Aunque inicialmente los pacientes que desean someterse a una cirugía bariátrica llegan con ansiedad por el proceso quirúrgico, con dudas y expectativas irreales, el completar la jornada hasta alcanzar su peso saludable les brinda nuevas oportunidades, tanto físicas como psicológicas, de volver a ser quienes eran antes y tener una mejor autoestima.

Tal es el caso de Janet Márquez, de 55 años, quien antes de llegar al quirófano pesaba 281 libras, motivo por el cual fue víctima del bullying. Janet recibía burlas en su trabajo, donde le expresaban frases como: “por ahí viene Janet, tapen la comida que se la come toda”. Sus conocidos también la hacían sentir mal con comentarios como: “te estás comiendo todo la comida de tu casa”. Estos comentarios la hicieron sentir tan vulnerable que tuvo que buscar ayuda psicológica. 

“Tuve que recurrir a psicólogos porque, por ejemplo, mi nena era muchas veces objeto de burla de sus compañeros de clases porque siempre que peleaban o pasaba algo entre niños, siempre la atacaban con ‘tu mamá es una gorda’. A parte de eso, yo me sentía incomoda porque yo antes cantaba para Las Chicas del Clan y cuando me encontraba con amistades, que me veían que ya no era delgada, lo primero que me decían era ‘pero que gorda tú estás’, y ese era el saludo de las personas. Yo decía, ‘wow, si las personas supieran cómo uno se siente cuando te dicen esas cosas porque tú sabes cómo tú estás’”, contó Márquez en entrevista con Es Mental.

Pero, la lucha contra el discrimen no lo era todo, su físico también estaba fallando por un peso excesivo.

“Yo tomé la decisión de hacerme la cirugía porque yo estaba en 281 libras, con una estatura de 4 pies, 11 pulgadas. Estaba teniendo padecimiento de presión alta, tenía que usar la máquina de apnea, las rodillas… Yo comencé a caminar con mucho desbalance, tuve que ir a un ortopeda porque no aguantaba los dolores de rodillas y ahí él me dijo que podía ser una paciente de reemplazo de rodilla porque ya el peso me estaba dañando la rodillas. Tenía demasiadas condiciones”, añadió.

Luego de la cirugía, siguió las instrucciones de un plan de nutrición saludable y 2 años y 6 meses después puede decir que alcanzó su peso ideal de 115 libras, 166 menos que cuando comenzó el proceso. Su nuevo peso ha acarreado otra lista de beneficios, como sentirse más segura de sí misma. Tan agradecida por el cambio, decidió ayudar a otros con su experiencia, motivándolos a que se sometan al proceso para que cambien sus vidas y dándoles la mano al llevarlos a las citas correspondientes.

“Tuve un encuentro conmigo misma porque el ser humano tiene que aprender a mirarse en el espejo del alma, no solo en el espejo que tienes en tu cuarto”, aseguró.

Al igual que ella, muchos otros pacientes han decido cambiar sus vidas optando por una cirugía bariátrica para darle un giro a su bienestar que, aunque al comienzo del proceso puede acarrear ciertos retos mentales, luego termina por ser decisión para mejorar sus estilos de vida.

“La mayoría de los pacientes de obesidad mórbida no están llevando una vida a la mayor capacidad y el beneficio de llegar a un peso saludable es dramático. El 80% de los pacientes que se presentan con alta presión, al año ya no la tienen. 85% de los pacientes que se presentan con diabetes, al año de ser operados ya no necesitan medicamentos. A los 18 meses de operación, la mayoría de las mujeres que se operaron para quedar embarazadas lo logran. Así que impacta todos los componentes de salud. Además de que físicamente y emocionalmente mejoran en la depresión, en el ansiedad”, comentó la doctora Ana Santos, cirujana bariátrica y directora del Instituto de Control de Obesidad en el Centro Médico Menonita de Cayey.

Retos mentales: algunos antes, otros después

Para ser considerado a una cirugía bariátrica, el paciente debe cumplir con ciertos requisitos, que incluyen tener obesidad mórbida, tener 80 libras de exceso o más y que esté entre las edades de 18 o 60 años, según Santos. Para llegar a la oficina de un cirujano, la persona no necesita referido de su médico primario, pero, una vez comienza el proceso, se debe evaluar con distintos expertos como internista, cardiólogo, nutricionista, psicólogo, psiquiatra, entre otros, no solo para identificar la alternativa quirúrgica más adecuada, sino para crear un perfil del estatus integral del paciente.

De estas evaluaciones, dos psicólogas que han trabajado con estos pacientes para aprobarle las evaluaciones, aseguraron que se desprenden algunos retos mentales, entre los que figuran la ansiedad ante el proceso quirúrgico y sus riesgos, la carga de expectativas irreales sobre los resultados y el comprometerse con el procedimiento para aceptar que es un cambio de estilo de vida.

“Uno de los retos más grandes que ellos tienen que saber es que esto no es una varita mágica que hoy te harás la cirugía y ya mañana estarás flaco, sino que es un trabajo que se tiene que continuar, incluso, luego de la cirugía”, compartió, por su parte, la psicóloga Ana Sala.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, estos miedos y ansiedades no representan un reto mayor en el perfil del paciente porque, luego de aclaradas las dudas y mediante un proceso de educación, comienzan a mostrarse esperanzados de que finalmente podrán cambiar sus vidas, según la psicóloga clínica Solymar Alicea.

“El paciente bariátrico, por lo regular, es un paciente bien optimista, que quiere mejorar. Por lo regular no es un típico paciente deprimido, sino todo lo contrario, es un paciente que quiere superar todos sus problemas, pero, dentro de la evaluaciones, también se preguntan cuál es la expectativa que tienen de la cirugía”, dijo.

Con ella coincidió Santos, quien en las primeras visitas de sus pacientes los percibe muy esperanzados en el proceso.

“Mis pacientes son pacientes que muchas veces han tenido que vivir una vida de discrimen, no solo en el ambiente familiar, sino en el médico. No siempre en las oficinas médicas hay algo tan sencillo como una silla en la que se puedan acomodar y no tengan miedo de romperla. Así que muchas veces vienen a mí luego de que todos los eventos negativos de su vida, algunos profesionales se lo achacan a la gordura, y no les dan esas alternativas. Vienen bien tristes por un lado porque no han logrado su meta de ser saludables, pero a la vez muy esperanzados porque por fin ven un alternativa viable”, aseguró Santos.

Confiados en que necesitan un cambio en su vida, se someten al proceso quirúrgico. Sin embargo, luego de completada la jordana, muchos enfrentan otra serie de retos mentales porque no se cumplieron las expectativas iniciales como, por ejemplo, que quedarían completamente delgados, sin tejido estirado.

“Posterior a la cirugía uno pasa por una etapa de ‘wow que chévere, mira que mucho he perdido’, ‘que bien me va’, ‘estoy bien contento’, ‘estoy entusiasmado’, la autoestima mejora, pero ya un poco más adelante lo que viene pasando es que si se estancan en el peso, si se miran en el peso y ven todos esos tejidos que tienen, pues piensan mi cuerpo no me gusta tanto como pensé que me iba a gustar, tienen miedo a engordar y pues también surgen problemas de autoestima si no se cumplen las expectativas”, dijo Sala.

Con ella coincidió Alicea, quien aseguró que “hay muchos que luego de la cirugía sienten baja autoestima porque gordito estaban bonitos, y luego de bajar mucho de peso se sienten feos, no se quieren mirar al espejo y eso les puede afectar mucho”. Pero, el problema va más allá de que no se sientan conformes con los resultados, pues otro factor que los estresa, y según coincidieron las cuatro mujeres en entrevista por separado, es que es un proceso complejo el conseguir la aprobación del plan médico para la reconstrucción de tejido.

Tal es el caso de Márquez, quien ha tenido una lucha continua para le operen el exceso de tejido que le quedó luego de la cirugía, pero  no ha tenido éxito hasta el momento y se ha visto obligada, en compañía de otros pacientes bariátricos, a llevar su queja ante el Senado, haciendo una petición al senador Carmelo Ríos para enmendar la ley y que requiera a los planes médicos que la reconstrucción sea obligatoria en todos los casos.

“Yo no he podido reconstruir (mi cuerpo) porque muy lamentablemente, en Puerto Rico, los planes médicos te están aprobando la cirugía bariátrica, porque se firmó una ley de que es una enfermedad, pero es muy triste que los planes médicos te hacen una cláusula donde te dice que te pueden operar pero no te cubre la reconstrucción. Yo soy uno de esos casos. Hay unos planes que sí, pero hay otros que no aceptan, a menos que sea un caso en el que tengas demasiada piel”, dijo la paciente, quien utiliza fajas debajo de la ropa para acomodar la piel en exceso desde hace 2 años y medio.

El que algunos planes médicos se nieguen a cubrir el costo de una cirugía de reconstrucción de tejido puede traer muchos problemas como infecciones en la piel, desbalance, además de afectar la autoestima de los pacientes.

“Esa piel en exceso cambia hasta el balance en la persona, pueden caerse o hasta tener dolor de cuello, así que aquellos que lo necesitan realmente lo necesitan. Debajo de esos tejidos muchas veces hay infecciones, entonces ponen en cuidado la salud del paciente”, comentó la doctora Santos.

Pero los problemas de salud pueden ir más allá, según Márquez, pues dado a que en Puerto Rico los costos de cirugía estética son tan altos, muchas personas recurren a países como Colombia o República Dominicana, poniendo en riesgo su salud ante procesos quirúrgicos que, en ocasiones, no están regulados.

“Yo he ido a cuatro cirujanos y lo menos que tengo que tener para poderme reconstruir son $15 mil para poderme hacer los senos y la barriga. A eso añádele que si te vas a hacer los brazos son $5 mil, y si incluyes los muslos son $4 mil más. Estamos hablando de casi $25 mil para poder recoger todo eso que perdiste en libras. Sin embargo, llamas a Colombia y con $7 mil me lo hacen todo”, explicó Márquez.

A pesar de todos los retos que enfrentan durante el proceso, la realidad es que la mayoría de los pacientes bariátricos también encuentran muchos beneficios de su intervención quirúrgica, según las tres expertas en salud. Para Santos, su parte favorita del trabajo es el resultado final de una persona más saludable.

“Gracias a Dios se nos permite ver la satisfacción de los pacientes, no solamente físicamente, sino emocionalmente, cómo pueden volver a integrarse a la sociedad, a un mundo lleno de posibilidades”, comentó.