No hay una manera exacta de detectar a un mentiroso.

Existen estudios que apuntan a características o comportamientos que uno puede detectar al examinar la veracidad de lo que alguien expresa, aunque hay personas muy diestras en mentir que rompen con tales parámetros, expresó la psicóloga Jennifer Castro Cruz.

Asimismo, la experta explicó que los rasgos de una persona mentirosa son difíciles de constatar, pues la persona con este tipo de personalidad está insatisfecha con su vida y decide crear una nueva realidad que muchas veces hasta ella cree como veraz.

Sin embargo, estableció que, si uno es sumamente atento, puede saber si alguien le miente en base a sus auto dilaciones, si dan demasiadas fuentes de información, las palabras o expresiones usadas, los movimientos de la cabeza, su postura, la respiración, cambios en el rostro o en la tonalidad y el surgimiento de rosácea en el rostro.

Por su parte, la licenciada en consejería psicológica María Del Valle Rodríguez añadió que las historias de los mentirosos patológicos tienden a ser muy elaboradas sin que los detalles hayan sido necesariamente solicitados.

Estableció que cuando a la persona se le pide contar una anécdota más de una vez, de no ser ser cierta, la segunda vez que la presente va a tener dificultad narrandola igual y le suelen añadir elementos a la trama.

Mientras, Castro Cruz alertó que las personas tienden a pensar que si un individuo mira para arriba o evitan el contacto visual al narrar una experiencia la misma es falsa y clasificó la conclusión como un mito.

“Hay personas sumamente diestras en el arte de mentir”, exaltó.

Señaló a las investigaciones del doctor Paul Ekman, un profesional conocido por sus estudios sobre las farsas, quien define a las mentiras como un acto en el que una persona elige deliberadamente engañar a otra persona sin notificar previamente su intención.

Según los estudios de Ekman hay dos tipos de mentiras: esconder y falsificar. De manera similar, en su página web destacó que esconder es cuando una persona obvia información. Mientras, falsificar implica presentar información falsa como veraz.

Asimismo, el experto en los engaños subrayó que los principales motivos por los que una persona miente son para proteger a alguien de un regaño, obtener un beneficio, salir de una situación incómoda, evitar una vergüenza o un castigo, mantener privacidad, obtener admiración de otros y ejercitar su poder sobre otros.

A su vez, indicó que los cambios en postura, expresión facial y/o tonalidad de voz advierten que lo que se está diciendo es falso porque resalta que intentan omitir una emoción que sienten.

Afirmó que, a pesar de que hay mentiras no son identificables, son raros los casos en los que se da. Reiteró que, aunque la persona sea experta en falsedades, es “casi imposible” que un embuste no pueda ser detectado.  

No obstante, recordó que no hay manera rápida ni fácil de poder reconocer una mentira.

¿Qué es una persona patológicamente mentirosa?

Castro Cruz hizo hincapié en que un mentiroso patológico, clínicamente conocido como un mitómano, es una persona que hace un acto repetitivo a mentir que le proporcionan un beneficio inmediato ya sea llamar la atención, o admiración, entre otros.

“La persona no tiene control de la mentira, es un modo de comunicación normal y ordinario”, documentó.

Especificó que no todo lo que dicen estas personas es mentira. Recalcó que, usualmente, usan pedazos de realidad o pedazos de falsedades que los ayudan a decorar su historia que son ciertas.

Mencionó que las personas exageran o les añaden información a sus historias para que suene más lindo o ellos luzcan mejor.

Por su parte, Del Valle Rodríguez dijo que se trata de mentiras de uso cotidiano, a veces, sin necesidad de ser usadas. La persona aprovecha la ocasión para proveerse cierta satisfacción mientras narra la falsedad que le permite revivir la experiencia desde un punto de vista idealizado.

Estableció que lo que hace patológico al caso de un paciente es que las personas no captan la diferencia entre cuando mienten y cuando están diciendo verdades.

Consecuentemente, explicó que las relaciones interpersonales se van a dificultar si la persona no recibe tratamiento, pues ella misma no va a poder reconocer si lo que comparte es verdad o mentira.

Más aún, articuló que las personas diagnosticadas le esconden su cuadro clínico a sus amistades o familiares y no evalúa la responsabilidad de sus actos.

Destacó que gradualmente los mitómanos se quedan solas.

“Las personas no quieren estar cerca de ellas porque no saben si les están vendiendo un cuento o diciéndole una verdad. Mentir se vuelve como una adicción”, remarcó.

Diagnósticando a un mentiroso compulsivo

Por su parte, Castro Cruz concluyó que la naturaleza de la patología interrumpe y dificulta el diagnóstico, la creación de estadísticas y que las personas acudan a ayuda profesional.

Además, estableció que como, a menudo, la sintomatología viene acompañada por otras complicaciones psicológicas suele pasar al segundo plano respecto a las prioridades.

“Muchas veces, es comórbido de otras sintomatologías, entonces se le da mayor atención a los otros diagnósticos. Cuando uno está bregando con una patología severa, la mentira no es lo primordial”, describió.

Criticó que, específicamente en Puerto Rico, a nivel clínico no se le da la importancia que amerita a tal patología.

A su vez, Del Valle Rodríguez añadió que en Puerto Rico se normalizan las mentiras por razones culturales.

El factor de educar sobre este tipo de temas se pierde, las personas no identifican lo que no sabe, entonces es bien importante que esta información pueda llegarle al pueblo en arroz y habichuelas.

“Muchas veces llegan pacientes con otros diagnósticos y se esconde lo patológico de sus mentiras entre estos otros problemas”, confesó.