Glorimar Guzmán y Christian Ortiz se conocieron en la escuela intermedia. Se vieron en los pasillos de la escuela y, al sonar el timbre, notaron que eran compañeros de clase. Ambos eran estudiantes muy aplicados y sobresalientes. Por eso, lograron entrar a una escuela especializada en inglés. Aunque sabían que existía una atracción entre ellos, decidieron ser amigos y enfocarse en su éxito académico. 

No obstante, en escuela superior la vida volvió a juntarlos. Ella tocaba cuatro y el trombón. Empezaron a estudiar en una escuela especializada en Bellas Artes. Eso los unió más, tanto, que decidieron ser pareja. Ya no solo compartían el salón y su pasión por la música, también las tardes de estudio y sus metas profesionales.

Guzmán y Ortiz tenían una buena comunicación con sus padres. Cuando se enteraron del noviazgo, “ellos estaban muy felices porque desde antes de ser novios nuestros padres se conocían e, incluso, querían que termináramos juntos”, aseguró la joven de 24 años. 

A pesar de contar con la aprobación de sus padres, ambos enfrentaron retos como pareja. Tuvieron que balancear el tiempo de estudios con el tiempo de compartir con tu pareja, alinear sus planes y metas futuras, sobrellevar la distancia y las limitaciones de transporte para pasar tiempo juntos.

“Nuestra relación fue madurando a través del tiempo y en cada fase nos apoyamos mutuamente. Tengo la dicha de poder decir que relación no tuvo desenlace y que a principios de este año comenzamos una nueva etapa como esposos”, cuenta Guzmán, quien ahora vive su etapa de casada en Wisconsin, donde cursa escuela graduada.

Según Erich Fromm, psicólogo social y filósofo humanista, en su libro “El arte de amar”, el amor es una actitud que determina el tipo de relación que una persona con el mundo. Para la mayoría de los niños hasta los 10 años, el amor consiste en ser amados. En la adolescencia, se supera esa actitud egocentrista y hay un entendimiento de que el amor no es para satisfacer sus propias necesidades, si no que las necesidades de las otras personas son igual de importantes. Incluso, para algunos, las necesidades de la otra persona se vuelven más importantes que las propias. Según Fromm, esa evolución está centrada en la salud mental y la madurez. 

Sandra López, licenciada en consejería psicológica, destaca que el amor en la adolescencia está altamente idealizado e influenciado por los medios de comunicación, por la música que se escucha y por la normalización de la conducta violenta, entre muchos otros factores. Asimismo, trae retos tanto para los jóvenes como para sus padres. 

“En algunos casos [los jóvenes] piensan que se van a casar con ese primer amor, y eso, puede ser peligroso porque pueden incurrir en conductas sexuales para las que sus cuerpos no están preparados”, asegura López. De igual forma, cuando surge una ruptura amorosa pueden generarse sentimientos de depresión y ansiedad. 

Por eso, “es importante que los padres tengan una buena comunicación con sus hijos”, manifiesta López, quien recomienda cultivar la comunicación desde temprana edad. Asimismo, López sugiere buscar información fidedigna, solicitar consejería psicológica o apoyo de un guía espiritual que pueda ayudar a orientar a los jóvenes sobre diferentes temas, como el sexo y el uso responsable de la tecnología, incluyendo las consecuencias del “sexting”.

“Los jóvenes tienen acceso a muchas fuentes de información, que muchas veces no son fidedignas”, señaló López, para quien es importante indagar sobre el contenido al que están expuestos los adolescentes. De igual forma, considera que los padres deben orientar sobre las consecuencias de enviar de fotografías con poca ropa, ya que puede resultar en un problema mayor en el futuro. 

En su libro “Cómo hablar para que los adolescentes escuchen y cómo escuchar para que los adolescentes hablen”, Adele Faber y Elaine Mazlish expertas en comunicación entre adultos y niños, exponen que “la primera plática sobre sexo puede ser, para un padre, difícil de dar y para un adolescente, difícil de escuchar”. 

Para iniciar la conversación, López propone usar como pie forzado alguna noticia o presentarles algún documental sobre el tema que se quiere discutir. Luego, pueden hacerle preguntas para ayudarlos a expresar sus sentimientos y su opinión.

En este ejercicio, es esencial que los padres o encargados “escuchen para entender y no para reaccionar. Hay que dejarlos hablar y, luego, reaccionar de una forma saludable. No con gritos ni golpes”. De esa manera, demuestran que reconocen y respetan los sentimientos del menor, lo que, a su vez,genera confianza y afianza los lazos de comunicación. 

“Otra cosa sumamente importante es que los padres sean modelos para sus hijos. Ellos [los niños y adolescentes] aprenden a través del modelaje de las personas de autoridad”, opinó López, quien asegura que las relaciones de los padres influyen en la manera en que los hijos se relacionan con otras personas.

Por su parte, Guzmán aconseja motivar a los adolescentes a que saquen tiempo para estudiar con su pareja en persona o incluso por teléfono para que así compartan más y se ayuden mutuamente, incluyan a su pareja en tus intereses y pasatiempos (ejemplo: deportes, artes, películas, etc), tengan mucha comunicación, confianza y respeto, se traten como mejores amigos.