El regreso a clases puede implicar ansiedad y estrés para muchos padres, madres y encargados por distintos motivos. Cada situación es diferente, todo depende del niño, su edad, situación física y cognitiva, al igual que la crianza. 

Así lo explicó la psicóloga escolar Lourdes López Vega al considerar que todo depende de cuál es la relación entre los niños y su cuidador.

Por su parte la psicóloga experta en familias, Carmen “Nina” Martínez Geigel, señaló que el comienzo de clases es una transición de un tiempo de relajación, a una rutina ardua, precisa y exigente, tanto para los menores como para los padres. Tener que regresar de nuevo a la escuela puede ser difícil para ambas partes, pues es regresar a otro estilo de vida y a otras responsabilidades, aseguró. 

Asimismo, según Child Mind Institute, el inicio de clases también puede ser difícil para un menor o cuidador si hubo un cambio en el sistema de apoyo. El objetivo de los padres es brindar apoyo sin exacerbar las preocupaciones de su hijo, establece su página web.

López Vega describió como clave desarrollar un lazo de comunicación afectiva para entenderse mutuamente y que los adolescentes o niños se sientan en la comodidad para expresar inseguridades o pensamientos irracionales, entre otras preocupaciones que pueden surgir antes del regreso a clases. Mencionó que la estrechez en la comunicación debe desarrollarse desde el nacimiento del menor.

La también exvicepresidenta de la Asociación de Psicología Escolar de Puerto Rico destacó que los padres deben inculcarle a su hijos el sentarse a dialogar, entender sus preocupaciones y expresar sus inquietudes. Si no se habla, hay obstáculos añadidos, aseguró. 

Como padres se le tiene que dedicar tiempo a los niños, pero la comunicación no tiene que ser 100% verbal, ya que, por ejemplo, a través de los juegos se pueden desarrollar otros intereses y temas.

Agregó que es importante enseñarles a seguir instrucciones y a dedicarle su total atención a lo que hagan juntos. Si no se trabaja lo que se quiere alcanzar desde etapas iniciales, es más fuerte obtenerlo cuando ya son adolescentes, advirtió. 

En esta etapa sugirió hablarles en positivo y evitar transmitirle sus miedos. Igualmente al hacer el cambio de una escuela a otra, es importante saber si está contento o contenta con la decisión, ir a visitar el nuevo ambiente antes, saber qué percepción tiene el adolescente de esta escuela o si tiene amigos o amigas allí. 

También, describió como esencial saber si el menor siente que no fue considerado a la hora de la decisión del cambio de escuela y si tiene miedo respecto a su futuro aprovechamiento académico. 

Como padres, uno tiene que darle las herramientas necesarias a los menores, no sobreprotegerlos, para poder adaptarse a estos nuevos ambientes”, alertó. 

Hay también menores que pasan de fase, por ejemplo, de escuela elemental a intermedia, consideró Martínez Geigel. Con este proceso vienen dudas, preguntas y preocupaciones que se deben de atender, pues el próximo grado puede presentar retos y exigir una complicación mayor de la esperada, sostuvo.

No podemos sobreproteger a los menores, no importa que edad tengan”, repitió López Vega. 

Si está en kínder, va a estar probablemente llorando, consideró. Si sucede, se le habla y se intenta calmar, pero hay que dejar al menor llorando, subrayó. Según ella, como el niño o niña ve a su cuidador o cuidadora es como va a reaccionar. 

En muchas ocasiones, el adulto comete el error de pasarle su ansiedad al menor para sobreconsolarlo, destacó. 

Indicó que los maestros están capacitados para los retos en cada etapa de desarrollo, y que hay que tener confianza en que los menores se van a adaptar en alrededor de 45 días, aseguró López Vega. Hay que también entender cuál es el tipo de disciplina  que se tiene como encargados y reevaluar sus métodos. “No se puede castigar a un adolescente porque se va a convertir en aún más retante”, recomendó.

A su vez, el Child Mind Institute sugirió la repetición para poder manejar el inicio de clases. Es decir, ir a la escuela varias veces antes de que comience la escuela, caminar por los pasillos si es posible y localizar su salón de clases, el baño, la cafetería y el patio de recreo. El simple hecho de inventarse cualquier excusa para que el menor o adolescente pase de nuevo solo o sola para hacer una pregunta en la oficina, o dejar un formulario, les da más oportunidades de sentirse cómodos estando allí.

Por su parte Martínez Geigel propuso hacer una lista de diligencias por hacer, materiales que hacen falta, citas médicas y conversaciones pendientes. Una semana o dos antes de empezar las clases se debe de hablar con los niños, presentarles nuevamente la rutina de acostarse temprano y de levantarse temprano, dijo. 

Hay que también considerar cómo se va a manejar lo tecnológico y cuál va a ser el uso permisible en época de clases para balancearlo con los estudios, puntualizó Martínez Geigel. 

Hay que aprender a negociar, específicamente en el caso de  los adolescentes, y enseñarles a mantener un balance, mantenerse activos físicamente y con relaciones interpersonales e interacción presencial.

En el caso de los adolescentes, es importante también que entiendan que el uso de los medios digitales, específicamente las redes sociales, pueden ser distracciones e implicar problemas de autorregulación, mencionó Martínez Geigel. Por ende, si quieren buenas notas tienen que intentar hacer un balance, ponerse límites y evitar usar las redes mientras hacen sus tareas.