En una boda en Carolina del Norte, Willvelys Cosme González y Eduardo Cosme Rivera, una pareja de puertorriqueños, de 29 y 32 años, contrajeron nupcias en una iglesia en la que solo estuvieron presentes sus padrinos, sus hijos y los pastores que sellaron su amor.

Mientras el mundo sucumbía ante la rapidez del COVID-19, optaron por suspender la boda y confirmar votos de manera sencilla, privada e íntima con sus familiares inmediatos presentes en la celebración. Un celular transmitió todo vía Facebook. 

Sus seres queridos presenciaron desde Puerto Rico cuando Eduardo le colocó el anillo de matrimonio que la abuela de Willvelys le había heredado. El anillo de más de 71 años era el único recuerdo de la mujer que la había criado, la misma que falleció hace poco más de un año.

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Las llamadas, los mensajes y los comentarios inundaron la transmisión en vivo de la boda. A un lado de la toma, Willvelys lucía un traje azul y su cabello levemente ondulado. Al otro, Eduardo vestía una camisa de botones blanca y un pantalón de vestir.

La tristeza que siente Willvelys al pensar cómo hubiera lucido si hubiese recorrido el pasillo con su velo blanco la siente todos los días al tener que abrir su armario en el que todavía tiene colgado el traje de novia que no pudo utilizar.

Sin embargo, “nada me dañó la felicidad que tenía”, compartió a Es Mental

Lo importante para la pareja fue que pudo darse la unión entre ambos a pesar de las circunstancias y de sus planes iniciales, aseguró Willvelys, quien comenzó su relación con su ahora esposo hace 12 años.

En Puerto Rico, la industria de las bodas ha comenzado a promocionar el concepto de las “mini-bodas” —pequeños eventos con más de 10 invitados—, según la decoradora, coordinadora de eventos y propietaria de FS Eventos, Felisha Santana Rivera.

Si se celebra al aire libre, la mini-boda puede tener hasta 10 invitados. Si es en un lugar cerrado, no más de cinco. Los recordatorios y los bizcochos deben entregarse en porciones individuales. La comida también, solo que el invitado tiene que comerla fuera del local.

En caso de que el cliente lo desee, la boda puede transmitirse en vivo, mencionó Santana Rivera.

Los presentes tienen que seguir todas las medidas de distanciamiento social que las autoridades han recomendado. También, la coordinadora debe cumplir con una responsabilidad de no tan solo higienizar, sino de velar la distancia entre los invitados.

En caso de la pareja escoger un fotógrafo, tiene que incluirlo en la lista de invitados. Esto representa un espacio menos entre los diez cupos que permite la ley, agregó.

“El gobierno nos dio permiso para que las personas que necesitan casarse de emergencia o porque tienen algún trámite legal (…) se casen”, expresó Santana Rivera.

La orden ejecutiva que la gobernadora de Puerto Rico, Wanda Vázquez Garced, firmó para evitar el contagio y la propagación del COVID 19 posibilitó que la Oficina del Registro Demográfico pudiese continuar con la expedición de licencias de matrimonio vía correo electrónico. El proceso puede tomar de días a semanas.

“Al principio (las parejas) estaban un poco resistentes, pero lo están aceptando”, expresó la coordinadora.

Y es que la importancia del matrimonio “va a depender mucho de la expectativa que tenga cada miembro de la pareja”, explicó la terapeuta sexual y de pareja, Mary Ann Martínez. “En término generales, cuando se hace la legalidad de una relación, por lo menos el mensaje general que se percibe es de compromiso en la relación”.  

Un error frecuente que las parejas cometen es que, en lugar de enfocarse en la planificación del matrimonio, se enfocan en la planificación de la boda, agregó. Eso provoca que se pierda de vista que lo importante al momento de decir “sí” es el compromiso de la pareja.

En caso de sentir nostalgia o tristeza al terminar de manera súbita una boda por causa del coronavirus, la terapista de parejas exhortó a que se delineen planes para ayudar a que los niveles de la ansiedad disminuyan. Igualmente, que la pareja no se limite a tomar en cuenta las bodas transmitidas en línea ante la limitación de las bodas presenciales.

“Es importante que la pareja entienda que lo importante es el matrimonio, no es la fiesta”, acotó.

“Esto no nos lleva tan solo a redefinir lo que es el matrimonio, lo que es la convivencia, nos llevar a redefinir todo. Nos lleva a redefinir prácticamente toda nuestra vida”, puntualizó Martínez.