El miedo a ser contagiados con COVID-19 ha causado que miles de familias en Puerto Rico se encierren en sus hogares desde mediados de marzo como parte de las medidas de aislamiento social para aplanar la curva epidemiológica de la pandemia. 

No obstante, el encierro ordenado por el gobierno y recomendado por expertos podría ocasionar que algunos queden con temor a salir a la calle aún cuando comienzan a flexibilizarse las normas. 

A ese miedo se le conoce como el síndrome de la cabaña, un “síndrome en el que la persona aun pudiendo salir, luego de un escenario que lo ha mantenido confinado, decide no hacerlo por ansiedad”, explicó el psicólogo clínico, Peter J. González González. 

Es cuando de momento, recuperar esa libertad le da ansiedad a la persona, explicó.

Si bien es cierto que no se tiene información precisa sobre el origen de este síndrome, el psicólogo explicó que se utiliza mayormente entre los estadounidenses que tienden a estar largos inviernos en sus hogares, especialmente en estados más fríos. 

Los psicólogos entrevistados coincidieron en que el síndrome de la cabaña no es un trastorno psicológico y tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como  la Asociación de Psiquiatría Americana (APA, por sus siglas en inglés) no lo clasifican bajo dicha categoría. 

Sin embargo,  si existe un estado emocional en el cual algunas personas comienzan a sentir ansiedad y temor tras largos periodos de encierro cuando son liberadas, explicó. Por eso este fenómeno es frecuente en presos. 

El tiempo que toma desarrollar el síndrome varía según la persona y lo traumático del evento. Las personas más susceptibles a padecerlo son las solitarias, las que sufren de alguna fobia social o condición física y los que padecen de ansiedad generalizada.

Los sectores demográficos más susceptibles a su desarrollo son los de la tercera edad y los jóvenes, según el psicólogo clínico. Por un lado, en las personas de la tercera edad puede surgir porque se les tiende a dificultar adaptarse a los cambios de la era digital. Por el otro, en los jóvenes puede desarrollarse porque están acostumbrados a interactuar de manera virtual. 

“En Puerto Rico, estamos viendo el empezar de este miedo”, indicó González González. 

“Según la gente se vaya liberando del toque de queda, saldrá a aflorar este síndrome en muchas más personas”, anticipó.

La presidenta de la Asociación de Psicología de Puerto Rico, Kalitza Baerga Santini, recomendó a las personas a reincorporarse paulatinamente al quehacer diario cuando el encierro termine. Si la persona se reincorpora de golpe, sus miedos y temores pueden empeorar. 

“Estar claros de lo que estamos sintiendo y no minimizarlo” también es importante para intentar evitar la ansiedad cuando llegue el momento de normalizar la vida fuera del hogar, recomendó. 

Seguir las medidas de higiene y desinfección personal cuando se está fuera del hogar, del mismo modo, permite que la persona se sienta en control de la situación, añadió.

“Es un miedo natural al volver a la nueva normalidad”, expresó. 

No obstante, trazar una distinción clara entre el síndrome de la cabaña y la agorafobia es importante. 

La agorafobia si es un trastorno psiquiátrico que implica un miedo o temor irracional o desproporcionado para ciertos eventos o lugares en el que la persona cree que escapar será imposible, difícil o humillante. Esto puede desembocar en síntomas similares a los del ataque de pánico, según los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos.

Las mujeres son doblemente propensas a sufrir de agorafobia en comparación con los hombres. La tasa de prevalencia en la población estadounidense es de 2%. En los adultos mayores de 65 años asciende a 10.4%, de acuerdo con el estudio “Gender differences in anxiety disorders: Prevalence, course of illness, comorbidity and burden of illness”.

El psicológico clínico, Antonio Martínez Taboas, explicó que “en el síndrome de la cabaña a la persona le da miedo salir a la calle porque ha estado en una reclusión forzosa”. Esto contrasta con la agorafobia en el que “ese criterio no existe”. 

“En la agorafobia la sociedad está funcionando como normalmente”, explicó. “Lo que pasa es que, a pesar de que no hay ningún peligro, no hay ninguna batalla o desastre natural, yo no puedo salir o se me hace muy difícil salir”, agregó. 

Martínez Taboas aclaró que, para muchos expertos, el síndrome de la cabaña es una reacción natural luego de que la persona se acostumbra a estar encerrada en el hogar.

“En el caso del COVID-19, como todavía hay temor de que ahí puede haber contagio, eso se agrava más todavía y pueden haber personas con un temor de que se puedan contagiar. Así que prefieren estar en sus casas porque tienen un temor real”, puntualizó.