Aunque el envejecimiento conlleva cambios naturales en el funcionamiento cognitivo, la evidencia científica demuestra que el cerebro conserva cierto grado de plasticidad, incluso, en etapas avanzadas de la vida. Esto significa que una persona puede seguir aprendiendo, sin importar su edad.

El psiquiatra especializado en geriatría Raúl López explicó que, si bien las capacidades de integración cerebral alcanzan su punto máximo durante la adultez media, esto no significa que las personas mayores pierdan por completo la posibilidad de adquirir nuevos conocimientos o desarrollar habilidades.

“Sí, se puede aprender y se puede aprender a pensar. Es más difícil, pero con las técnicas adecuadas se ha logrado”, afirmó.

La neuropsiquiatra Dra. Saidy A. Salem Hernández añadió que la capacidad del cerebro para aprender responde a un fenómeno conocido como neuroplasticidad: la habilidad de adaptarse, reorganizarse y modificar sus conexiones a partir de la experiencia y el aprendizaje. “El cerebro no es un órgano que se termina de construir en la juventud; es un órgano que aprende todos los días, hasta el último”, explicó la experta.

Según la especialista, uno de los conceptos más importantes para comprender el envejecimiento cerebral es la llamada reserva cognitiva, una especie de “capital acumulado” que se construye durante toda la vida mediante la educación, la actividad mental, el ejercicio físico, la socialización y otras experiencias enriquecedoras. Cuanto mayor es esa reserva, mayor capacidad tiene el cerebro para compensar los cambios asociados a la edad.

La doctora también destacó el papel central del hipocampo, estructura clave para la formación de nuevos recuerdos. Aunque esta región se vuelve más vulnerable con la edad, el cerebro puede apoyarse en otras áreas para mantener el aprendizaje.

Salem Hernández señaló que, cuando una persona mayor adquiere nuevas habilidades, el cerebro continúa reorganizándose. “La idea de fondo es que el cerebro cambia donde se le exige cambio, y para ello necesita práctica sostenida y desafío”, sostuvo. Señaló que la literatura científica ha documentado modificaciones medibles en áreas cerebrales sometidas a entrenamiento constante, incluso en etapas avanzadas de la vida.

En este marco, el psiquiatra Gregory Jebian explicó que diversas funciones cognitivas permanecen relativamente preservadas incluso en edades avanzadas. Entre ellas mencionó el vocabulario, el conocimiento acumulado a lo largo de la vida y la memoria procedimental, relacionada con habilidades y destrezas adquiridas previamente. “Lo que sí deteriora con la edad, sobre todo después de los 65 años, es un poco el procesamiento de la información, pero no la capacidad de aprender cosas nuevas”, sostuvo.

En su práctica clínica observó que muchas personas mayores interiorizan la idea de que ya no están en una etapa adecuada para aprender. “Muchos pacientes siempre te dicen: ‘Ya a mi edad, ¿qué voy a estar aprendiendo?’”, comentó. Sin embargo, consideró que una parte importante del trabajo de los profesionales de salud consiste precisamente en desafiar esa percepción y fomentar nuevas metas personales.

“Si igual quieres aprender algo, lo puedes hacer”, expresó. Añadió que proyectos pendientes, como estudiar un idioma o desarrollar una nueva habilidad, pueden convertirse en herramientas valiosas para mantener la actividad mental y el sentido del propósito.

López explicó que una de las estrategias más estudiadas es la estimulación cognitiva, un proceso mediante el cual se refuerzan determinados estímulos hasta que el cerebro desarrolla rutas alternativas para procesar la información. “En teoría, el cerebro se obliga a buscar un cable que todavía sirva y comienza a mover la información de un lado a otro como lo hacía cuando era más joven”, describió.

Actividades que ayudan a la salud del cerebro

Leer, escribir, pintar, aprender nuevas destrezas y participar en actividades que requieran análisis e integración de información forman parte de las recomendaciones que, según López, pueden contribuir a mantener la salud cerebral durante la vejez.

Entre las actividades que pueden favorecer este proceso mencionó aprender a utilizar nuevas tecnologías, desarrollar habilidades artísticas o estudiar un idioma. De hecho, indicó que aprender una lengua extranjera representa uno de los ejercicios cognitivos más complejos que una persona mayor puede realizar. “El francés obliga a mi cerebro a abrir áreas que han estado cerradas durante muchos años”, comentó López al referirse a su propia experiencia.

Más allá de ejercicios cognitivos específicos, Jebian enfatizó la importancia de los hábitos cotidianos para preservar la salud cerebral. Destacó el sueño reparador, la actividad física regular y el mantenimiento de vínculos sociales como factores fundamentales para sostener el funcionamiento cognitivo a largo plazo.

Asimismo, destacó que mantenerse intelectualmente activo continúa siendo una de las herramientas más importantes para preservar las funciones cognitivas. “Todo aquello que rete el cerebro y active esas áreas son las mejores estrategias para mantener el funcionamiento mental”, señaló López.

El especialista sostuvo que el envejecimiento no implica necesariamente una pérdida absoluta de la capacidad de aprendizaje. Más bien, cambia la forma en que el cerebro incorpora nueva información y aprovecha los conocimientos acumulados durante décadas.

Desde una perspectiva clínica, la experta subrayó la importancia de distinguir entre envejecimiento normal y enfermedad neurodegenerativa. Salem explicó que una persona puede necesitar más tiempo, estructura o repeticiones para aprender información nueva sin que eso represente una patología. La señal de alerta aparece cuando la capacidad para retener información reciente se deteriora de forma progresiva hasta interferir con la vida cotidiana.

Para Jerbian uno de los principales obstáculos para conservar la capacidad de aprendizaje es la falta de estimulación. En esos casos, las conexiones neuronales que podrían fortalecerse mediante nuevas experiencias dejan de ejercitarse y tienden a deteriorarse con el tiempo. Por ello, recomendó prestar atención a cómo se emplea el tiempo libre y buscar oportunidades para mantenerse activo física, social e intelectualmente. 

Aunque López reconoció que todavía quedan muchas interrogantes científicas sobre cómo rehabilitar el deterioro cognitivo y las demencias, subrayó que la investigación en neuroplasticidad continúa avanzando. “Todavía se están haciendo muchos estudios sobre eso, no solo sobre cómo frenar la demencia, sino sobre cómo rehabilitarla”, concluyó.

Por su parte, Salem afirmó que el concepto de “cerebro longevo” está transformando la medicina moderna al promover una visión preventiva del envejecimiento. “No es solo vivir más años, sino conservar un cerebro funcional y adaptable durante esos años”, concluyó.