Un fenómeno atmosférico puede causar miedo e interrumpir la vida de todos, incluyendo la de los menores. Por eso, es fundamental que los padres tengan las herramientas necesarias para ayudarlos a superar el difícil momento.

En este marco, Es Mental conversó con expertos en psicología infantil, quienes ofrecieron sugerencias sobre cómo manejar el impacto emocional en los menores tras el paso del huracán Fiona por Puerto Rico el pasado 18 de septiembre.

Según los psicólogos escolares entrevistados, el primer paso es hablar sobre lo sucedido. La manera en la que se abarque la conversación dependerá de la familia y la relación que haya entre los padres, madres o encargados y el menor. Sin embargo, es esencial intentar conversar con el menor para identificar sus necesidades físicas y emocionales, estableció Héctor Hernández Loubriel,  presidente de la Asociación de Psicología Escolar de Puerto Rico (APEP). 

Por su parte, Elisa Lebrón Miró, la vicepresidenta de la APEP, añadió que, dependiendo de la capacidad del menor, el cuidador principal del menor debe de hablarle sobre qué esperar del periodo post-huracán. Asimismo, se deben de abarcar temas como la interrupción del servicio eléctrico y agua, anticipar el estar días fuera de la escuela y el retraso o la cancelación de actividades ya programadas. 

Recomendó ser cautelosos con información compartida con los menores de la cual ellos no tienen la capacidad de ayudar, como el aspecto económico, que pueda generar preocupación, angustia y sentimientos de culpa.

Lebrón Miró comentó que algunas reacciones esperadas son preocupación y temor por sus seres queridos, miedo de separarse de los cuidadores o de que haya otro huracán y presentar mayor apego al cuidador, familiares y maestros. Añadió que puede haber un aumento en el nivel de actividad, dificultad concentrándose o prestando atención, retraimiento de actividades diarias, agresividad, quejas de sentirse enfermos y cambios en su aprovechamiento escolar.

Otros posibles efectos pueden ser la necesidad de hablar del huracán o involucrarse en un juego de temática del ciclón, regresión a conductas anteriores y uso de drogas y alcohol, agregó. Dijo que si los menores experimentan alguna de las anteriores reacciones es importante validar sus sentimientos y ayudarles a manejar la emoción. 

Incluso, proveyó una lista breve de pasos a seguir para todo cuidador a partir de esta primera conversación:

  1. Asegurarle al menor de que está seguro.
  2. Intentar regresar a una rutina lo más pronto posible.
  3. Hablar sobre lo que va a pasar con su comunidad, familiares y amigos.
  4. Proponer actividades o estimularlo a idear actividades o cosas que le pueden hacer sentir mejor.
  5. Limitar la exposición de noticias.
  6. Permanecer calmado en la medida que pueda para que puedan modelar su reacción ante el estrés.
  7. Enseñarle y practicar estrategias de relajación como la respiración y el anclaje.

Aparte de las sugerencias anteriores, la investigadora en conducta infantil, Jessica Dym Bartlett, aseguró en un artículo que el trauma infantil puede desarrollarse y presentarse de diversas maneras. Sin embargo, alertó que estas respuestas no deben de ser enfrentadas con molestia ni castigos.

Agregó que la presencia de un adulto sensible y acogedor es uno de los factores más importantes para el bienestar de los niños después de un desastre. Asimismo, recomendó mantener a los niños ocupados, pues el aburrimiento puede intensificar los pensamientos y comportamientos negativos. 

La investigadora aconseja, al igual que Lebrón Miró, limitar la exposición de los niños a las imágenes y descripciones del desastre. No obstante, argumentó que compartir historias sobre la recuperación del país, de una comunidad o de un vecino también puede ayudar a que el menor mantenga la esperanza y positividad.  

También, señaló que para mantener la calma en el hogar y promover la mejor recuperación emocional posible, es necesario que la salud mental de todo miembro del núcleo familiar sea atendida con la misma importancia.

Ambos expertos entrevistados matizaron la importancia de algunos pasos para, en futuras ocasiones, evitar, prevenir o disminuir traumas a raíz de huracanes. Por su parte, Hernández Loubriel comentó que, en el caso de adolescentes, es esencial hablar antes sobre preocupaciones que pudiesen tener y propuso hacerlos parte del proceso de preparación del hogar o de la comunidad ante el paso de un fenómeno atmosférico. 

Mientras, Lebrón Miró advirtió limitar el acceso a las redes sociales, pues la exposición a información que no sea adecuada para su comprensión puede causar miedo y ansiedad. Comentó que el cuidador debe reconocer sus propias limitaciones comprendiendo que su reacción ante el evento influye directamente en la percepción y reacción emocional de los menores. Si el cuidador no se siente capacitado para manejar el proceso de preparación y respuesta ante el huracán, se recomienda que busque ayuda e identifique su grupo de apoyo que pueda asistirle.

Si las reacciones permanecen por más de seis semanas, la sintomatología interrumpe el funcionamiento diario del menor o verbaliza alguna intención de hacerse daño, especificó que es importante buscar ayuda profesional inmediatamente.

De ser necesario, Hernández Loubriel destacó la importancia de orientarse sobre los servicios y recursos disponibles en su comunidad o en municipios cercanos. Invitó a los cuidadores a dirigirse a la línea PAS o buscar algún profesional que pueda ayudar a mejorar el proceso emocional que trae consigo la reorganización luego de un evento atmosférico.