Ante una sociedad en la que se le exige a todos estar constantemente positivos, es difícil conceptualizar que la felicidad en exceso pudiese también ser una amenaza a la salud mental, expresó la psicóloga clínica Yarielis Robles Morales.

Robles Morales enfatizó en que la positividad excesiva, también conocida como tóxica, es generalizar las emociones de uno mismo y reducirlas en una sola, la felicidad parcial.

Por su parte, la experta en consejería psicológica, Jessiemar Campos Hernández, explicó que el concepto de la positividad tóxica fue un movimiento que se intensificó mediante las redes sociales a partir de la pandemia.

Detalló que la iniciativa estaba fijada en decirle a las personas que tenían que estar positivos y, así, estarían bien. Sin embargo, criticó al mismo al describirlo como un intento por decirle a las personas cómo se deben sentir sin conocer sus situaciones individuales, a su vez, invalidando sus sentimientos.

Aunque expresó que la importancia que le otorga la iniciativa a la felicidad es justificable y entendible desde un punto de vista clínica, apuntó que los sentimientos son temporales y la vida es cambiante.

Puntualizó que el mensaje que trae el movimiento lo que hace es decirle a las personas que ser felices es opcional y es una responsabilidad de cada individuo como acto de cuidado personal y amor propio.

Añadió que es un acto que impide que otras personas puedan entender, sentir y vivir otras emociones.

Repercusiones

Aunque la psicóloga clínica Campos Hernández explicó que el movimiento intenta impulsar a las personas a ser excesivamente positivas, la realidad clínica es que es bien difícil encontrar a una persona que sufra de esto.

Destacó que la norma suele ser que las personas se describen como seres felices; no obstante, lo que hacen es esconder otras emociones, perpetuando su sufrimiento.

Como consecuencia, la salud mental y la estabilidad emocional de la persona se ven afectadas.

Por su parte, Morales Robles enfatizó en que cuando una persona, de manera consciente o inconscientemente, decide reprimir unas emociones para poder superar una experiencia, tal vez traumática, por su bienestar emocional es una decisión que contribuye a su salud mental. Sin embargo, al una persona, de manera voluntaria, decidir esconder un sentir para no vivirlo u olvidarse de su presencia, puede afectar aún más su estabilidad emocional.

Alertó que ser una persona que se esconde detrás de la felicidad excesiva puede exacerbar distorsiones existentes de salud mental o hacer a las personas más vulnerables a expresar síntomas.

Mientras, Campos Hernández resaltó que la positividad excesiva, está atada a los jóvenes y al consumerismo.

“Hay personas vendiendo la felicidad”, explicó al precisar que para muchos jóvenes adultos es un producto atractivo y viable, pues, por lo general, no saben lidiar con sus emociones.

Mencionó que lo importante es tener un balance y ser realistas con las situaciones enfrentadas.

Agregó que las redes sociales y muchas de las personas detrás de esta iniciativa no son profesionales de la salud mental ni salubristas, razón por la cual las personas deben de ser más atentas con el entretenimiento que consumen.

En el caso de un estudio realizado a víctimas de violencia doméstica en el Reino Unido, los investigadores de la Universidad del Este de Londres encontraron que aquellas sobrevivientes que practicaron la positividad tóxica minimizaron la severidad del daño de sus agresores.

Se concluyó que las personas que presentaron altos niveles de optimismo, ante situaciones de abuso, son más vulnerables a quedarse más tiempo con la persona que les hace daño y perdonarlos, facilitando el que pueda empeorar el abuso.

Consejos

Según Morales Robles, las personas no deben conceptualizar sus emociones como sentimientos negativos ni positivos.

Añadió que se debería de siempre buscar la resiliencia y trabajar lo que es la salud mental.

Incluso, destacó que sentir las emociones y poderlas nombrar ayuda a una persona a trabajarlas.

Matizó que cualquier persona que está reprimiendo o negando sus emociones lo que está haciendo es amplificarlas.

“Es como decir: ‘No te comas el bizcocho de chocolate’ mientras más lo intente ignorar, más lo voy a querer”, ejemplificó Morales Robles al explicar que las emociones, de no atenderse, también pueden pasar a controlar a las personas.

Más aún, un estudio publicado por el Centro Nacional de Información sobre Biotecnología en el 2018 estudió el lazo entre la salud mental y la aceptación de las emociones.

Estableció que las personas que constantemente oprimen o esconden sus emociones ponen en riesgo su salud mental.

Por otro lado, según la Asociación de Salud Mental canadiense, la positividad tóxica no es solo un ataque propio, sino que también puede ser otra persona, injustificando las emociones de una amistad, un familiar o un colega. El ente detalló que, de ser así, interrumpir la expresión de los sentimientos de otra persona la inhibe de poder manejar sus sentimientos y entenderlos.

Por esto, la Asociación aconseja proveerle a las personas apoyo al escuchar sus inquietudes o verlas manifestar sentimientos relacionados socialmente como negativos.