Muchas veces cuando dos personas unen sus vidas en matrimonio lo hacen con la ilusión de formar una familia y de estar juntos hasta que la muerte los separe. Pero, a veces el amor dura menos de lo esperado. La ilusión se desvanece y toca enfrentar una separación definitiva. 

Eso le ocurrió a Evelyn Vázquez Matos, quien conoció al papá de su hija mientras estudiaba en la universidad. Ellos tuvieron un noviazgo que duró 5 años y un matrimonio que duró seis. Al término de los once años juntos decidieron poner fin a su relación de pareja. 

Según cuenta la planificadora licenciada, el divorcio es un proceso difícil para todos los miembros de la familia. Sufren los adultos que se separan, pero también los hijos fruto de la relación. “¿Cómo explicarle a un niño que el amor se acabó?”, se preguntaba. Para ella y su expareja el bienestar de su hija era -y continúa siendo- una prioridad. Por eso, buscaron ayuda profesional para explicarle a la niña de cinco años su divorcio. 

Cuando al fin llegó el momento de anunciarle su decisión a la pequeña Camila, fueron cuidadosos. No querían que la niña pensara que también se separarían de ella. Tampoco querían que se sintiera culpable. Querían que supiera que siempre estarían a su lado, pero “papá y mamá tenemos que vivir en casas diferentes”. Esa fue la explicación que le dieron y, aunque no evitó el sufrimiento ni las preguntas, iba acorde con lo que podía entender a su corta edad. 

Para los hijos, los padres son lo más importante, pues son ellos quienes satisfacen todas sus necesidades. 

Asimismo, socialmente “la familia es la base del desarrollo humano, dado que es el contexto social privilegiado para dotar de las condiciones necesarias que favorezcan el que sus miembros inmaduros, inexpertos e insuficientes, como son los hijos, alcancen su autonomía a todos los niveles”, explica un estudio titulado “Separación o divorcio: trastornos psicológicos en los padres y los hijos, de la coautoría de Orellana Reyes Vallejo, Fernando Sánchez-Barranco Vallejo y Pablo Sánchez-Barranco Vallejo. 

Por tal razón, según la licenciada en psicología Sandra López, enfrentar la separación de sus padres es igual a enfrentar una gran pérdida. En principio, los niños pasan por una etapa de negación, en la que tienen muchas dudas, y eso, les puede generar ansiedad. “Los niños sienten preocupaciones como dónde y con quién voy a vivir, cuándo voy a ver a mi mamá o a mi papá, entre otras. También, pueden sentirse culpables de que papá y mamá se separaron”, comenta López. 

Ante todo, “es importante que papá y mamá le hablen con claridad de acuerdo a la edad del niño”, destaca López, para quien no es necesario dar detalles de la ruptura pues pueden provocar mayor confusión e, incluso, una alienación parental. La alienación parental es cuando papá o mamá trata de evitar el vínculo afectivo con la otra parte mediante distintas estrategias.

Vázquez Matos coincide con la licenciada López. 

La planificadora comenta que “[ella y su exesposo] empezamos a trabajar por el bienestar de nuestra hija, buscamos ayuda y aprendimos a relacionarnos sin ser pareja. Aprendimos a separar la relación que era de Efraín y Evelyn de la relación en la que éramos el papá y la mamá de Camila”. 

Eso les ayudó mucho y también fue beneficioso para su hija pues pudo pasar tiempo por separado con ambos e, incluso, después de la separación, llegaron a ir de vacaciones juntos para disfrutar momentos importantes como familia. 

Sin embargo, no todos los niños corren con la misma suerte que Camila. A veces, “los papás que estamos inmersos en el proceso de divorcio, estamos tan dolidos que necesitamos consuelo para nosotros y no nos percatamos que ese niño está sufriendo y pasando por esta pérdida tanto o más que uno como adulto”, señala Vázquez Matos.

 Para ayudar a los hijos a sobrellevar el divorcio o separación de sus padres, la licenciada López y Vazquez Matos recomiendan: respetar las rutinas establecidas como familia, evitar alejar al menor de su círculo de amigos, maestros o familiares cercanos, permitirle al menor comunicarse frecuentemente con su papá o mamá a través de llamadas o vídeollamadas, estar presentes en los momentos importantes para el menor, evitar que las parejas de turno se involucren en asuntos que le corresponden a los padres y, sobre todo, evitar utilizar al menor como una ficha de tranque al momento de enfrentar problemas con la expareja. 

Ambas coinciden en que el compromiso de los padres es vital para asegurar el bienestar de los hijos. 

“Un niño con buena salud emocional va a ser un niño que va a poder seguir concentrándose en la escuela y va a poder seguir alcanzando sus metas va a tener sueños”, manifestó Vázquez Matos.