El  contexto social y cultural de Puerto Rico, además de la crianza, juega un rol importante en la fomentación de los prejuicios y en el comportamiento de algunas personas que en ocaciones apoyan prácticas alejadas de su realidad o bienestar.

En Puerto Rico, este comportamiento se puede observar, por ejemplo, cuando algunas familias apoyan por generaciones a ciertos partidos políticos o figuras políticas sin cuestionarse si realmente su ideología o el trabajo que están haciendo estas personas es beneficioso para ellos. También, existe desde el asunto del género, cuando las mujeres conservadoras critican a otras, dejando a un lado la solidaridad femenina. 

Estos son solo algunos ejemplos de cómo la forma en que se educa y se cría provoca la internalización de los prejuicios. 

Según la psicóloga clínica Kalitza Baerga, presidenta de la Asociación de Psicología de Puerto Rico (APPR), estas conductas provienen tanto de la educación que se brinda en el hogar, como en otros entornos como la escuela y las iglesias.

“La gente vota por los colores del partido familiar y ni se cuestionan si lo que la persona está haciendo, es algo bueno bueno para mí, mi familia o para el país. Eso tiene que ver porque internalizamos los preceptos que nos enseñan”, sostuvo Baerga .

Por otro lado, sobre las mujeres conservadoras o tradicionales que critican y atacan a otras, Baerga enfatizó en la importancia de conocer qué hay detrás de estas mujeres para entender el porqué piensan y actúan de esta manera. Según la psicóloga clínica, es posible que estas mujeres hayan crecido en medio de estereotipos en su familia, en la escuela y en las iglesias.

“Lo vemos en el ámbito político con Alexandra Lúgaro”, mencionó sobre los ataques que recibe la candidata a la gobernación por el Movimiento Victoria Ciudadana de las mismas mujeres.

“Esto se debe a que nos crían para competir entre nosotras mismas”, agregó al tiempo que mencionó que son muy pocas las mujeres que de adultas muestran solidaridad con otras féminas.

“Desde pequeñas estamos compitiendo por lo físico, por los novios, por ser reinas de corazones”, comentó.

Los prejuicios, estereotipos y la cultura también provoca que muchas mujeres, que parecen ser o tienen conductas feministas, lo nieguen, ya que tienen una visión negativa de lo que es el feminismo porque no lo conocen a fondo y se mantienen con lo que escuchan a su alrededor, comentó la psicóloga clínica en entrevista con Es Mental.  

“No es hasta que uno pasa por algunos procesos reflexivos, ya sea cuando uno va a estudiar o cuando tienes algún otro tipo de exposición, que la gente empieza a cuestionarse algunas cosas y a reflexionarlas”, expresó.

El sociólogo Emilio Pantojas también atribuyó al contexto cultural el apoyo generacional a ciertos partidos políticos y a las mentalidades conservadoras y tradicionales de algunas mujeres en la sociedad puertorriqueña.

“En el caso de los votos y la lealtad a los partidos, hay una tendencia a que los hijos reproduzcan las lealtades de los padres”, sostuvo Pantojas.

Sin embargo, a su juicio el País está cambiando en cuanto a su apoyo a los partidos políticos tradicionales, el Partido Nuevo Progresista y el Partido Popular Demócratico, y se está moviendo a apoyar partidos como el Partido Independentista Puertorriqueño y el Movimiento Victoria Ciudadana. Este cambio, según dijo, se ha venido viendo desde el 2015 por elementos de género (mujeres jóvenes) y generacional.

Sobre los ataques hacia Lúgaro de las propias mujeres, éste opinó que los mismos no se deben al machismo, sino a que no están de acuerdo con los valores de la candidata.

Por su parte, la psicóloga Maheliz Pellot Fuentes coincidió con ambos en el rol de la crianza y de la cultura en el apoyo a ciertas conductas que no necesariamente representan el bienestar.

“Los seres humanos somos complejos. Todos tienen sus creencias y sus ideales, y muchas personas se basan en tomar decisiones que tienen que ver con la sociedad en base a sus creencias y a sus ideales, y no debe ser así. Debemos tener un pensamiento crítico e ir más allá de lo que creemos, o de nuestra religión o de nuestras creencias”, aconsejó Pellot Fuentes, con práctica privada en Aguadilla.

Las personas deben tener la capacidad de analizar qué está bien o mal, a tono con la realidad actual, aunque se aleje de lo que le enseñaron durante su crianza, sostuvo.

“Tu puedes pensar:’Yo no estoy de acuerdo de esto porque va en contra de la Iglesia’, por ejemplo. Claro, va en contra de la Iglesia, pero la realidad es que es algo que vivimos, algo que está sucediendo. Entonces, ¿por no ir en contra de la Iglesia no lo vamos a trabajar, no los vamos a mejorar?, cuestionó.

Sobre las mujeres conservadoras o tradicionales, mencionó que muchas veces estas  juzgan a otras porque ellas han querido hacer cosas en la vida y no lo han hecho por temor a qué dirá la sociedad.

“Al ellas ver que hay otras que deciden por sí mismas lo que van a hacer con sus vidas sin importar que las van a señalar, juzgar, criticar, crea cierta molestia porque ellas vivieron con las reglas (de la sociedad)”, explicó.

Tanto Baerga como Pellot Fuentes recomendaron la educación como arma para combatir estos comportamientos.