Aunque la timidez suele percibirse como una característica de la personalidad de un individuo, la preocupación constante, el miedo y la falta de interacción social que trae consigo puede trastocar el bienestar de una persona. ¿Hasta qué punto la timidez beneficia o afecta a los seres humanos y qué niveles deben ser de preocupación? Es Mental preguntó a profesionales de la salud mental.

Y es que el ser tímido o tímida más que un adjetivo, se trata de conductas de carácter fisiológicas, emocionales y/o sociales. Algunas manifestadas a través del nerviosismo constante, palpitaciones, ansiedad, miedo o fobia social, preocupación constante a cómo me evalúan, entre otras.

Las personas tímidas tienden a sentir preocupación sobre cómo son percibidos por los demás. Lo que conlleva que estas puedan experimentar temor a ser juzgadas o rechazadas. Acompañada, además, por inseguridades que podrían afectar la autoestima y la confianza del individuo, explicó a Es Mental la licenciada, Jessiemar Campos Hernández, psicóloga consejera.

La timidez desde la niñez

Campos Hernández señaló que suele aparecer a partir de los dos años, cuando los niños comienzan a desarrollar su sentido del “yo”. “Hay diversos factores que influyen, incluyendo estilos de crianza y experiencias de vida. No necesariamente la timidez es una característica de personalidad, ya que la misma está relacionada a la preocupación a cómo es percibido por los demás. Muchas veces se confunde la timidez con la personalidad introvertida”, comentó la profesional.

La timidez provoca, según el doctor Randy Morán, psicólogo clínico, que muchas personas se limiten a experimentar nuevas vivencias, oportunidades, escenarios, y otros, especialmente, si se trata de un niño o joven.

“Como, por ejemplo, quizá, el niño no se atreva a participar de un deporte o de su clase, así que lo limita a su desarrollo social e incluso académico”, mencionó.

También en la niñez se observa que los comportamientos de los niños pueden diferir de lo esperado para su etapa de desarrollo y edad cronológica, cuando se comparan con sus pares, expuso la licenciada Christina M. Jiménez-González, psicóloga escolar de Insight Psychology Clinic.

“Pueden actuar de manera más callada de lo típico, mirada evasiva, hablar en voz baja o mostrar una interacción social limitada que afecta significativamente el desarrollo de relaciones interpersonales”, argumentó Jiménez-González.

Mientras que en la adolescencia, sostuvo que un estudio realizado en Perú, llamado “Escala de timidez revisada: propiedades psicométricas en adolescentes peruanos”, enfatizó en que hay un incremento en esta conducta durante esta etapa, “con datos que permanecen relativamente estables una vez concluida la adolescencia”, agregó Jiménez-González.

Los niveles de timidez

De acuerdo con la psicóloga, existen diversos instrumentos que se utilizan para medir los niveles de la timidez. 

En el caso de la niñez, está el cuestionario de timidez infantil (CSQ), la Escala de Timidez de Cheek Revisada. No obstante, al momento de emplearlos, se toman en consideración factores como la edad de la persona evaluada, la adaptación cultural del instrumento de medición o el idioma en el que se desarrolló el instrumento (versus el idioma que habla la persona evaluada, por lo que puede cambiar a nivel global).

De manera similar, esta conducta en la niñez puede clasificarse entre timidez temerosa (surge entre 6 a 9 meses) y la timidez consciente de sí mismo (surge entre los 3 a 4 años).

En la adolescencia se identifican como la timidez temerosa de la infancia y la timidez evitativa/conflictiva.

“La timidez se puede manifestar con una intensidad distinta, según la persona y la situación. La mayoría de las personas pueden llegar a experimentar timidez en algún momento de sus vidas o bajo circunstancias particulares. Sin embargo, existen casos extremos donde la timidez puede causar problemas en el funcionamiento de la persona, ya que las situaciones sociales le pueden causar demasiado malestar o convertirse en un problema de ansiedad social”, precisó, por su parte, Campos Hernández.

La Generación Z también tiene el componente de las redes sociales, y al estar tanto en el celular, comparto menos con mi entorno y, a la misma vez, estoy más vulnerable a la crítica y al compararme con los otros”, sostuvo el doctor.

El doctor Morán detalló que, los estudios actuales plantean, además, que tras la pandemia por COVID-19 (la carencia de interacción), la Generación Z (nacidos entre el 1997 al 2012) ha sido la más trastocada en cuanto a timidez y dificultad en las destrezas sociales.

Dio como ejemplo que antes del boom del Internet, los niños y jóvenes se exponían más a las interacciones con sus pares, comparado a las dinámicas de hoy, pues el tiempo en pantalla deja esto de un lado.

Finalmente, la licenciada Campos Hernández recomendó a las personas a que, en caso de identificar que la timidez afecta adversamente su vida, buscar ayuda profesional.  

En muchas ocasiones las personas tímidas sienten un gran deseo de socializar o tener experiencias, pero el miedo a ser rechazados se los impide. Por eso, es importante desarrollar las herramientas necesarias para poder manejar ese malestar y que puedan vivir una vida plena, concluyó.