Con cada regreso a clases, algunos estudiantes viven una mezcla de emociones: desde el entusiasmo por reencontrarse con amigos hasta la incertidumbre de un nuevo grado o maestros e incluso una escuela distinta. Esta combinación puede derivar en ansiedad, miedo o estrés entre los niños y adolescentes.
Es Mental conversó con especialistas sobre cómo manejar la transición al llamado back to school.
Según un estudio de la UNICEF, hasta un 80 por ciento de niños y jóvenes (entre 11 y 18 años) suele preocuparse por su rendimiento académico, lo que puede convertirse en estrés y ansiedad. Por tanto, validar las emociones del menor es clave en su proceso de transición o regreso a un plantel. Y esto comienza en el hogar.
Son las niñas quienes reportan niveles más altos de ansiedad. Factores como el perfeccionismo, baja adaptación escolar, falta de asertividad y ambiente emocional escolar pobre, se identifican como responsables de incrementar su riesgo.
La presencia de ansiedad está relacionada con una tendencia hacia notas más bajas.
De acuerdo con la psicóloga escolar, Kimberly Ríos Miranda, cuando un niño o adolescente expresa sus preocupaciones ante estos temas, no es adecuado minimizar su sentir con respuestas como “eso no es nada” o “ya se te pasará”.
Las respuestas, casi automatizadas, como estas, frenan la dinámica de que ese menor logre verbalizar lo que experimenta. En lugar de ello, se debe preguntar con sinceridad cómo se sienten y/o escucharlos, sin interrumpir, para así construir puente de confianza, aseguró Ríos Miranda.
Al emplear la comunicación con el estudiante, se puede reconocer qué sucede y si el rechazo o miedo persistente tiene como causa alguna situación incómoda o acoso escolar.
“Muchas veces los niños no lo expresan verbalmente, pero sí lo manifiestan con cambios de humor, insomnio, dolores físicos o evitación. Por eso es tan importante observar, escuchar y no asumir”, señaló la psicóloga.
Por su parte, Alexandra M. Pagán Rivera, psicóloga escolar y educadora en disciplina positiva, dijo que es válido y, además, común que los estudiantes se sientan estresados o ansiosos al regresar a clases, porque salen de un periodo en el que estaban de vacaciones o se presentan la inquietud por lo que será adaptarse a un nuevo semestre y a los retos que esto conlleva.
La preparación es clave y llevarlos de la mano en lo que serán los cambios en la rutina podría reducir significativamente la ansiedad, coincidieron ambas especialistas.
“Empezar a retomar la rutina diaria poco a poco, por ejemplo, ajustar los horarios para dormir y comer desde unos días antes. También limitar las pantallas en la noche, para que el cuerpo y la mente se vayan preparando para la hora de dormir”, detalló Pagán Rivera.
El Instituto de Psicología Pediátrica establece que, una rutina anticipada en las semanas previas al back to school, contribuye de manera significativa a una transición más tranquila.
De manera similar, Pagán Rivera hizo énfasis en que se den conversaciones sobre el regreso escolar de forma natural (evitando promover miedo o usar narrativas que se dirijan al castigo). Hacer preguntas sobre cómo se sienten y si hay algo que les sea de preocupación.
Los adolescentes, por ejemplo, a veces solo desean ser escuchados sin que se recalce lo que deben o no hacer, recordó la psicóloga escolar.
Al ser poblaciones que necesitan de un modelo a seguir, los adultos tienen un rol activo enseñando cómo manejar el estrés o la ansiedad de forma saludable (hablando, respirando, buscando soluciones), mencionó, por su parte, Ríos Miranda.
“También podemos enseñarles técnicas concretas como respiraciones profundas, uso de recursos sensoriales, escribir lo que sienten o tener ‘rituales de transición’ que los preparen emocionalmente antes de entrar a la escuela”, sostuvo.
“A veces algo tan simple como elegir juntos la merienda o escuchar su canción favorita de camino a la escuela puede marcar la diferencia”, afirmó.
Asimismo, se debe enseñar estrategias de afrontamiento saludables, también conocidas como coping y que se caracterizan por el manejo, enfrentamiento o la respuesta a situaciones estresantes, desafiantes o amenazantes.
“Cuando hablamos de mecanismo de afrontamiento saludables nos referimos a que aprendan a manejar lo que sienten, sin explotar o rendirse. A modo de ejemplo, en ese primer día de clase, que el niño diga ‘me duele la barriga’, puede estar relacionado con ansiedad. El ayudarle a decir ‘tengo nervios’, en vez de solo hablar del síntoma físico, ya es un paso”, comentó Pagán Rivera.
Esto promueve, también, la adquisición de vocabulario emocional y reconocer en qué parte del cuerpo se sienten las diferentes emociones.
“A veces subestimamos el impacto que puede tener un cambio de grado, amigos o escuela, pero para ellos puede sentirse como un mundo nuevo. Lo que hacemos es acompañarlos con empatía, reforzar sus logros, validar sus emociones y recordarles momentos en que lograron adaptarse a otros cambios”, agregó Ríos Miranda.
Estrategias para padres o cuidadores ante el regreso a clases
Ambas entrevistadas recomendaron a padres, madres y cuidadores a emplear estrategias previas al regreso escolar, con el fin de que la transición sea más llevadera y que, en el trayecto, no se exponga la salud emocional. Entre estas:
- Rutinas anticipadas: ajustar horarios de sueño y alimentación con tiempo, practicar la logística del primer día.
- Escucha activa: hacer preguntas abiertas, sin interrumpir ni minimizar lo que expresan.
- Minimizar ansiedad transmitida por adultos: evitar comentarios como “este año será difícil” o “los maestros son muy exigentes”; en su lugar, enfocarse en lo positivo, los compañeros, las oportunidades de aprendizaje.
- Crear espacios para estudio: Para promover los hábitos de estudio y que el uso del celular o el televisor no sean distractores.
- Estar presentes emocionalmente, ya que la conexión es más eficaz que cualquier estrategia.
Finalmente, Ríos Miranda recomendó que, como parte de la bienvenida escolar, se realice una orientación breve y adaptada para que todos los estudiantes aprendan que en su escuela existen diferentes tipos de niños, con distintas formas de aprender, comunicarse y relacionarse con el mundo.
“Cuando educamos desde la empatía, reducimos el acoso, fortalecemos la convivencia y ayudamos a formar niños emocionalmente más conscientes”, concluyó.




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