Surgen de forma repentina e involuntaria y pueden ocasionar malestar emocional. Se trata de los pensamientos constantes y, aunque todo el mundo los experimenta, la persistencia de estos pueden ser señal de alerta sobre algún trastorno de ansiedad, rumiación depresiva o un trastorno obsesivo compulsivo.

Según la psicóloga Liz Bonilla León, los seres humanos tienen sobre 60 mil pensamientos al día y de estos el 80 por ciento son negativos, pues en términos de supervivencia, buscan protegerse de peligros físicos y emocionales. 

Estos pensamientos muchas veces no nos muestran situaciones reales, sino situaciones que nos pudieran causar algún tipo de daño”, explicó Bonilla León.

Los pensamientos constantes suelen ser sobre ideas o temas negativos, en particular, y se diferencian de pensamientos usuales por la persistencia en un largo periodo de tiempo, afirmó la doctora Ingrid M. Catalá del grupo “Psicólogas del Oeste”.  

Cuando se intentan controlar, pueden llegar a intensificarse, enfatizó la doctora. 

A cualquier persona le puede suceder, pero suelen ser manifestaciones de trastornos de ansiedad, de TOC (trastorno obsesivo compulsivo) o pueden tener que ver con depresión”, dijo. 

“Pueden ser la consecuencia de ese intento del ser humano de mantener el control y la seguridad y de reducir la incertidumbre”, subrayó Catalá.

Si los pensamientos constantes se extienden por una cantidad de tiempo o afectan la funcionalidad de una persona, podría ser una señal de alerta sobre un cuadro de ansiedad generalizada, planteó Bonilla León.

La ansiedad generalizada es más común en mujeres que en hombres y suele iniciar alrededor de los 30 años, de acuerdo con los Institutos Nacionales de Salud. 

Aunque la ansiedad generalizada tiene un componente hereditario como factor de riesgo, los investigadores también han descubierto que causas externas, como experimentar un evento traumático o estar en un ambiente estresante, pueden poner a una persona en mayor riesgo de desarrollarla. 

Asimismo, los pensamientos constantes pueden repercutir sobre la higiene del sueño de las personas, detonar estrés y trastocar la salud física.

“Cuando uno agota su tiempo diario en esto y nos damos cuenta que por más que pensamos en la solución, no llegamos a ningún lado, sino que al revés, aumentan nuestros niveles de estrés y nos sentimos confundidos y perdidos, esa es la bandera roja para proceder a buscar ayuda”, reiteró Catalá.

Señaló que pueden estar relacionados al trabajo, a las relaciones de pareja, entre otros tantos temas.

Los pensamientos constantes se trabajan con mucha frecuencia en la terapia psicológica, por lo que identificarlos a tiempo podría ser la respuesta para atajar la situación con celeridad.

La forma ideal para trabajar con estos pensamientos constantes es acudir a un profesional de la salud mental, para que, en el contexto de terapia, la persona pueda identificar ciertos detonantes que están agudizando que estos pensamientos estén cada vez más presentes”, comentó Bonilla León. 

También es ideal para manejar algún tipo de trauma del pasado, que impide que la persona avance en su camino a una vida de bienestar, dijo la también sexóloga. 

Cómo manejar los pensamientos constantes

La especialista compartió sus diez consejos:

  1. Poner en práctica la autocompasión y permitirse observar los pensamientos, sin la constante necesidad de evitarlos.
  1. Dar paso al journaling o la escritura reflexiva, para depositar todo el contenido en un papel y que la mente perciba que se está ocupando del pensamiento.
  1.  Crear rutina de bienestar, en la que se priorice la higiene del sueño, la alimentación y la actividad física.
  1.  Meditar más para promover la conciencia plena y prestar atención al momento presente.
  1. Experimentar técnicas de grounding como la llamada 5,4,3,2,1, que tiene como fin que la persona se enfoque en utilizar sus cinco sentidos en cosas que están en su espacio físico. (5 elementos que se puedan ver, 4 elementos que se puedan sentir, 3 elementos que se puedan escuchar, 2 elementos que se puedan oler y 1 elementos para probar). 
  1. Promover autoinstrucciones como ‘no soy mis pensamientos’, ‘esto que estoy pensando no es real’, ‘no conozco a nadie que le haya pasado’, ‘estoy bien’.
  1. Permitirse pausas diarias para contemplar la naturaleza y todo lo que está alrededor.
  1. Practicar las afirmaciones positivas y la gratitud, para mantener una mentalidad positiva y de crecimiento.
  1. Debatir con preguntas racionales en base a hechos y evidencia con el objetivo de derribar pensamientos constantes.
  1. Ejercicios de defusión cognitiva con ayuda de un terapeuta. Uno de estos busca que el participante imagine que un árbol con hojas cayendo y en cada una de estas debe depositar los pensamientos constantes que le molestan. 

Finalmente, Catalá hizo un llamado a las personas a darse la oportunidad de coincidir con un profesional de la salud mental para saber qué está ocurriendo consigo mismo.