Conversamos por Facebook live con Yadira Pizarro, directora ejecutiva de ESCAPE, y con la Dra. Rebecca López Bobonis, psicóloga escolar, sobre herramientas para evitar caer en el maltrato de menores, gracias al apoyo de FHC First Healthcare. ¡Sintoniza a través del Facebook de Es Mental o de FHC – Salud Mental!

Los padres y madres pueden tener conductas o hacer expresiones que, sin darse cuenta, pueden afectar a los hijos a corto y a largo plazo en sus vidas.

Una de estas conductas son los golpes, los que según investigaciones, no disciplinan, ni enseñan, sino que causan miedo en los menores, según Yadira Pizarro, directora ejecutiva de ESCAPE, Centro de Fortalecimiento Familiar.

Agregó que “los golpes suspenden una conducta temporalmente, pero cuando el golpe deja de generar dolor, las conductas que se quieren evitar, se repiten y se duplican”.

La Dra. Rebecca López Bobonis, psicóloga escolar, coincidió en que esta medida no es la correcta y mencionó cómo cultural y socialmente se habla del “chancletazo y correazo”.

“Nosotros todo el tiempo estamos escuchando: ‘A mí me criaron así y soy un hombre de bien’. Probablemente son muchos adultos con issues de inseguridad, con problemas para tomar decisiones, con problemas para establecer apego, precisamente, por esas conductas que se llevaban antes, que era más la norma, pero no quiere decir que haya sido lo correcto”, sostuvo López Bobonis.

La psicóloga escolar también mencionó a los castigos que se salen de proporción, como, por ejemplo: “Se te viro un vaso y vas a estar dos horas encerrado en el cuarto”.

“Le estamos enseñando a los niños que cometer errores es sinónimo de tener que ser castigado, en lugar de ser un aprendizaje para ellos”, explicó López Bobonis.

Dijo que también es típico en las familias decirle a los menores: “Tú no quisiste comer, pues ahora no vas a comer nada”.

La psicóloga escolar rechazó esta conducta e indicó que los menores, al estar en pleno desarrollo, tienen que alimentarse, por lo que este no es un castigo que sea apropiado para ellos.

Otras conductas que no son directas pero sí afectan a los niños es la violencia doméstica que puedan estar presenciando en el hogar, añadió.

La psicóloga escolar también mencionó que, a veces, los padres se expresan de una forma no adecuada hacia los menores. Un ejemplo de esto es: “Tú nunca haces nada bien, yo siempre te tengo que regañar”.

Pizarro coincidió en que en ocasiones los padres hacen expresiones inadecuadas hacia sus hijos.

“Cuando el adulto tiene coraje, las cosas que está haciendo, tratando de que el menor mejore su conducta, estudie mejor, entonces, el adulto se frustra y comienzan las verbalizaciones, que se constituyen como maltrato emocional. ‘Tú no sirves’, ‘Tu hermano es mejor que tú’, ‘Maldita sea la hora en que naciste’, y un sinnúmero de frases, que no se van con el viento, que se mantienen en la psiquis y en la corazón de unos niños y niñas, que después como adultos tienen que manejar las secuelas que eso provoque”, dijo Pizarro.

Entre estas secuelas pueden figurar la dificultad de tener relaciones saludables y la dificultad en confiar en otras personas, añadió.

La negligencia en Puerto Rico

La negligencia es el tipo de maltrato más común en Puerto Rico, con sobre un 45% de los casos reportados, indicó Pizarro. 

Aseguró que, según conversaciones con personal gerencial del Departamento de la Familia, el tipo de maltrato por negligencia que más se está observando es la negligencia médica, lo que significa que los padres no llevan a sus hijos consecutivamente a los médicos. Pizarro dijo que esta situación no se está dando porque el adulto no quiera hacerlo, sino porque no cuentan con los recursos económicos para hacerlo y por factores relacionados con el sistema de salud, donde, por ejemplo, tienen que esperar dos meses por una cita médica que necesitan de inmediato.

Pizarro dijo que otro tipo de negligencia que se ve en la Isla es la negligencia por falta de  supervisión, lo que significa dejar a los niños solos en la casa o dejar a un niño al cuidado de otro menor.

Pizarro dijo que los niños no tienen la suficiente madurez para cuidarse a sí mismos y mucho menos a otro menor.

En Puerto Rico, los niños  también se ven afectados por el abuso sexual. La directora ejecutiva de ESCAPE mencionó que hace falta mucha información y concientización de parte de los adultos, ya que se les hace muy difícil hablar de sexo con un menor.

Indicó que este tipo de casos, de abuso sexual, no se reporta tanto como se sospecha que está ocurriendo.

Consecuencias

Pizarro mencionó que como consecuencia de estas conductas por parte de los padres, los menores pueden tener problemas en la escuela, dificultad para concentrarse, coraje y bajar las notas.

En la adolescencia, dijo que se pueden ver conductas maladaptativas y destructivas para el mismo menor y comportamientos de alto riesgo, como uso de sustancias y sexo sin protección.

No todos van a coger ese camino. Hay otros que tendrán una fortaleza, porque cada ser humano viene equipado también de fábrica, como digo yo, con su DNA, con una fortaleza en particular. Y hay algunos niños y niñas que, aunque viven en situaciones de maltrato, abandono, etcétera, pueden sobrevivirlo mejor que otros, porque quizás hay unos abuelos saludables. Hay unos maestros y maestras que hacen la diferencia, y pues este menor crece y puede ser un profesional, tener una vida, entre comillas exitoso. Pero quizás en la adultez, va a tener una gran tendencia a la depresión, una gran tendencia a la ansiedad, dificultad para mantener relaciones saludables con otras persona porque fue lastimado”, dijo Pizarro.

Por su parte, López Bobonis expresó que estas conductas pueden provocar niños inseguros expresando sus emociones y sus afectos, niños muy sumisos por temor a cómo los demás respondan y problemas de autoestima. Estas consecuencias también se pueden ver en la adultez, con inseguridad, dificultad para tener relaciones interpersonales y traumas.

López Bobonis recomendó a los padres y madres analizar cómo se sienten y cuáles son las circunstancias de sentirse hostiles, tratar mal a sus hijos o estar irritables, y buscar ayuda, sobre todo en las destrezas de crianza y el manejo de sus emociones. Aconsejó establecer diálogos con sus hijos y hacer alusión a la conducta, no a ellos.

“No es lo mismo decirle: ‘Yo me siento enojada porque tiraste el vaso’, a decirle, ‘tú siempre haces las cosas mal’”, puntualizó la psicóloga escolar.