La temporada de huracanes puede ser angustiante y despertar muchas emociones, sobre todo para quienes viven en zonas propensas y los que han sido víctimas directas del desastre. En Puerto Rico conocemos de primera mano el impacto de los huracanes. Cada año cuando comienza la temporada,  el pueblo siente el estrés y el miedo ante la incertidumbre y la posibilidad de perderlo todo. 

La devastación causada por el huracán María, el abandono gubernamental y su respuesta fallida, dejaron huellas que han calado lo más profundo de nuestro ser. Además de daños materiales, hubo pérdidas humanas directas e indirectas. Los puertorriqueños estuvieron meses viviendo sin electricidad, en casas dañadas sin suficiente comida, agua potable y medicinas. Esta experiencia dejó a muchos sufriendo de ansiedad, depresión y estrés postraumático. Entre las secuelas también se encuentran aumentos de suicidio, consumo de drogas y violencia doméstica.  

Con una nueva temporada de huracanes que surge en medio de la pandemia, luego de los terremotos y réplicas que aún continúan, estas emociones están resurgiendo y pueden intensificarse. A casi tres años del huracán María, ha sido difícil regresar a la normalidad. No hemos tenido tregua ni tiempo para recuperarnos o adaptarnos. El costo de salud mental de María todavía es palpable. El pueblo continúa en constante tensión, con estrés crónico, temor y ansiedad. 

Desastres naturales podrían provocar traumas

Los desastres naturales, incluyendo los huracanes, pueden tener fuertes repercusiones en la salud mental. Durante un evento traumático, la persona siente que su vida o la de los demás está en peligro, y es posible sentir miedo o tener la sensación de que no se puede controlar lo que está sucediendo a su alrededor. Las reacciones al trauma varían mucho, desde una reacción leve con interrupciones mínimas en la vida diaria hasta reacciones más severas y debilitantes. 

En su manifestación más leve se puede manifestar miedo y angustia ante la posibilidad de que el evento se repita. También pueden presentarse reacciones exageradas de sobresalto, irritabilidad, tristeza, problemas de concentración, inseguridad, hipervigilancia, dificultades en las relaciones interpersonales, baja autoestima y sentimientos de vergüenza y culpabilidad. En los niños pequeños la ansiedad se puede manifestar con inseguridad al separarse de los padres, dolores de barriga y de cabeza sin causa médica.

En su manifestación más grave se puede presentar el trastorno de estrés postraumático. El trastorno de estrés postraumático puede ocurrir en personas que han experimentado o presenciado un evento traumático como un desastre natural, un accidente grave, guerra/ combate, violación u otro asalto personal violento. Entre los síntomas se  encuentran la ansiedad ante el recuerdo de lo sucedido, miedo a que se produzca nuevamente, evitación, depresión, ideación o intentos suicidas y aumento en el abuso de sustancias y el alcohol. Las personas con este trastorno pueden sentirse estresadas o asustadas, incluso cuando ya no están en peligro. Con las secuelas post traumáticas la persona no solo recuerda el evento, sino que presenta reacciones como si lo estuviera viviendo nuevamente. También puede tener pesadillas muy perturbadoras  y hasta insomnio. En casos más severos se puede dar una percepción alterada de la realidad.

Consejos para fortalecer su bienestar emocional en la temporada de huracanes:

  1. Identifique y acepte tus sentimientos. Nuestros sentimientos son nuestra guía en el camino hacia nuestro bienestar. Todas las emociones son necesarias y cuando las rechazamos, las evitamos o intentamos olvidarlas,  nos puede afectar. La aceptación nos ayuda a estar consciente de nuestras emociones sabiendo que no durarán para siempre. Es necesario reconocer que la experiencia del huracán María todavía tiene sus secuelas y que por lo tanto debemos esperar reacciones como la ansiedad, tristeza, irritabilidad y miedo durante la temporada de huracanes. Es común que las personas que han experimentado situaciones traumáticas tengan expresiones emocionales intensas. La meditación, escribir un diario o simplemente pensar de forma consciente  son estrategias que pueden ayudarte.
  2. Comparta sus pensamientos y emociones. Expresar nuestras emociones es bueno para nuestra salud emocional y mental. Discuta sus preocupaciones con otras personas de confianza y escuche las de ellos. Esto le ayudará a darse cuenta que no está solo y que lo que está experimentando es un proceso normal.
  3. Prepárate con tiempo. La preparación nos da tranquilidad y paz. Saber de antemano que estamos preparados puede disminuir nuestra ansiedad. Es vital tener un plan y practicarlo. Por ejemplo, prepara tu mochila de emergencia con tus documentos importantes; identifica tu red de apoyo, conoce las ubicaciones de los refugios, tenga accesible sus medicinas y equipo de primeros auxilios, entre otros detalles importantes. Planifique qué hacer con sus  mascotas si necesita evacuar.
  4. Infórmese. Escoja una fuente de información con credibilidad, basado en datos y no opiniones. Recopile información que le ayude a determinar los riesgos para que pueda tomar medidas. Limite los programas sensacionalistas, la frecuencia de noticias y las redes sociales. La sobreexposición de información puede aumentar el estrés y la ansiedad.
  5. Establezca conexiones. Contacte a tus familiares, amigos y vecinos. Comparta su plan y conozca el de ellos. Identifique cómo se van a contactar en caso de emergencia. Si tiene familiares en la diáspora también inclúyalos. Comparta sus sentimientos y experiencias con ellos. Mantener las líneas de comunicación con personas de confianza puede ser una fuente de apoyo y reduce la ansiedad.
  6. Cuide su salud. Preste atención a lo que come, haga ejercicios y descanse. El equilibrio mental empieza con una buena alimentación. Limite la cafeína porque el exceso aumenta la ansiedad. Si nuestro cuerpo está saludable podremos manejar las emociones  y el estrés más efectivamente.
  7. Recargue sus baterías. Satisfacer las demandas familiares, personales y profesionales puede ser agotador. El tiempo para uno mismo y el autocuidado puede aliviar el cansancio. Identifique qué cosas disfruta y le traen paz. Elija participar en esas actividades con frecuencia. Practique ejercicios de relajación y respiración. Trate de visualizarse en su lugar preferido, tranquilo y feliz.
  8. Involucre a los niños. Mucha de la ansiedad de los niños relacionada con los huracanes es porque no saben qué esperar. Hable con ellos sobre lo que puede suceder, los preparativos, el plan de emergencia y sobre lo que ellos pueden hacer. Explíquele que la planificación es para mantenerlos seguros. Los niños se sienten más seguros con la estructura y la rutina. Mantenga los horarios de comida y las horas para ir a dormir regulares, si es posible. Asegúrese de que sus hijos sepan cómo y cuándo llamar al 9-1-1. Los niños deben participar en la planificación y el empaque. Esto lo pueden hacer guardando sus juguetes y preparando su bulto de emergencia. Si el niño es pequeño, esta preparación puede convertirse en un juego de busca tesoros.
  9. Enfóquese en el presente. Muchas veces nuestra mente salta de un lado a otro, recordando el pasado o preocupándonos constantemente por el futuro. Cuando esto sucede generalmente nos sentimos inquietos y estresados. Una estrategia muy efectiva para enfocarnos en el presente e interrumpir los pensamientos recurrentes es  contemplar con los sentidos lo que ocurre a nuestro alrededor. Por ejemplo, «5, 4, 3, 2, 1» es una  técnica para calmar su ansiedad en cinco minutos o menos. La técnica consiste en nombrar cinco cosas que puede ver, cuatro sonidos del lugar donde esté, tres cosas que pueda sentir, dos olores de su entorno, y  algo que pueda saborear.

Las familias todavía experimentan estrés postraumático y enfrentan ansiedad ante cualquier posibilidad de un evento atmosférico. Los efectos del huracán María permanecerán por mucho tiempo y los resultados de este trauma colectivo se pueden reflejar aún en quienes no fueron directamente afectados por el desastre. Comprender las reacciones a los desastres nos puede ayudar a identificar nuestros sentimientos, pensamientos y conductas para poder recuperarnos. Lo más importante es que reconozcamos qué va a suceder y aun con estos sentimientos podamos prepararnos.

Si usted o un miembro de su familia sienten que las experiencias traumáticas, la ansiedad, o la depresión interfieren con su capacidad para trabajar, estudiar, dormir, relacionarse con otros, comer y disfrutar de la vida, pida ayuda un profesional de salud mental.

*La autora es psicóloga clínica especializada en niños y familia.