A medida que pasan los años, los trastornos que afectan al sistema nervioso y el cerebro, como lo son las condiciones neurológicas, están más presentes entre la sociedad. 

Un reciente estudio confirma que a nivel global, en el 2021, más de 3,000 millones de personas vivían con una condición neurológica; con consecuencias sobre la calidad de vida de estos y la de sus familiares.

Según el estudio Global, Regional, and National Burden of Disorders Affecting The Nervous System, desde el 1991 se ha visto un aumento, desde hasta un 18 por ciento, en las enfermedades, muertes prematuras y discapacidades ocasionadas por condiciones neurológicas.

“Como neuropsicóloga pediátrica, desde la pandemia por COVID-19, he visto un alza en el diagnóstico de autismo y problemas específicos de aprendizaje. Además, se ha reportado un aumento en la prevalencia de accidentes cerebrovasculares especialmente en mujeres jóvenes adultas, enfermedades autoinmunológicas y aumento de trastornos de salud mental desde muy temprana edad, como lo es la depresión, ansiedad, trastorno obsesivo compulsivo, tics, y Tourette’s”, señaló a Es Mental la neuropsicóloga clínica pediátrica, la doctora Cristina B. Sadurní.

También se reportan más casos de trastornos neurocognitivos, con cambios en el ánimo, fatiga crónica y neuropatía, precisó la doctora Sadurní.

Las condiciones neurológicas están altamente correlacionadas con la disfunción o discapacidad de cualquier tipo, afectando el aspecto académico, ocupacional, social, emocional o adaptativo, reiteró la neuropsicóloga.

La carencia de psicoeducación, intervención temprana o los recursos para entender y atender estas condiciones, tiene efectos sobre el funcionamiento general de las personas y aquellos que les rodean.

Afecta en todas las áreas, incluyendo la salud pública, por falta de acceso, educación, recursos e inclusión de muchos de los pacientes con condiciones crónicas neurológicas. Socialmente afecta a los cuidadores, estresores económicos en la familia, en muchos casos, etcétera. 

De manera similar, la doctora Mónica González Loperena, pediatra, aseguró a Es Mental que desde su especialidad ve un amplio espectro de las condiciones y que la limitación de personal adiestrado y profesionales en estas áreas, se transforman en barreras que limitan el bienestar y la calidad de vida de estos pacientes.

“En los últimos años hemos visto cómo la obesidad, estilo sedentario y alimentación pobre en nutrientes cada vez es más común, no solo en nuestra sociedad, sino en los niños. Es alarmante, ya que sabemos que esto predispone a enfermedades crónicas en la adultez, como por ejemplo diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares, que luego pueden llevar a neuropatía diabética y/o infarto cerebral. Incluso estamos viendo condiciones, que eran común en ciertas edades, presentarse en niños y adolescentes”, expuso González Loperena.

El impacto de las condiciones neurológicas

De acuerdo con el doctor Domingo J. Marqués, director del Dialectical Behavioral Therapy and Research Program de la Universidad Albizu, todas las condiciones neurológicas impactan directamente la salud mental. Pero no solo a nivel individual, también de forma colectiva

No priorizar las condiciones neurológicas puede tener profundas implicaciones para la sociedad, que incluyen la carga económica a los sistemas de atención médica, a las personas y a la sociedad, debido a los gastos médicos, de cuidado y a la pérdida de productividad, enfatizó el doctor Marqués.

“Además, impacta la desigualdad social al ampliar las disparidades en el acceso a los servicios y recursos de atención médica. Sin priorización, las poblaciones vulnerables pueden enfrentar mayores barreras para el diagnóstico, el tratamiento y el apoyo a las afecciones neurológicas”, sostuvo.

Por otro lado, se afecta la calidad de vida, debido a síntomas como el dolor, el deterioro cognitivo y limitaciones de movilidad.  

La neuropsicóloga clínica reiteró que la salud cerebral es vital y primordial, pues el cerebro es el órgano central del sistema nervioso y no solo regula funciones vitales de vida, además juega el papel más importante en las funciones cognoscitivas, emocionales, sociales, motoras y adaptativas. 

Tener los recursos y la educación apropiada a disposición facilita la reducción de factores de riesgo desde la niñez. “Es un tema que nos incumbe y afecta a todos sin exclusión de cultura, raza, sexo, religión”, dijo la doctora. 

“La salud cerebral es primordial desde el desarrollo intrauterino, pues un cerebro saludable es esencial para el desarrollo global de un niño. Es esencial para el rendimiento académico y laboral, para la salud emocional y social, la prevención de otras enfermedades comorbidas que pueden coexistir; la calidad de vida y la resiliencia”, apuntó.  

Sin embargo, pese a su importancia, la salud cerebral no recibe la atención que tanto merece.

“La salud del cerebro está estrechamente relacionada con la salud mental, lo que influye en varios aspectos del bienestar psicológico, incluidos el estado de ánimo, la cognición, la regulación de las emociones y la resistencia al estrés”, planteó por su parte el psicólogo clínico. 

La salud del cerebro es crucial para la salud mental, pues el cerebro desempeña un papel central en la regulación de las emociones, los pensamientos, los comportamientos y el bienestar psicológico general. Siendo clave en la regulación de neurotransmisores, la emocional, el funcionamiento cognitivo, la respuesta al estrés y la neuroplasticidad (la capacidad del cerebro para adaptarse y reorganizarse en respuesta a las experiencias y al aprendizaje, puntualizó el catedrático. 

Finalmente, la doctora González Loperena, recordó que el sistema nervioso, incluyendo el cerebro, es el que se encarga de regular y enviar comandos a los órganos y los sistemas del cuerpo, por lo que no solo se trata de diagnosticar y manejar las condiciones, sino de prevenir factores que están en el control de las personas, como lo es la promoción de la actividad física, una nutrición balanceada, no fumar, el cuidado prenatal, en otros.