A pesar de que al principio no parecería como una situación conflictiva, la comunicación pasivo-agresiva en parejas oculta el enojo detrás de sarcasmos, comentarios simpáticos o acciones positivas, pero que están cargadas de hostilidad y que comentario tras comentario va destruyendo la seguridad emocional de la relación.

“La agresión pasiva va a actuar como una gotera silenciosa. Es como cuando el techo de una casa empieza a tener unas goteras, pues eso va pudriendo lo que son esos cimientos de protección. En la relación se ve como poco a poco se va destruyendo esa seguridad emocional”, apuntó Zayana Figueroa Montero, psicóloga en consejería y catedrática en la Universidad Ana G. Méndez.

La comunicación pasivo-agresiva es una forma indirecta de expresar sentimientos como el enojo, frustración, el resentimiento o la disconformidad que resulta en una agresión camuflajeada y el miedo de que la persona sea vulnerable porque no sabe cómo expresar sus emociones de forma segura, explicó Figueroa Montero.

La psicóloga añadió que los estilos de comunicación se aprenden en la infancia y que si las personas crecieron en hogares en que el enojo estaba prohibido expresarlo, entonces, las personas empiezan a limitar la manera en que expresan sus emociones, embotellan el enojo y lo comunican de manera pasiva.

Convivir con la agresión pasiva va a traer situaciones que mental y emocionalmente van a ser agotadoras. La persona que suele recibir ese tipo de comunicación, suele experimentar una enorme inseguridad de apego al dudar constantemente de lo que siente y percibe. Al haber tanta diferencia entre lo que ve, que puede ser esa distancia o esa frialdad, la persona empieza a dudar de su propia cordura. Esto obliga a vivir en hipervigilancia constante”, explicó.

La persona se cansa de caminar sobre un campo minado, se rinde, se desconecta emocionalmente para protegerse, lo que apaga por completo esa intimidad emocional de la pareja”, afirmó.

De igual forma, María Rodríguez Vidal, sexóloga y psicóloga, aseguró que convivir con personas pasivo-agresivas puede ser emocionalmente desgastante y puede generar frustración, un impacto negativo en el autoestima, sensación de confusión, constante ansiedad, culpa, entre otras.

“Esto es muy similar parecido o similar a lo que se experimenta en relaciones que conocemos como relaciones tóxicas, que no es otra cosa que relaciones en donde no se evidencia o no hay una comunicación de diálogo asertivo”, señaló Rodríguez Vidal.

La psicóloga añadió que el sarcasmo y la comunicación pasivo-agresiva puede utilizarse para factores, como evitar responsabilidad, como, por ejemplo: “tú estás exagerando”, tú me mal entendiste”. y a su vez invalida emociones de la otra persona generando culpa y controlando situaciones o personas sin confrontar directamente lo que está sucediendo. 

“No necesariamente estamos expresando una necesidad de que la otra persona sienta culpa; sin embargo, indirectamente estamos logrando”, agregó.

Esta forma de comunicación puede convertirse en violencia

Así las cosas, este tipo de comunicación entre parejas puede convertirse en violencia psicológica, aseguró la psicóloga y sexóloga.

“Esto ocurre especialmente cuando es frecuente cuando ya hay una intención, es decir yo reconozco como esto impacta o afecta a la otra persona y como efecto secundario obtengo lo que yo quiero. Ya aquí hay una intención y eso hace que se dé con mayor frecuencia o con mayor conciencia esta violencia”, destacó.

Esto también suele estar acompañado de control o manipulación y se va a convertir en violencia psicológica cuando daña la autoestima de la otra persona, cuando genera inseguridad constante, cuando viene acompañado de desprecio, humillación o burla y generalmente se suele utilizar para dominar emocionalmente. No siempre va a comenzar como violencia, pero si no se atiende eventualmente puede caer en eso”, advirtió.

Como primer paso para mejorar una relación que experimenta conductas pasivo-agresivas, las personas involucradas deben reconocer que la dinámica está sucediendo, indicó la psicóloga.

Lo difícil es poderlo reconocer porque cuando ya esto se convierte en un problema es porque ha pasado tantas veces que de manera inconsciente se ha ido internalizando este estilo de respuestas. Una vez la persona se da cuenta que está siendo víctima de un estilo de comunicación pasivo-agresivo, se puede establecer una solución”, confirmó.

Una de las estrategias más comunes, según Rodríguez Vidal, es poder nombrar la conducta sin atacar. Con esta estrategia no se busca restar responsabilidad, lo que se pretende es comunicar cómo una parte se siente en relación a las acciones de otro.

Cuando yo digo es que tú me estás hablando de manera pasiva-agresiva, la otra persona que tal vez no lo reconoce, va a sentirse atacado o atacada y va a responder a la defensiva y va a continuar empleando estas estrategias pasivo agresivas para al final hacer sentir a la persona culpable. Cuando la persona emplea frases como: ‘yo me siento’, la persona no necesariamente se siente atacada”, añadió.

“Es importante reconocer que quien único se va a molestar, porque una persona ponga límites es aquella persona que se beneficiaba cuando los límites no existían, así que es importante poder establecer límites claros sobre nuestra comunicación y sobre cómo queremos ser tratados para minimizar este tipo de conductas”, concluyó.