En las películas de amor, las parejas casi siempre encuentran un final feliz. Pero, en la vida real las relaciones amorosas están llenas de momentos espinosos y muchas veces no terminan bien. Cuando eso ocurre, buscar ayuda profesional puede ser beneficioso para superar una ruptura amorosa.

Kique Cubero, documentalista puertorriqueño, está muy consciente de eso. Hace un tiempo sostuvo una relación de pareja que duró un año y, a pesar de varios intentos, no la pudo salvar.

 

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“Me tomó 7 meses superarla, e implicó de mi parte un compromiso y disciplina con mi sanación y mucho amor por la vida”, manifestó Cubero.

Antes de que la relación terminara, él y su excompañera acudieron a terapia de pareja. La terapia no evitó la ruptura amorosa. Pero. “me ayudó a entender la importancia de las psicoterapias para reestablecer la comunicación y que el entendimiento amoroso sea lo que prevalezca”, aseguró el hombre de 41 años.

Según el psicólogo de parejas, Nelson Jiménez Colón, las rupturas amorosas -como la que vivió Cubero-, son muy comunes y se dan tanto entre personas jóvenes como en adultos y mayores. Jimenez Colón destaca que, por lo general, las personas no llegan a su oficina tratando de hacer una ruptura más fácil, sino que van buscando una última alternativa para salvar su relación o cuando ya se han divorciado. Tanto así que “el 90% de las parejas llegan cuando ya se han divorciado y están en conflicto con los hijos”, comentó Jiménez Colón.

En términos generales, el objetivo de las terapias de pareja es tratar de que la persona reflexione sobre cuáles fueron los procesos que motivaron la ruptura, cuál entiende fue su participación y cómo su participación le da responsabilidad en lo ocurrido. Esto ya que, “por lo general cuando dos personas se separan se concentran en lo que el otro no hizo o en lo que falló y deben que entender que ambos tuvieron participación y en parte abonamos a la ruptura”, expresó el doctor, quien considera que hacer esa autoevaluación ayuda a estar conscientes del rol y responsabilidad de cada individuo en una futura relación.

Para Jiménez Colón, no hay un tiempo específico en que se deba superar una separación de pareja. Algunos pueden tardar meses y otros años. Según su experiencia trabajando con familias y divorcios, la recuperación es un proceso muy individual que “va a depender de cuánto tiempo la persona se dedique a sí misma”. Asimismo, señala que es importante dar espacio a que se disipe el vínculo afectivo con la otra persona antes de comenzar una nueva relación.

Parte fundamental de las terapias que ofrece, es a motivar a la persona que está enfrentando una separación a crear un “plan b”. Ese plan, “se trata de mover a esta persona a crear o retomar metas y objetivos que por motivo de su relación puso en pausa o desistió de alcanzarlas”, explicó Jiménez Colón. Por ejemplo, la persona que enfrenta una ruptura amorosa podría volver a practicar algún pasatiempo o encontrar uno nuevo, reconectar con viejos amigos o expandir su círculo de amistades, retomar metas educativas y profesionales, entre otras.

Por su parte, Cubero destaca que a él le ayudó mucho “echar mano de una combinación de herramientas siendo la psicoterapia ericksoniana [técnica que proviene de la hipnosis] una de ellas. Este enfoque terapéutico propone que todos los seres humanos tendemos al crecimiento y al bienestar, descubriendo en el propio interior todos los recursos y el conocimiento que te ayudará a transformar positivamente la manera en que vives. Está orientada al presente y futuro, evitando dolor y sufrimiento de recordar las situaciones adversas que hayas tenido en el
pasado porque se trabaja en base a soluciones, sin necesidad de retomar el problema principal que generó el malestar en ti”.

Ambos recomiendan buscar ayuda profesional.

“Todos tenemos buenos amigos con muy buenas intenciones a la hora de dar consejos. Pero, a veces. la buena intención no lo es todo. A veces. vas a necesitar a alguien que pueda trabajar la situación objetivamente, que no tenga ningún vínculo emocional o afectivo relacionado con esa otra persona”, opinó Jiménez Colón.

De esa manera también se protegen las relaciones de amistad, en caso de que la persona logre una reconciliación con la expareja, agregó.

Datos publicados en el 2018 por el Departamento de Salud de Puerto Rico, revelan que entre el 2015 y 2016, el Tribunal de Justicia General concedió 22,875 divorcios. En términos de causales, 2 fueron por locura incurable, 4 por convicción de delito grave, 30 fueron por abandono, 27 a causa de infidelidad, 164 por trato cruel, 1,897 se debieron a separaciones por más de dos años, 10,319 por consentimiento mutuo y 10,432 fueron por rupturas irreparables. Contrario al resto de las causales, cuando se trata de un divorcio por ruptura irreparable basta con que uno de los cónyuges se quiera divorciar para iniciar el proceso y no se discuten las razones para el divorcio.