Se presentan como inquietudes o temor tras enfrentar alguna situación difícil y podrían tener repercusiones a la salud emocional y física. Se trata de las preocupaciones y Es Mental conversó sobre este tema con la psicóloga clínica Tainari Dávila y la trabajadora social clínica Mely Z. González M​adera

La mayoría de las personas con preocupaciones emplean la dinámica de la evitación para evadir lo que están experimentando, pero esto no provoca que haya una solución, según la doctora Tainari Dávila. Contrariamente, el no hacerle frente a lo que preocupa podría convertirse en un estresor. 

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Y si eso ocurre, puede hacer acto de presencia el estrés, que se manifiesta como una respuesta fisiológica o, incluso, convertirse en un pensamiento obsesivo y recurrente

“A lo mejor yo tengo el estresor de que tengo muchas tareas que hacer para la semana final, pero no tengo el tiempo suficiente para dedicarle a todas, entonces se convierte en un estresor, porque tengo más demandas que recursos”, dijo Dávila a modo de ejemplo. 

Inclusive puede ser más serio y posteriormente presentarse con padecimientos físicos como problemas digestivos, insomnio o enfermedades cardíacas

Pero además mediante la ausencia de claridad mental, dificultad para concentrarse y hasta dolores en el cuerpo, mencionó, por su parte, la doctora González M​adera.

La trabajadora social clínica aseguró que, aunque la preocupación es una experiencia natural y frecuente, aspirar a tener un balance en los estados emocionales que se experimentan puede prevenir los efectos físicos y emocionales futuros. 

“La preocupación excesiva es cuando la persona busca tener todo bajo su control y experimenta pensamientos intrusivos relacionados a la causa de la preocupación. Este tipo de preocupación puede impedir el progreso en la vida y se podría decir que este estado es contraproducente para la persona”, sostuvo.  

Cuando las preocupaciones comienzan a alterar el bienestar y las rutinas cotidianas de una persona, es necesaria la búsqueda de ayuda de un profesional de la salud mental, reiteró. 

“Además cuando sumerge a la persona en un estado mental de análisis-parálisis que le lleva a procrastinar y a no culminar las actividades que había pensado llevar a cabo. Este proceso genera angustia mental que puede escalar a tal punto de llevar a la persona al deterioro físico y mental”, puntualizó. 

El entender las señales del cuerpo también es esencial para evitar que haya una consecuencia mayor sobre la salud emocional y física, especialmente en días en los que los seres humanos viven en constante ajetreo, explicó Dávila. 

“Una persona a lo mejor no se ha dado ni cuenta que tiene una preocupación y quizá no puede dormir bien y cuando yo no duermo bien lo primero que debo preguntarme es: ¿Qué paso?, ¿Hay algo que me preocupe que no me haya dado cuenta? Porque a lo mejor he tenido un día tan ajetreado que ni siquiera me he detenido a darme cuenta cuáles son mis preocupaciones, para poder entonces hacerle frente”, comentó. 

La psicóloga clínica hizo un llamado a prestar atención a estas señales. 

Nadie nos conoce a nosotros mejor que nosotros mismos. Somos los que nos podemos dar cuenta que una preocupación nos está afectando demasiado”, sostuvo. 

Hizo hincapié en que se debe entender que hay preocupaciones que no están en el control de una persona. 

“Hay un montón de preocupaciones que no pueden controlarse y esas tengo que trabajarlas para soltarlas”, finalizó.