(Foto: José Maldonado)

Ante los momentos de tensión que se viven en Puerto Rico por una lucha política sin precedentes, una de las poblaciones más vulnerables a la desinformación son los niños. Los padres o encargados deben explicarle a los menores el contexto histórico y las razones de lo que está ocurriendo para evitar cambios físicos y mentales, relacionados al estrés.

Así lo confirmó Nery-Jo Fernández, psicóloga escolar y miembro de la junta directiva de la Asociación de Psicología de Puerto Rico (APPR), quien aseguró que los niños, dependiendo de la edad, aún no cuentan con la madurez cognitiva para entender por sí solos lo que está sucediendo a su alrededor. Si no se les explica, podría acarrear conductas inadecuadas relacionadas al estrés que experimentan los adultos por situaciones de tensión.

El pueblo de Puerto Rico lleva más de 10 días consecutivos manifestándose y exigiendo la renuncia del gobernador Ricardo Rosselló tras la revelación de las 889 páginas del chat por parte del Centro de Periodismo Investigativo. 

“Esa misma manifestación que el adulto experimenta, los menores la van a sentir. Eso quiere decir que si tenemos una mamá o papá con alguna manifestación de ansiedad, furia, de injusticia, desesperanza, ellos también van a sentir lo mismo”, aseguró la psicóloga escolar.

Debido a esta carga de emociones en el hogar, los adultos deben estar atentos a los más pequeños de la casa para determinar si un menor puede estar sufriendo estrés por lo sucedido en las calles de la Isla. Según Fernández, el padre o encargado deberá auscultar varios aspectos, como el entorno donde vive el menor, lo que escuchan en ese espacio familiar, con quién se pasan la mayoría del tiempo, si adultos o amigos de sus edad, así como la información que han recibido a través de los medios de comunicación.

“Los niños, dependiendo de la edad que tengan y la etapa de desarrollo en la que se encuentren, así es que van a tener mayor estrés o no, porque, los más pequeñitos, por ejemplo, podrían recibir ese estrés por parte de lo que escuchan por sus superiores, si tienen el televisor puesto con alguna manifestación violenta, hay quejas o temas políticos envueltos en el hogar, y aún esos niños pequeños no entienden lo que está pasando, no tienen el conocimiento y eso puede generar estrés”, explicó.

Cuando se opta por no explicarles a los menores de edad lo que está pasando, estos recurren a crear situaciones imaginarias que no necesariamente corresponden a la realidad. Recurrirán a inventarse imágenes de la situación, y eso podría empeorar su estado de estrés. En cambio, los adultos deben trabajar en mantener una conversación con los niños sobre el contexto histórico y estar disponibles a preguntas, pues, según Fernández, en las escuelas no necesariamente se les está dando la información por completo sobre remontarse en la historia para entender que no es la primera vez que se protesta por alguna circunstancia política. 

“Es importante, si el adulto va a ir a una manifestación, no necesariamente una marcha, sino de yoga, bicicleta, a través de la náutica, las que hemos visto en estos días, etcétera, que se les explique cuál va a ser la función, cómo se va a llevar a cabo. No decirle ‘te vas a quedar con tu tía, con tu abuela, con un familiar. Yo voy a participar de la manifestación y vengo en la noche’. No, eso no, porque eso deja abierta una puerta donde si el menor ha estado expuesto a que, si en los días previos ha habido una manifestación violenta, se quede con la preocupación de que ‘wow mi papá, mi mamá va ir para allá y le va a pasar algo’”, ejemplificó.

Esa preocupación sobre la seguridad de sus padres, o algunas otras relacionadas a los eventos de protesta, pueden provocar que el niño comience a mostrar comportamientos no saludables, entre los que figura dejar de comer o comer en exceso, que se afecten sus patrones de sueño porque quedan supervigilantes de que sus padres lleguen a salvo, entre otros.

“Si esto no se da de esta manera, que es lo que no preocupa, vamos a tener niños que van a estar experimentando bastante estrés y esto se va a manifestar en diferentes áreas de la rutina, inclusive en el comportamiento. Podemos ver niños que tienen un comportamiento típico, manejable y esa semana están comportándose distinto, están sensibles, irritables, lloran más frecuente de lo normal, están más exigentes, y los padres, en vez de comprender que esto corresponde al momento histórico que vivimos, es posible que tengan una invención inadecuada”, añadió la psicóloga.

Algunas intervenciones inadecuadas podrían ser castigarlos, quitarles privilegios como el uso de la tecnología, o dejarlos en encerrados en sus cuartos por una mala conducta. Por el contrario, los acercamientos correctos deben ser preguntarle qué le está pasando, qué le preocupa, así como validar lo que les aqueja, pues según la experta los menores de edad no se protegen dejándolos de un lado, sin explicarles lo que sucede a nivel nacional.

Si los padres identifican que el menor sigue estresado porque no bastó con explicarle el contexto, pueden recurrir a herramientas terapéuticas como ejercicios de relajación, aromaterapia o respiraciones profundas en un ambiente familiar.

Cómo decirlo

No solamente es importante explicarles a los menores lo que está pasando para que no se sientan perdidos, sino que se debe hacer tomando en cuenta consideraciones como ofrecer una contestación basada en hechos reales, en la literatura, y no completamente en la opinión personal del adulto.

Para poder entablar estas discusiones, el primer paso es crear una relación de confianza con el niño.

“Los niños sí se dan cuenta completamente, por eso se les considera una población vulnerable, porque están expuestos a todo. Como popularmente se dice, son esponjitas y absorben todo, pero absorber no significa comprender, no significa que lo vas a poder manejar. Así que el me doy cuenta, me da estrés, pero muchos niños se quedan callados, en silencio. Entonces, debemos fomentar una cultura familiar que sea de exponernos a dialogar”, recomendó Fernández.

Se deben fomentar la conversación para que se creen lazos de confianza en la familia y los niños se sientan libres de expresar sus sentimientos y preocupaciones sin que haya que preguntarles. Según Fernández, la familia representa las fuentes primarias de información, las cuales son las más confiables porque “lo que queremos prevenir, precisamente, es que vayan a otras fuentes externas” como la internet o los medios de comunicación donde las situaciones se explican no necesariamente de la forma que el menor lo necesita.

Sin embargo, estas fuentes primarias también deben llevar un filtro. L psicóloga recomienda que no se le debe explicar a los menores las circunstancias amparados en las opiniones personales pues al niño se le debe ir creando un pensamiento democrático que se logra, solamente, con posturas basadas en los hechos reales.

“Para educar un menor, siempre es importante retomar la historia. Hay que hacer referencia a cómo nosotros, como sociedad, hemos participado y hemos tenido aciertos, desaciertos, porque hay que ver las dos caras siempre. Es importante una visión clara y realista de lo que hemos vivido como país, y eso siempre debe ser en términos simples”, aseguró.

Durante estas intervenciones, se debe evitar que el ideal político interfiera en la explicación y, en cambio, el adulto se debe amparar en la enseñanza de valores, explicarles lo que son, lo qué es el respeto, lo qué es respetar los ideales, qué es un ideal, entre otros. A su vez, dejarse llevar por la literatura para separarse un poco de la opinión personal y que los niños “construyan ellos mismos su pensamiento democrático”.

“Necesitamos que los niños tengan análisis crítico y eso debe crearse. Esto no debemos dejarlo para cuando los niños entren a su primer año de universidad”, puntualizó.

Evitar la sobreinformación

Sobreinformar un niño sobre una situación en particular, dependerá, la mayor parte del tiempo, de su edad, lo que quiere decir que el discurso del adulto debe ser cónsono con la etapa de desarrollo del niño, pues ofrecer información demás también puede generar estrés.

A los niños menores de 10 años de edad, explicó Fernández, no se les debe exponer a imágenes y videos violentos pues estos no comprenden que esa violencia se da en un espacio en particular y que no llegará a su hogar. Para evitar que se sobreinforme un niño de esta edad, el adulto deberá responder las preguntas que haga el menor, sin adelantarse a ofrecer respuestas no requeridas que puedan acarrear más estrés.

En el caso de los adolescentes, niños de 12 años o mayores, en ocasiones, al tener un teléfono móvil, tienen acceso a mayor información por lo que los padres deben tener conversaciones más profundas de lo que sucede para contrarrestar la sobreinformación. Dentro de estas discusiones, se le debe preguntar al adolescente si su deseo es manifestarse. De ser así, se le puede permitir participar de las protestas acompañado de un adulto, así como de mensajes positivos en su pancarta. Es decir, se les debe promover la expresión del lenguaje no soez, teniendo en cuenta que se lucha por la conciencia social y no la violencia.

Cuando el estrés en los menores no cesa con la explicación o herramientas de tratamiento en el hogar, se debe buscar ayuda de un profesional pues no atender el estrés podría llevar a que se desarrolle un trastorno de ansiedad.

“Si usted ve cambios que son diarios y son concurrentes, es importante buscar ayuda, porque están manifestando un estrés que sobrepasa el nivel de estrés positivo”, explicó Fernández.