El cuerpo humano está preparado para manejar pequeñas dosis de estrés; sin embargo, si el mismo permanece de forma prolongada o crónica puede afectar los sistemas del cuerpo. 

Uno de los sistemas que se afecta es el musculoesquelético. La tensión muscular es casi una reacción que refleja al estrés y es la forma en que el cuerpo protege contra las lesiones y el dolor, según la Asociación Americana de la Psicología (APA, por sus siglas en inglés). Es decir, cuando el cuerpo está estresado, los músculos se tensan y el sistema se ve afectado. Como consecuencia, el estrés crónico es una de las causas principales de dolores en los huesos, hipertensión, migraña, entre otras dolencias.

En el caso del sistema respiratorio, los estresores psicológicos, específicamente el estrés agudo provocado por eventos traumáticos, pueden facilitar problemas respiratorios en personas con condiciones preexistentes como asma. 

Según  la psicóloga Norma Ramos Solla, el que una persona padezca de problemas respiratorios acentúa la reacción del cuerpo al estrés. Sin embargo, reacciones como un episodio de pánico o situaciones de mucha ansiedad se caracterizan por una «falta de aire», aunque no haya una enfermedad o condición existente.

Por otro lado, también se ve impactado el sistema cardiovascular, según la APA. El corazón y los vasos sanguíneos comprenden los dos elementos del sistema cardiovascular que trabajan juntos para proporcionar nutrición y oxígeno a los órganos del cuerpo. La actividad de estos dos elementos también está coordinada en la respuesta del cuerpo al estrés. Por ende, en situaciones de estrés se emite una respuesta física automática afectando la circulación de sangre, la presión sanguínea, entre otros factores. 

En el caso de las mujeres, la APA precisó que el riesgo de enfermedad cardíaca asociado con el estrés parece diferir al de los hombres, dependiendo de si la mujer es premenopáusica o posmenopáusica. Los niveles de estrógeno en mujeres premenopáusicas parecen ayudar a los vasos sanguíneos a responder mejor durante el estrés, pero las posmenopáusicas pierden este nivel de protección debido a la pérdida de estrógeno.

A nivel cognitivo, los niveles altos de estrés oxidan nuestro cerebro y esto se da cuando hay demasiado radicales libres en el cuerpo y no hay suficientes antioxidantes para eliminarlas, aseguró, por su parte, la psicóloga Alessandra Landrau Sálamo. Esto hace que se alteren los procesos naturales celulares y puede provocar alteraciones a nivel cognitivo. De hecho, en pacientes con enfermedades neurológicas, que tengan o presenten un deterioro cognitivo, este es un factor que hay que cuidar porque puede alterar el progreso de la condición de forma negativa.

Incluso, Ramos Solla añadió que se ha identificado específicamente que el estrés prolongado afecta aspectos de la reproductividad, la líbido, e inciden negativamente en el desarrollo de diversos tipos de cáncer en general, catarros o alergias y «brotes» en condiciones médicas. 

El estrés crónico, es la enfermedad silenciosa que ‘mata’”, reiteró Landrau Sálamo al expresar los peligros del mal manejo del estrés. Sin embargo, alertó que la vulnerabilidad de un paciente ante un estrés crónico va a depender de los recursos que tenga la persona, ya sean, de personalidad, emocionales, psicológicas, sociales y entre otros. Incluso, entra cómo la persona afronte esa situación o evento desencadenante que está provocando esa respuesta de estrés. 

Por este motivo, ambas expertas coincidieron en que es importante evaluar a la persona para brindarles herramientas adecuadas y acorde a su situación. De la misma forma, indicaron que sufrir de niveles de estrés que estén siendo perjudiciales o adversos para la salud, requieren de ayuda inmediata.

De acuerdo con su experiencia, Ramos Solla explicó que el estrés crónico tiene cierta recurrencia o prevalencia muchas veces también en ciertas profesiones. No obstante, más allá de ese aspecto tiene bastante presencia en Puerto Rico. Esto se puede deber a la cantidad de ajustes hemos tenido que enfrentar con los temblores, huracanes, pandemia, falta de electricidad e inflación, entre otros factores. Aunque por lo general se observa más desde inicios de la adultez, cada vez más personas jóvenes, adolescentes o hasta menores pueden llegar a experimentarlo, indicó. 

¿Cómo una persona puede identificar que sus dolencias son por estrés?

Cuando una persona comienza a somatizar, es decir a observar diferentes cambios  fisiológicos y emocionales en el cuerpo, este es el punto clave de que algo no anda bien y que el propio cuerpo lo está notificando, indicó Landrau Sálamo. Por lo tanto, hay que estar muy alerta e informado sobre las quejas somáticas. 

Sería recomendable evaluar cuál es el evento, factor o situación que está provocando ese desajuste fisiológico y que no permite a la persona adaptarse, comentó Landrau Sálamo. También, hay que explorar la intensidad y frecuencia de lo que describe la persona y evaluarla en todas sus áreas.

Desde la perspectiva de la psiconeuroinmunoendocrinología, Landrau Sálamo subrayó que a las personas se les hace más fácil hablar y describir las molestias porque pueden hacer referencia en dónde les duele.  Al contrario, al hablar de una emoción es mucho más difícil porque a veces cambia, no es algo tangible o palpable y no hay un lugar físico donde podamos señalarla. 

Ambas profesionales estimaron que las personas llegan con mayor recurrencia a buscar ayuda para atender una enfermedad que por lo emocional. Por esto, lo emocional se suele diagnosticar luego de haber descartado lo físico. 

Entre las recomendaciones ofrecidas por las profesionales está la educación, entender mejor su cuerpo, emociones y entorno, mindfulness, aromaterapia, revisar la alimentación y el ejercicio, entre otros. Santos Vilella hizo énfasis en las terapias de relajación somática, neurofeedback o cognitivo-conductuales de la tercera generación, contacto con la naturaleza, hidroterapias, yoga, actividades que integren las artes y que sean placenteras para la persona, integración social o actividades sociales.

Estas medidas le proveen a la persona mayor facilidad a la hora de identificar cuáles son los síntomas cognitivos, físicos, emocionales, y conductuales, puntualizó Landrau Sálamo.