Cada vez más los niños están expuestos a servicios educativos desde muy temprana edad. Arrancar con el pie derecho en el inicio de su vida escolar puede hacer la diferencia en su desempeño académico.

“Para algunos niños el proceso de transición de la casa a la escuela puede ser un poco complicado”, señala Luz Cruz Rivera, maestra de escuela elemental.  

Cada agosto, ella recibe en su salón a niños que inician su etapa escolar por primera vez. Y, según su experiencia, esta nueva faceta impacta mucho tanto a los menores como a los adultos a su alrededor, ya que las relaciones de apego -sobre todo con sus padres y abuelos- cambian con las nuevas rutinas. 

“No podemos despegarlos abruptamente de la figura que significa todo para ellos”, opinó Cruz Rivera, quien posee una maestría en Educación Interdisciplinaria para niños de 0 a 4 años. La educadora recomienda iniciar un proceso de transición amigable que facilite la integración de los infantes al proceso educativo. 

Según el psicólogo escolar Andrés Cruz Santos, es fundamental que la preparación de los niños se dé en la casa antes de que comiencen las clases. La familia es responsable de enseñar a los menores destrezas básicas como escuchar, seguir instrucciones y trabajar en equipo, según Cruz Santos. Además, recomendó  inculcarles un sistema de valores que les ayude a solucionar situaciones con sus pares o maestros de forma inteligente.

Algunos ejercicios que los familiares pueden hacer con los niños para desarrollar esas habilidades son:

  1. Visitar lugares donde sus hijos puedan interactuar con otros niños. “Es importante que [el futuro estudiante] tenga la oportunidad de interactuar con otros niños y que desarrolle su inteligencia social antes de llegar al salón para que se sienta cómodo con los demás compañeros”, comentó Cruz Santos. Algunos de esos lugares pueden ser museos, parques, fiestas de cumpleaños, entre otros.
  2. Hacer ejercicios de meditación. Cruz Santos explica que estos ejercicios consisten en pedirle al niño o la niña que cierre sus ojos y escuche los sonidos a su alrededor por 5 o 6 minutos. “Una vez acabe el tiempo le vas a pedir que describa los sonidos, cómo se sintió cuando escuchó los sonidos y qué le llamaba la atención”, comentó el psicólogo, quien asegura que esta técnica ayuda a que se vayan acostumbrando a sentarse y escuchar activamente.
  3. Delegarle tareas en las que tenga que seguir instrucciones. Por ejemplo, el padre, madre o encargado podría establecer rutinas y horarios para tomar un baño, comer, organizar sus juguetes o jugar. Además, podría realizar otras actividades divertidas como pedirle al menor que coloree un dibujo con unos colores en específico en un tiempo determinado o ayudarle a hornear galletas.
  4. Separar 10 0 15 minutos para hacer lecturas cortas.  Cruz Santos destaca que este ejercicio fomenta una visión positiva sobre lo que es la lectura. Cuando los niños llegan a la escuela ya están familiarizados con el mundo de las palabras y pueden decir “esto es fácil, ya yo leo con mamá o papá”, evitando así choques culturales que afecten adversamente su desarrollo escolar.
  5. Dejar al menor a cargo de algún familiar durante un tiempo determinado. Por su parte, Cruz Rivera recomienda que el niño se acostumbre a pasar tiempo con personas que no estén en su círculo familiar inmediato, como sus tíos y abuelos. Esto ayuda a que los menores confíen en que la persona que los dejó los va a recoger o que simplemente va a estar ahí con ellos, aunque no esté haciendo sus mismas tareas.

Según Alfredo Oliva Delgado, profesor titular de la Universidad de Sevilla en el Área de Psicología Evolutiva y de la Educación, en su artículo Estado Actual de la Teoría del Apego, “la teoría formulada por John Bowlby y Mary Ainsworth sobre el apego o vínculo afectivo que se establece entre madre [o padre] e hijo constituye uno de los planteamientos teóricos más sólidos en el campo del desarrollo socio-emocional”. Por tanto, la actitud que muestran los cuidadores influye en el proceso de adaptación de los niños.

El doctor Cruz Santos señala que “es importante que los padres entiendan que ir por primera vez a la escuela siempre va a ser un proceso difícil para el niño y que inevitablemente le va a causar ansiedad y nerviosismo”. Una vez inician las clases es importante que la persona encargada de llevarlo, se despida, le deje saber que está en un ambiente seguro y que más tarde lo estará recogiendo. Así el menor se sentirá confiado y no pondrá resistencia. 

Para facilitar el proceso, Cruz Rivera sugiere a los maestros respetar las emociones de los estudiantes y evitar utilizar frases como: “mamá vete rapidito que él no llora sangre” o “papá yo la voy a distraer para que no vea que te has ido”. Asimismo, aconseja permitirle al alumno que lleve consigo una fotografía o algún objeto que le conecte con su familia y le haga sentir en confianza. 

Tanto Cruz Rivera como Cruz Santos coinciden en que los padres deben ser organizados y estar preparados para acompañar a sus hijos en esta nueva etapa. Entre otras cosas recomiendan hacer un calendario que ilustre la rutina que estarán llevando a cabo, diseñar y discutir un mapa que muestre la ruta desde el hogar hasta la escuela, el lugar de trabajo de los padres y la residencia de los familiares cercanos y establecer un sistema de recompensas. 

Por ejemplo, decirle al menor que “si todos los días nos sentamos a estudiar media hora por cronómetro, el viernes te voy a llevar a comer mantecado, te voy a comprar un yogur o te llevaré a jugar con tus amiguitos. Es algo que le gusta a los niños y promueve la relación entre ellos y sus padres”, explica el psicólogo escolar. 

Sin embargo, el psicólogo y la educadora advierten que no se debe acostumbrar a los niños a las recompensas ya que deben aprender que es su responsabilidad cumplir con las tareas y resolver las situaciones que se le presenten.