistencia, pero tienes que darte cuenta que necesitas esa ayuda porque si tu no llamas nadie lo sabe. Eso implica un nivel de conciencia inicial que no es fácil reconocer. Lo importante es saber que hay ayuda”, subrayó Rodríguez al advertir que hay dependencias muy peligrosas que pueden, incluso, causar la muerte.