«Los niños aprenden la gratitud a través del ejemplo de los adultos», enfatizó la psicóloga clínica Janice Viera Colón. No se trata de ser el modelo perfecto, sino que implementar prácticas simples como agradecer a los hijos cuando completan tareas o demostrar gratitud por pequeñas para reforzar este aprendizaje.

La también facilitadora en la Comisión para la Prevención del Suicidio del Departamento de Salud destacó que enseñar gratitud comienza en el hogar. Si los padres modelan este valor en sus acciones cotidianas y reconocen los pequeños gestos, los niños internalizan la importancia de dar gracias. 

La infancia temprana es un período en el que predomina el egocentrismo, subrayó Viera Colón. Por eso, los adultos deben guiar a los niños para que comprendan las necesidades de los demás. Actividades como compartir con otros niños o hablar sobre lo positivo del día pueden integrarse en la rutina diaria. “¿Por qué estás agradecido hoy?”, es una pregunta ejemplo para establecer la gratitud como un hábito cotidiano.

En línea con Viera Colón, la psicóloga escolar Kimberly Ríos Miranda enfatizó en la importancia de integrar la gratitud en la rutina diaria de manera natural. Celebrar los pequeños logros, agradecer las experiencias cotidianas y reforzar positivamente los actos de bondad son prácticas efectivas, ideó. Con el tiempo, estas acciones contribuyen a que los niños desarrollen una perspectiva más positiva y resiliente ante los desafíos.

“Comienza con pequeños actos diarios, como dar gracias en la mañana o antes de dormir”, recomienda Ríos Miranda. Crear rutinas de gratitud fortalece no solo la empatía, sino también los lazos familiares. Practicar la gratitud desde lo cotidiano ayuda a los menores a reconocer y valorar lo que tienen, incluso en situaciones difíciles.

El rol de los padres va más allá de modelar comportamientos, sostuvo Ríos Miranda. Fomentar una comunicación abierta y saludable es crucial. “Si en casa no se valoran las pequeñas cosas, los niños no entenderán la importancia de la gratitud, aunque reciban terapia”, puntualizó Ríos Miranda. La congruencia entre lo que se dice y lo que se hace en el hogar es clave para que los menores internalicen este valor, dijo.

Ríos Miranda opinó que uno de los principales obstáculos es la falta de modelos en el hogar. “Si los padres no practican la gratitud y, en cambio, expresan quejas constantes, los niños difícilmente valorarán las pequeñas cosas que tienen”, resaltó. Las condiciones económicas o sociales pueden generar un ambiente donde la gratitud pasa desapercibida, limitando su desarrollo desde la infancia, reconoció.

A esto, Viera Colón añadió el contexto socioeconómico actual, donde el consumismo y la comparación son constantes, sostuvo Viera Colón. “Vivimos en un mundo que nos enseña que valemos según lo que poseemos. Enseñar gratitud significa contrarrestar ese mensaje”, señala Viera Colón. Evitar poner énfasis en el valor material y, en cambio, resaltar el significado emocional de los objetos es fundamental, destacó. “El valor de las cosas radica en lo que representan para nosotros, no en su precio”, explicó.

Las redes sociales también complican este proceso, según Viera Colón, ya que generan comparaciones constantes. Para contrarrestar esto, recomienda evitar comparaciones entre niños y fomentar actividades que no impliquen gasto. «El tiempo es el mejor regalo», afirma. Conectar a través de juegos, conversar o participar en actividades comunitarias refuerza el valor de las experiencias compartidas.

Un desafío adicional es evitar forzar la gratitud, dijeron ambas. “Cada niño tiene su ritmo. Adaptar las enseñanzas según su edad o necesidades es esencial”, precisó Viera Colón.

En este marco, la psicóloga Ríos Miranda subrayó que las enseñanzas deben adaptarse a la edad y capacidades del niño. Ambas expertas señalaron a los menores con trastornos del espectro autista, sugiriendo, para esta comunidad, usar pictogramas o escenarios concretos. “Puedes recordarle a un niño, cuando alguien le prestó un lápiz, y explicarle que ese gesto merece gratitud. Las imágenes guiadas también son útiles para hacer la conexión emocional”, propuso Ríos Miranda. 

Más consejos para fomentar la gratitud en los más pequeños

Desde el Child Mind Institute, algunos consejos son resaltar la generosidad cuando surja y encontrar maneras divertidas de decir «gracias», tomando en consideración si el menor no se siente cómodo hablando con extraños. En este caso, mencionó intentar una sonrisa, señalar con el dedo pulgar hacia arriba, escribir cartas o hacer dibujos de agradecimiento. Asimismo, recomendó buscar actividades de solidaridad como trabajo comunitario, evento de recaudación de fondos, colaboración con organizaciones sin fines de lucro que coincidan con sus intereses.  

Crear un ambiente donde la gratitud sea parte natural de la vida diaria y modelar este comportamiento fortalece no solo este valor, sino también la empatía y la conexión familiar, dijo Viera Colón. Enseñarla desde el hogar, con amor y paciencia, sienta las bases para un desarrollo emocional saludable, coincidió Ríos Miranda.

“La gratitud no es solo un valor, es una herramienta que fortalece la empatía y la conexión familiar”, concluye la psicóloga escolar.