Ella nunca pensó que se sentaría a la mesa con una dosis mortal de pastillas a contemplar terminar con su vida porque no visualizaba otra salida. Jamás idealizó que tomaría un objeto punzante de la cocina y se mutilaría uno de sus muslos en un intento de externalizar el dolor que la carcomía hacía varios días. María, quien prefiere mantener su identidad anónima, tenía 21 años, estaba recién casada y estaba segura que nunca estaría cara a cara con el suicidio.

Luego sucedió un evento que la marcó, el cual prefiere mantener en secreto, que la llevó a encerrarse en sí misma y visualizar la muerte como su única alternativa de escape al mar de emociones negativas que la ahogaba. El evento traumático sucedió un miércoles y ya para el viernes tuvo una lucha contra el suicidio, lucha que hoy día comparte para que las personas sepan que los pensamientos suicidas pueden ocurrirle a cualquier persona, sin importar cuán estrecha fuera su relación con la familia o su espiritualidad, como era su caso.

“Había lapsos en los que yo estaba consciente de lo que estaba pasando, pero había otros en los que la avalancha de emociones que uno tiene es como si te cegara, y uno deja de ser una persona racional. Es como una pelea. Pelear entre mantener la cordura o dejarse llevar. Es bien fuerte porque a veces uno se cree incapaz o uno cree que no tiene la voluntad para luchar con algo que es demasiado grande para ti. Es como ver una luz por una ventana y querer agarrarte de ella. Es como una pelea, me dejo llevar o trato de parar. En ese momento traté de sacar la poca cordura que me quedaba porque sino la historia hubiese sido diferente”, recordó María, quien ahora tiene  28 años y se dedica a la fotografía.

Aunque pensó que no lograría ganar la batalla, la escritura y su fe en Dios fueron su salvación. Y es que decidió sentarse a escribir sobre lo que le había pasado y cómo se sentía. De esta forma, logró externalizar sus emociones. Sin embargo, el proceso de recuperación fue más que eso. A pesar de que la crisis había pasado, el dolor y la tristeza profunda persistieron. Entonces, decidió acudir a su madre y dos amigas para contarles lo sucedido y pedir ayuda.

“Entendí que hay cosas que pueden suceder y que si no tienes una ayuda directa, a veces podemos perder el control”, aseguró la joven, que al otro día de su intento de suicidio, de camino a su trabajo, tuvo un accidente automovilístico tras perder la conciencia por unos segundos.

Como una bola de nieve que crece y crece, así explicó las emociones que estuvo acumulando antes de exteriorizar lo sucedido. 

“Ocurrió un evento en mi vida que me marcó, pero de una manera que no tuve las herramientas al alcance como para manejar el estrés, el dolor, la cantidad de frustración que tenía. Simplemente me encerré”, contó.

Luego de compartir con su madre lo que le había pasado, se negó a recibir ayuda profesional porque no quería relatar su historia a un desconocido. Empática con su situación, la madre desistió de obligarla y, en cambio, buscó orientarse con las debidas herramientas para ayudar a su hija a que superara el trauma recibido.

“No quería que siguiera sonando por todas partes. Quería dejarlo en privado, y lo que hizo mi mamá fue que ella fue, se orientó, buscó ayuda, obtuvo herramientas para bregar conmigo y me ayudó a seguir exteriorizando. Me siguió ofreciendo herramientas para, especialmente, perdonar lo que había pasado y fue bien difícil porque al principio yo estaba bien amarrada al dolor”, explicó María, enfatizando que fue muy importante para ella no sentirse juzgada por las personas con las que compartió su experiencia, quienes en cambio tuvieron una respuesta de “mucho amor, respeto y empatía”.

Amparada en acumular nuevas experiencias para olvidar y en un pensamiento de valor sobre su persona y la importancia de ella para las personas que la aman, María poco a poco logró calmar sus emociones relacionadas al evento traumático y aceptar que era parte de su historia. Este proceso le tomó unos cinco años antes de sentirse cómoda para hablar de lo sucedido y compartirlo como una vivencia que puede salvar otras vidas. Hoy día, uno de los aspectos que más enfatiza, es que no se tiene que tener una salud mental deteriorada por un tiempo prolongado para tener ideas suicidas. Como humanos expuestos a las emociones, un evento inesperado, como fue su caso, puede traer la “avalancha de emociones” que ciega.

“Yo era una persona bien centrada, tú me hablabas del suicidio y jamás (lo contemplaba). Eso no era algo que fuera a formar parte de mi vida. No es algo con lo que yo esté de acuerdo. Era algo que veía bien lejos”, aseguró la joven.

Con ella coincidió Suzanne Roig, administradora de la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (ASSMCA), quien aseguró en entrevista con Es Mental que la mayoría de las personas que deciden suicidarse no presentaron un cuadro de enfermedades o trastornos mentales diagnosticados antes de terminar con su vida.

“Tenemos que quitar la visión generalizada de que el suicidio está expresamente ligado a las condiciones de salud mental del individuo. La realidad es que sí, las personas que tienen trastornos de salud mental son personas que muchas veces el suicidio es un factor de riesgo inherente a su condición. No obstante, mientras esas personas se encuentren en tratamiento, no tienen por qué correr el riesgo. Sin embargo, la mayoría de los suicidios no se dan en personas que tengan trastornos de salud mental. Se dan en personas como tú y como yo, con una salud mental óptima, quienes pueden enfrentar momentos tan difíciles en la vida por cosas que surgen regularmente, cosas cotidianas, que se multiplican hasta el momento en que nuestro sistema, nuestra mente, no tiene las herramientas para poderlo manejar de la manera adecuada. Es cuando la ansiedad sobrepasa la capacidad del individuo para poderla manejar”, sostuvo la administradora.

Desde situaciones cotidianas hasta un evento traumático como el que vivió María pueden ser factores de riesgo para atraer ideas suicidas. Roig recomendó que las personas que estén atravesando por alguna situación difícil busquen ayuda inmediata, como lo puede ser a través de la línea PAS de ASSMCA.

“La línea PAS es una alternativa rápida e inmediata de tener acceso a un profesional de la conducta que nos va a escuchar, que le va a dar seriedad y que va a atendernos con el respeto y con el conocimiento en conducta humana que necesitamos que alguien tenga al otro lado de esa línea telefónica. A veces el que está en la crisis no es el que llama, sino el que está al lado para saber cómo ayudar a esa persona. Lo más importante de una persona que se encuentra en un momento decisivo, es lograr mantenerla con vida por ahora. Esa frase se utiliza en las nuevas tendencias de intervenciones de suicidio, y decimos por ahora porque si yo te logro mantener con vida, gano tiempo de enlazarte con servicios profesionales y la ayuda”, aseguró Roig.

Para aquellos que no logran conectar un llamada de auxilio, la administradora recomendó otras estrategias como escribir organizada o desorganizadamente todas las frases o palabras para externalizar la situación, retirarse a un espacio de sosiego saliendo de la rutina para olvidar, aunque sea por un rato, lo que se vive, y compartir su vivencia, porque “quedarnos callados es el peor error que podemos cometer”.

Hasta junio del 2019, se registraron 82 suicidios en Puerto Rico, 17 menos que en 2018 para la misma fecha, según estadísticas ofrecidas por ASSMCA. Al momento, la baja también se registró en 2018, cuando hubo 21 suicidios menos que en 2017, año en que 258 personas decidieron terminar con su vida. 

En términos de género, durante los últimos cinco años (2014-2018) se ha mantenido la tendencia de que sobre 80% de la mortalidad por suicidio ocurre entre los varones, según la Comisión para la Prevención del Suicidio. El suicidio es la tercera causa de muerte violenta en la isla, según el Departamento de Salud, y del 2000 al 2018, cobró la vida de 5,717 personas.

“Hay personas que quizás necesitan escuchar que alguien estuvo en sus zapatos para identificarse y poder mirar adelante. No quedarse ahí, sacar las fuerza y energía para salir. Saber que de verdad se puede salir sin necesidad de volver. Hoy día me hablan del suicidio, y soy la persona más empática del mundo, pero con mucha seguridad digo: ‘yo no regreso ahí’. No invito a nadie a que lo piense (en el suicidio) porque no vale la pena. Hay oportunidades, si te esfuerzas y tienes disciplina contigo mismo, te amas, aprendes a respetarte, es algo a lo que no regresas”, aconsejó María.

Si usted o algún conocido ha tenido o cree que tendrá pensamientos suicidas o ha intentado terminar con su vida, no dude en comunicarse al 1-800-981-0023 para recibir ayuda inmediata.