Si algo queda claro sobre la autoestima, es que es un concepto que trasciende edades. Los más pequeños también se amparan en esta autoconcepción para lograr importantes metas en su desarrollo cognitivo y social.

Por tanto, es esencial que las figuras de autoridad, como padres, familiares y maestros, conozcan cómo pueden fomentar una buena autoestima en los menores, ya que son los primeros modelos de crianza.

 

Desarrollar una alta autoestima a temprana edad potenciará el desarrollo de los niños y los alejará de conductas indeseadas, como actitudes de culpabilidad, comportamientos rígidos y agresivos, entre otros. Pero, como figuras de crianza, ¿qué hacer para fomentar una buena autoestima?

La psicóloga escolar Nery-Jo Fernández, miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Psicología de Puerto Rico (APPR), explicó, en entrevista con Es Mental, que el primer paso es reconocer la importancia de la prevención.

“Es importante, de forma preventiva, trabajar lo que es el concepto de la autoestima. La autoestima se conforma de variables sociales, así que, un niño que tenga buenas relaciones socioafectivas, pues va a tener una buena relación, no solamente consigo mismo, sino con los demás. Esto va a permitirle al niño una visión particular de sí mismo y del mundo que le rodea. Es decir, la autoestima va involucrar una autovaloración y esto se sustenta en el autojuicio”, comentó la experta.

Para lograr la prevención de conductas indeseadas a medida el niño se va desarrollando, es esencial que las figuras de autoridad reconozcan que antes del menor preocuparse por lo que los demás piensan sobre él, debe tener un autoconcepto sobre lo que piensa de sí. Pero, esto es complicado a esa edad, según Fernández, porque a diferencia de la autoestima de los adultos, que pueden suplir sus propias necesidades, lo niños dependen de agentes y componentes sociales que influyen en su autoestima irremediablemente.

“Ahí es que viene lo complicado de la autoestima en los niños, porque se conforma por diferentes factores. Por ejemplo, los personales que van a ser tu imagen corporal, tus habilidades físicas e intelectuales, pero también están las personas significativas a tu alrededor que son tus padres, tus hermanos, tus maestros o amigos, y están los factores que incluyen tus valores, tus creencias”, aseguró la psicóloga.

Prevenir con una buena autoestima le dará herramientas potenciadoras al menor que le permitirán disfrutar de beneficios, como entender que aprender es importante, sentirse cómodo preguntando si no entiende algo, acercarse mejor a las personas, alejarse de riesgos desafiantes, disminuir actitudes de culpabilidad, ser más capaces de lograr sus metas, aceptar mejor el riesgo, entre otros. Por el contrario, una baja autoestima podría promover actitudes, como ser rígidos y agresivos, comportamiento riesgosos, ser inhibidos, no ser atrevidos para participar en clase y otros.

Otro paso importante de promover la buena autoestima en los niños, es evaluar si cuenta con una autoestima alta o baja. Para ello, manifestó Fernández, existen formas de poder evaluarla.

Indicadores de una alta autoestima podrían ser que el niño siempre busque aprender y hacer algo nuevo, que sea explorador, que reconozca cuando comete una falta, responsable, recibe bien la crítica.Por otro lado, indicadores de una baja autoestima podrían ser que el niño rehúse intentar actividades sociales y deportivas, que tenga miedo al fracaso, negación y frustración ante la crítica, tendencia a mentir, entre otros. 

“Los padres, los maestros y las personas que intervienen con niños tienen que tener bien claro que todos los niños, en algún momento de su desarrollo, van a demostrar algún síntoma de baja autoestima. Eso es bien normal porque es parte del proceso de la maduración, así que esa baja autoestima va a ser saludable hasta cierto punto porque va a demostrar que el niño está reconociendo cambios”, añadió la psicóloga.

 Si los indicadores de autoestima baja persisten aún aplicando herramientas para promover la alta, es importante que se busque ayuda psicológica, aclaró.

¿De qué herramientas se habla? Como parte del diario convivir con los niños, Fernández propuso varias estrategias que las figuras de autoridad pueden implementar para promover una buena autoestima.

  • Elogiar: “A todos nos gusta que nos digan cosas bonitas, que nos resalten las buenas destrezas, nuestros talentos. Los niños particularmente necesitan mucho de eso porque es lo que va a formar una base sólida para poder continuar. Deben ser específicos, dependiendo del contexto… evitando que sean constantes para no sobre estimular”.
  • Tratarlos con respeto: “Deben tratar a los hijos con el mismo respeto que tratan a cualquier persona adulta. Algo tan simple como ‘por favor’ o ‘gracias por portarte bien o seguir las instrucciones’”. 
  • No pedir perfección: “Muchas veces queremos que todo sea perfecto y eso crea dificultad. Sabemos por naturaleza que no existe la perfección humana, así que los padres deben empezar a entender eso para poder fomentar la autoestima desde temprana edad. Los niños necesitan saber que sus padres también admiten el error y los aceptan tal como son”.
  • Escuchar y responder a las dudas: “La comunicación será importante para fomentar una buena autoestima”.
  • Permitirle la toma de decisiones: “Los niños sí toman sus propias decisiones y eso los papás tienen que tenerlo consciente, porque a medida que los expongan a que puedan tomar sus propias decisiones, el mensaje es el siguiente ‘tú tienes el potencial para decidir por ti mismo, tienes las destrezas, tú puedes’”.
  • Darle responsabilidades: “Hacerlos parte de las dinámicas de la casa o de las responsabilidades cotidianas para que puedan sentir ya su propio potencial de independencia”.
  • Validarlos: “Dejarles saber que a mí me interesa lo que a ti te importa… Valorar lo que al hijo le gusta”.

Para la psicóloga Samari Román, subespecialista en niños y adolescentes, la autoestima es el predictor de aspectos de salud mental durante la infancia y la adolescencia, pues a diferencia de los adultos que pueden moldear sus conceptos del mundo a lo que creen que la sociedad les pide, los niños sí dependen, directamente, de lo que las figuras de autoridad primarias piensan sobre ellos, incluyendo el entorno del hogar y escolar. 

“La autoestima es como la raíz de una persona saludable emocionalmente, entonces, cuando la autoestima está afectada, en los niños particularmente, podemos ver dificultades en integración social, dificultades en expresión de sus sentimientos, entrar en factores de riesgo”, comentó la también Wellness Coach.

El papel de los padres es tan esencial en ese proceso de la autoconcepción de autoestima que promover ciertas prácticas no aportan positivamente al desarrollo de una buena. Entre estas podrían incluirse el comparar a los hijos entre sí, criticarlos constantemente, exigirle buenas calificaciones sin darles espacio para el disfrute de una actividad extracurricular, exigirle que las actividades las lleven a cabo de forma perfecta sin permitirles el disfrute, entre otros. 

“Esto puede afectar la autoestima porque le niño va reconocer que valgo según ejecuto. Mi performance tiene que ver con quién soy y cuánto valgo. Entonces, debemos identificar que la autoestima no es tan solo nuestros talentos y nuestra capacidad intelectual, si no que es nuestros valores, cuánto nos ponemos en los zapatos del otro”, propuso la experta.

Desde la visión integral del ser humano, el mindfulness podría ser una herramienta poderosa para promover en los niños aspectos de meditar, vivir un minuto a conciencia sin preocuparse por lo que tengo que hacer próximo, lo que, a su vez, potenciaría una mejor autoestima. Además de recomendar una crianza basada en la sinceridad, en la delicadeza de evitar el castigo físico y verbalmente abusivo, entre otros, Román recomienda ejercicios específicos en su práctica privada para potenciar la autoestima en los niños. Algunos de estos son:

  • Conectar con la naturaleza: “Cuando estamos en un ambiente natural podemos retirar todo lo electrónico y lo que nos vuelve un tanto automáticos, y, aunque no se diga ni una sola palabra, se siente el lugar, el momento y la familia. Es como experimentar que tenemos que estar juntos y soltar, liberar”.
  • Ejercicio físico: “Ir a caminar a un parque, ir a la playa, a la piscina. Dar una vueltita por la Isla, sentarse debajo de un árbol, salir al patio, caminar descalzos en la grama. Ahí físicamente sentimos una experiencia sensorial y automáticamente cuando todos los sentidos se activan, empezamos a liberar endorfina y dopamina”.
  • Hacer un huerto en el hogar: “El huerto casero, aunque tengamos un apartamento y nada más lo podamos hacer vertical, nos da ese momento de poderle enseñar a los hijos lo que es ciclo de la vida, enseñarle que todo fruto se da en un momento perfecto, que todo lo que trabajamos con amor y dedicación siempre rinde fruto en el momento indicado”.
  • Respirar abdominalmente: “Le podemos poner un peluche en la barriga y, acostados en su cama, antes de dormir, que empiecen a subir y a bajar ese peluche porque al respirar abdominalmente estamos oxigenando todo nuestro cuerpo y liberamos hormonas de cortisol, que se producen con altos niveles de estrés”.
  • Ejercicio de respiración con los padres: “Nos ponemos la mano en nuestro corazón, y con la otra mano mi hijo toca mi corazón y yo el de él, respiramos con un conteo de cuatro, inhalamos, contamos cuatro y exhalamos. Podemos hacerlo desde un minuto a cinco minutos, dependiendo de las edades”.

“Ayudar a los niños a que construyan una fuerte autoestima es una de las tareas más importantes que tienen los padres. Enseñarles cómo valorarse, respetarse y tratarse con cariño es clave desde los primeros años de su vida”, coincidió la psicóloga Gema Sánchez, especialista en mediación sanitaria, en una publicación de La Mente es Maravillosa.