Para poder apoyar a los adolescentes en su camino hacia la adultez de manera efectiva y exitosa es esencial tomar en consideración las fortalezas y necesidades de los jóvenes, específicamente en áreas académicas y socioeconómicas, estableció la psicóloga escolar María Rolón Martínez al enfatizar en que el factor más importante en esta transición es el desarrollo socioemocional.

Asimismo, especificó que no solo es importante el apoyo de la familia, la escuela y la comunidad, sino que los jóvenes se conozcan a sí mismos para así tener la capacidad y herramientas para tomar decisiones importantes.

A su vez, el presidente de la Asociación de Psicología Escolar de Puerto Rico, Hector Hernández Loubriel, coincidió con Rolón Martínez y opinó que, en este periodo de transición, el objetivo debe de ser preparar a los adolescentes, desde temprana edad, para asumir los nuevos roles de un adulto. 

“Hay que ofrecerles la oportunidad de aprender a autogestionar su tiempo de estudio, asignarle tareas domésticas y fomentar que desarrollen su personalidad”, ejemplificó.

Agregó que uno de los factores de mayor influencia en la vida de los adolescentes, específicamente para efectos de esta transición, es cómo llevan a cabo la ruptura social, la creación de nuevas redes de apoyo, que conlleva el cambio de la escuela superior a la universidad, y el desarrollo de la identidad como individuo. 

Explicó que esto puede ser percibido como una pérdida o duelos que pudiesen venir acompañados por emociones tales como tristeza, estrés e inestabilidad, sensaciones a las cuales hay que estar alertas.

Advirtió que no estar preparados para enfrentar estos cambios podría afectar la transición a la vida adulta. Subrayó que desarrollar la independencia de un ser humano se trabaja a través del tiempo, por lo que es importante reforzar una comunicación abierta y asertiva en esta etapa. 

Mientras, Rolón Martínez comentó que otros elementos que pudiesen agravar la complejidad de esta transición son la falta de apoyo familiar, carencia de recursos individuales y familiares, alguna dificultad en su desarrollo, tener necesidades especiales, entre otros aspectos. Resaltó a la pobreza como protagonista dentro de las dificultades, pues impacta significativamente las oportunidades que le pudiesen ser disponibles a los jóvenes y su familia.

Vital el apoyo de los cuidadores

Según Rolón Martínez ayudarles mediante esta transición hacia la adultez implica asistirlos a identificar sus fortalezas, académicas, pero también de carácter, como la paciencia, el liderazgo. 

Sugirió considerar una evaluación vocacional para identificar posibles opciones de estudio o empleo y proveer apoyo en la composición de sus metas a corto y largo plazo. También, recomendó asegurarse de que el o la joven cuente con los recursos necesarios, como becas, transportación, hogar seguro, para poder cumplir con las metas trazadas. 

Sin embargo, enfatizó en que no es un trabajo que los padres, madres o encargados tienen que hacer sin ayuda, pues esto pudiera implicar el esfuerzo de un equipo, como del área de consejería/orientación, psicología, trabajo social, educación, y otros miembros de la familia.

Por su parte, Hernández Loubriel destacó que cómo cuidadores lo primero debe ser respetar las decisiones que los adolescentes hagan respecto a nivel académico y laboral. 

Dentro de las mayores dificultades dentro de este proceso Rolón Martínez comentó que, según su experiencia, los padres o madres, usualmente, tienen un plan predeterminado para sus hijos e hijas. 

Asimismo, según un artículo de la revista médica de la Universidad Berkeley, hay estudios que muestran que un 75% de los jóvenes entre las edades de 12 a 25 carecen de un sentido de propósito y se sienten intimidados por la etapa de adultez que les espera. Por esto, Rolón Martínez explicó que es importante entender que el plan se hace en equipo y que las metas deben ser aquellas establecidas por el o la joven, basado en sus intereses y capacidades. 

Destacó como otro problema recurrente a las familias donde los cuidadores se alejan un poco del proceso de crianza, pues ya los ven como “grandes” e independientes, sin entender que están vulnerables por ser un momento de tantos cambios. 

Además, mencionó que existe la frustración de aquellos cuidadores que no saben si pueden proveer lo necesario para lo que su hijo o hija necesita, lo que puede prevenir la agilidad de la planificación. Sin embargo, destacó que, si se hace desde edades o grados más tempranos, se pueden identificar oportunidades de ayuda.

Hernández Loubriel puntualizó que se debe de tomar en cuenta que como encargados, la transición a la vida universitaria de los adolescentes pudiera representar retos más significativos, pues ante lo desconocido pueden surgir ansiedades o estrés que dificulten la transición. 

Por otro lado, Martínez Rolón especificó que también es responsabilidad de la sociedad ayudar a los jóvenes en esta transición. Lamentó de que haya una carencia respecto a las oportunidades de crecimiento profesional y voluntariado para los jóvenes por no tener experiencia o por miedo a que cometan errores.

“Tenemos que crear espacios donde nuestros jóvenes sean bienvenidos, donde aprendan, donde puedan cometer errores en espacios seguros, sin sentido de culpa”, destacó.

El impacto de la salud mental de los jóvenes en la transición

Por su parte, Rolón Martínez afirmó que el impacto de un trastorno de salud mental en la transición de un joven hacia la adultez depende de la distorsión que tenga la persona y su gravedad. 

Especificó que en el caso de un trastorno por déficit de atención, el jóven necesitaría mucha estructura y, si es un trastorno de ansiedad o depresión, ameritaría tener apoyos cercanos y haber desarrollado herramientas para manejar sus síntomas

Alertó que es importante que se coordinen desde temprano los servicios disponibles, como las terapias, acomodos razonables si van a estudiar, y crear una red de apoyo en la comunidad donde vayan a residir o a insertarse. Mencionó que este proceso se puede lograr con una reevaluación psicológica durante la transición para que se pueda establecer su nivel actual de funcionamiento, identificar necesidades y hacer recomendaciones específicas para esta etapa de vida.

A su vez, Hernández Loubriel añadió que los estudiantes registrados en el programa de educación especial podrían continuar necesitando alguna asistencia, por lo que se recomienda orientarse desde la escuela superior sobre las diversas alternativas disponibles, como por ejemplo el programa de Rehabilitación Vocacional.